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Se ha fijado usted en las etiquetas de algunos de los envases de huevos corrientes? Normalmente llevan un dibujo o foto de una gallina al lado de un nido de paja con huevos, o la foto de un prado. Esto nos hace imaginar que las gallinas viven en una granja tradicional, correteando entre los montones de paja y picoteando el suelo en busca de comida. Esto puede ser así, pero lamentablemente, también la realidad de muchas de las gallinas actuales es muy diferente. El objetivo de este artículo es echar una mirada a una parte oscura del mundo de la producción de huevos. Se cree que el ancestro de las gallinas modernas vivía en las junglas de India y sureste de Asia. En su estado natural, este animal social vivía en pequeñas bandadas, activo desde que el sol salía hasta que se ponía (caminando, corriendo, picoteando y escarbando el suelo en busca de comida, rascándose, dándose baños de tierra, estirando las alas, limpiándose las plumas y construyendo sus nidos para la puesta de huevos) y descansando por la noche en ramas bajas protegiéndose del ataque de predadores. Las gallinas domésticas aparecieron por primera vez en China alrededor del 1400 a.C., siendo uno de los primeros animales domésticos que aparecieron en la historia escrita. En la primera mitad de este siglo, el método más usual de tener gallinas era en pequeños grupos de libertad durante el día y cerradas en un gallinero por la noche. A partir de 1940, se empezó a tender a encerrarlas todo el día hasta terminar muchas de ellas en lo que hoy se conoce como "granjas de batería", altamente mecanizadas y acondicionadas para acoger al mayor número de aves posible, llegando al punto de concentrar miles de gallinas en un solo gallinero de reducidas dimensiones. Según los datos estadísticos más recientes, en Europa y Estados Unidos, más del 90% de las gallinas que producen huevos se encuentran en este tipo de granjas. ¿Cómo son las "granjas de batería"? Las cajas de batería, que se disponen en largas filas, están diseñadas para acoger a grupos de 5 o más gallinas y cada fila puede tener de 4 a 7 pisos. Las cajas son de alambre permitiendo que las heces de las gallinas pasen a través y sean depositadas en una cinta mecánica. De un modo parecido, la comida y el agua es suministrada automáticamente por una cinta mecánica.
La vida de una gallina comienza en un criadero especial, donde los pollitos machos son destruidos con un día de vida, mediante gas, triturados o ahogados. Muchas de las gallinas ponedoras sufrirán una extirpación o corte de pico. Es habitual cortarles un tercio de su pico con una cuchilla caliente para impedir el canibalismo (pues al estar estresadas las gallinas se picotean unas a otras). Esta operación es dolorosa y supone un dolor permanente para las gallinas. En las jaulas, las gallinas permanecen de pie o acurrucadas sobre el suelo de alambre, que les causa heridas y deformaciones en las patas. Debido a la falta de movimiento se produce un debilitamiento de los huesos que se llegan a fracturar en un 30% cuando las gallinas son transportadas al matadero a sus 76 semanas de vida. En condiciones naturales, una gallina podría vivir más de seis años. El impedir que las gallinas puedan comportarse como lo harían en libertad (estirar las alas, construir nidos, bañarse en tierra, etc...) causa una inmensa frustración. Existe evidencia científica que indica que las gallinas de batería sufren intensamente y continuamente a lo largo de sus vidas. Acabemos con las cajas de batería. Desde un punto de vista ético es inaceptable el continuar métodos de producción tan intensivos que causan el sufrimiento de una gran número de aves, pues existen alternativas que garantizan su bienestar. Los huevos de corral ecológicos, algunos productos locales y alguna excepción más, garantizan que las gallinas tienen opción a una vida digna pudiendo realizar todas las actividades que desarrollarían en libertad. Sólo la presión del consumidor es capaz de cambiar esto y para ello hay que rechazar los huevos que provienen de granjas de batería. Por ejemplo, en países como Suiza las granjas de batería están prohibidas desde 1992. ¿Por qué no dejar nosotros también de formar parte de esta cruel historia. Begoña
Bustamante (Bióloga Marina)
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