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"Siempre
que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas" ************************** Los científicos andalusíes no sólo hicieron de puente entre Oriente y Europa, sino que también realizaron notables aportaciones propias a la ciencia medieval. La visión que presenta a al-Andalus como un mero puente cultural que recuperó los saberes heredados de la tradición clásica y de la ciencia islámica oriental y los puso al alcance de los traductores árabo-latinos entre finales del siglo XI y el siglo XIII es del todo inexacta. La ciencia andalusí hizo también importantes aportaciones originales y contó con notables figuras que brillaron con luz propia en la Europa de su tiempo. Entendemos por al-Andalus aquella parte
de la península Ibérica que estuvo sometida a un dominio
político estable por parte de los musulmanes durante la Edad
Media y donde el árabe se difundió como lengua de la cultura
y la ciencia. Los límites cronológicos son, pues, claros:
desde 711 (primera entrada de los conquistadores La ciencia andalusí se desarrollo, pues, en un espacio cambiante. Así, cada vez que al-Andalus ve reducido su marco territorial como resultado de una conquista rival, los científicos emigran hacia el sur, a tierras islámicas peninsulares o del norte de África. En la España cristiana, serán los judíos los herederos de la tradición científica andalusí, mientras que no existirá una ciencia mudéjar o morisca de envergadura. Pero no sólo el marco geográfico varió a lo largo de los casi 800 años comprendidos entre la invasión musulmana y la conquista de Granada; también lo hicieron el alcance e importancia de la cultura andalusí. Si durante una primera etapa (711-821) parece existir un cierto vacío que los conquistadores rellenaron recurriendo a los humildes saberes latino-visigodos, el reinado de Abderramán II (821-852) inaugura una fase de orientalización de la ciencia andalusí que durará hasta la caída del Califato en 1031. La madurez llegó durante el periodo taifa (1031-1086), que constituyó un "medio Siglo de Oro". Después, entre 1086 y 1232, al-Andalus, al formar parte de los imperios almorávide y almohade, extenderá su influencia al norte de África. Por ello, cuando se inicie el largo periodo de decadencia de la Granada nazarí (1232-1492), la ciencia magrebí se constituyó en la auténtica heredera de la andalusí. ||APORTACIONES ORIGINALES|| Hablando por materias, hay que referirse
en primer lugar a las ciencias exactas. Hasta hace poco se pensaba
que la matemática no conoció un gran desarrollo en al-Andalus,
y que su papel no habría superado el de mero transmisor de
conocimientos. Pero Pero, más que las matemáticas, fue la astronomía el campo que alcanzó un mayor desarrollo original en al-Andalus, debido a sus aplicaciones no sólo en el culto islámico sino, sobre todo, en la astrología. Esta pseudociencia resulta inseparable del saber astronómico a lo largo de toda la Edad media, cuando los representantes del poder político, esperando lograr mejoras en las predicciones, se constituyeron habitualmente en mecenas de la investigación. La figura del astrólogo de corte está documentada en al-Andalus desde principios del siglo IX. El mismo Almanzor (940-1002) no iniciaba una campaña sin que sus astrólogos decidieran cuál era el momento oportuno para emprenderla. Una predicción astrológica implica el levantamiento previo de un horóscopo que, a su vez, exige un trabajoso proceso de cálculo que permita dividir las "casas" y situar en ellas a los planetas en función de su posición sobre la eclíptica. Para llevar a cabo esta tarea se usaban unas tablas astronómicas en cuyo desarrollo destacaron varios andalusíes eminentes. Las primeras tablas documentadas son las de al-Jwarizmi, que fueron adaptadas en la segunda mitad del siglo X al calendario musulmán y a las coordenadas de Córdoba por Maslama de Madrid (muerto en 1007). ||CIENTÍFICOS ANDALUSÍES|| Dicha adaptación contiene aportaciones originales de Maslama en el campo de la matemática aplicada a la astrología, además de constituir el primer testimonio claro de la corrección del tamaño del Mediterráneo que llevaron a cabo los astrónomos andalusíes. De hecho, la diferencia de longitudes entre Damasco y Córdoba que aparece en la geografía de Ptolomeo contiene un error de unos veinte grados por exceso, lo que supone situar a la ciudad andaluza en medio del Atlántico; en cambio, el fallo es de sólo uno o dos grados en la obra de Maslama y en la tradición astronómica y geográfica andalusí posterior, lo que da lugar a una representación del Mediterráneo muy próxima a la realidad. Las tablas de al-Jwarizmi y de Maslama se basaban en modelos planetarios indoiraníes, derivados de la tradición astronómica griega preptolemaica. Pero antes de 1068 aparecen en las Tablas de Toledo, que se basan ya en modelos ptolemaicos y usan, en parte, nuevas observaciones realizadas por Azarquiel (muerto en 1100), de quien sabemos que estudió el Sol durante 25 años y la Luna a lo largo de 36. La obra dio origen a una serie de aportaciones teóricas que corregían sustancialmente ciertos aspectos de las teorías ptolemaicas en lo que respecta a la precesión de los equinoccios y los modelos solar y lunar. Dichas correcciones reaparecerán en una serie de tablas astronómicas andalusíes y magrebíes de los siglos XII a XIV. Por otro lado, las críticas a Ptolomeo serán un tema recurrente en la tradición andalusí del siglo XII. Así, Djabir b. Aflah censuró la falta de rigor matemática en la obra del gran astrónomo griego, mientras que algunos filósofos como Averroes, Avempace... critican a Ptolomeo porque su sistema astronómico resulta incompatible con cualquier física conocida. Calcular la posición de un solo planeta utilizando unas tablas exige a un buen calculador una media hora de trabajo. Para simplificar la tarea, los astrónomos andalusíes del siglo XI -y muy especialmente Azarquiel- desarrollaron la técnica alternativa de los almanaques perpetuos y ecuatorios. Los primeros son una herencia de la antigüedad clásica y permiten determinar la posición de un astro en longitud sin apenas cálculo, ya que utilizan ciclos al cabo de los cuales las posiciones planetarias se repiten en las mismas fechas del año juliano. Por su parte, los ecuatorios tienen una finalidad análoga y constan de una serie de modelos planetarios ptolemaicos a escala que permiten resolver gráficamente el problema del cálculo de la longitud de un astro. Destaca el diseñado por Azarquiel, pues incorpora un descubrimiento decisivo: que la órbita del planeta Mercurio alrededor del Sol no es un círculo, sino una elipse. Dejando atrás la astronomía de círculos de Ptolomeo, el gran Azarquiel dio así el primer paso que llevaría hasta el sistema de elipses de Kepler. ||LOS PRIMEROS ASTROLABIOS|| Para no tener que realizar cálculos astronómicos excesivamente minuciosos, los astrólogos podían recurrir a los calculadores analógicos, entre los que destaca el astrolabio estereográfico, que resulta de proyectar la esfera celeste sobre el plano del ecuador, tomando como centro de proyección el polo Sur. La teoría de la proyección estereográfica aparecía completa en el Planisferio de Ptolomeo, obra que fue anotada y ampliada por Maslama de Madrid. Después, sus discípulos desarrollaron investigaciones en la misma línea, que repercutieron directamente en los primeros textos latinos sobre la construcción y el uso del astrolabio aparecidos en Cataluña a finales del siglo X. Cambiando de tercio, los estudios farmacológicos
y botánicos se inician en al-Andalus Por su parte, la medicina alcanza un alto nivel ya en el siglo X, cuando aparece la primera gran enciclopedia sobre el tema: el Tasrif, escrita por Abu-l-Qasim al-Zahrawi, más conocido por Abulcasis, quien fue uno de los principales científicos andalusíes y el más eminente cirujano de la Edad Media tanto cristiana como islámica. En la obra destaca el libro XXX, un extenso tratado de cirugía que contiene detalladas descripciones de los instrumentos quirúrgicos al uso, algunos diseñados por el autor. La medicina andalusí se basó en la teoría humoral hipocrático-galénica. Una de las creaciones más notables fueron las Kulliyyat (Colliget) de Averroes. En dicha obra, escrita entre 1162 y 1169 y revisada en 1194, el gran filósofo cordobés aspira a integrar la medicina dentro del sistema general de su pensamiento. Su contenido, básicamente teórico, contrasta con la orientación práctica que tiene el Taysir, de Abu Marwan ibn Zuhr (1091-1161), donde aparece una detallada descripción de las enfermedades que afectan a todas las partes del organismo acompañada del correspondiente tratamiento. ||EXPERTOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE RELOJES|| En otros campos, la ciencia andalusí dio lugar a múltiples innovaciones tecnológicas, como las contenidas en el tratado de mecánica aplicada a la construcción de relojes y artilugios con autómatas móviles (Toledo, siglo XI). También se desarrolló una importante escuela agronómica (Toledo y Sevilla, siglos XI a XIII), formada por médicos que aplican al cultivo de la tierra los presupuestos de la teoría humoral hipocrático-galénica y se dedican a la experimentación en jardines botánicos cuya existencia está documentada en Córdoba ya en la segunda mitad del siglo XVIII. Tampoco hay que olvidar el papel desempeñado por la ciencia andalusí en la transmisión de la ciencia árabe a Europa a través de las traducciones al latín y las lenguas romances. Si entre finales del siglo XI y finales del siglo XIII existió un movimiento importante de traducciones científicas, ello fue posible gracias a la aportación de una serie de mecenas que subvencionaron los trabajos y a la existencia de bibliotecas que ofrecían una fabulosa materia prima. Así, el patrocinio del obispo Miguel de Tarazona (1119-1151) y el descubrimiento, en Rueda del jalón, de la biblioteca del rey-matemático al-Mutaman propiciaron la aparición de una serie de traductores activos en el valle del ebro a principios del siglo XII. El último patrocinio importante es, sin duda, el de Alfonso X el Sabio. Durante su reinado, entre 1252 y 1284, se supo rodear de un magnífico equipo de traductores y autores para explotar los hallazgos de las nuevas bibliotecas descubiertas en Córdoba y Sevilla, ciudades conquistadas en 1236 y 1248 por su padre Fernando III de Castilla. La obra científica del rey sabio, sin embargo, no constó únicamente de traducciones, sino también de obras originales: con ella se termina un ciclo y se inician las primeras manifestaciones de una ciencia netamente europea.
Julio Samsó - "Muy Especial"
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