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"El verde de
los árboles es parte de mi sangre"
************************* Nos han acompañado a lo largo de la historia y lo siguen haciendo, brindándonos su protección y energía. Respetados y venerados por numerosos cultos y tradiciones, hoy sólo parecen interesar a las grandes industrias madereras, empeñadas en explotarlos hasta las últimas consecuencias. Cuando la actriz Helene von Dönniges
se casó en una capilla ortodoxa griega situada en las propiedades
de su novio, el rico propietario Yanco von Racowitza, un rayo cayó
sobre uno de los tres árboles que había en una colina
cercana. Este incidente no habría pasado de ser una mera anécdota
sino fuera porque el padre de Yanco los había plantado allí
cuando nacieron sus hijos. Precisamente fue el En la enfermedad y en las preocupaciones, nuestros antepasados buscaban un árbol para abrazarse a su tronco, para transmitirle sus angustias y sus problemas y recibir, a cambio, su fuerza. Entonces sentían que el árbol era mucho más que un ser inerte y que por su tronco fluía la savia que da energía a aquel que busca su consuelo. Los jóvenes enamorados buscaban el tilo para confiar sus intimidades amorosas porque representaba el vigor de Venus. Los hombres que iban a la guerra abrazaban al roble porque éste simbolizaba al dios Marte y las personas que no tenían confianza en sí mismas acudían al abedul, que estaba bajo la protección de Mercurio. Hoy en día se ha puesto de moda abrazar a un árbol en los momentos de soledad y tristeza. Si alguien piensa que es una práctica ridícula, debería saber que se trata de una terapia que recomiendan cada vez más naturópatas sabedores de los grandes efectos positivos que tiene. ||CULTOS DENDROLÁTICOS|| Antiguamente se plantaban dos tilos en la casa nueva donde uno iba a vivir y un aliso en el jardín posterior para sentirse más seguros y protegidos. Los granjeros sajones rodeaban la casa de robles porque éste ha sido siempre un árbol reverenciado, tanto que cuando Julio Cesar y sus tropas quisieron penetrar en la cosa del sur de la Galia (en la actual Francia), repleta de bosques de robles, nadie se atrevió a empuñar un hacha para no alterar la paz de los espíritus del robledal, tan venerados por las tribus celtas que habitaban el lugar (los galos). Tuvo que ser Cesar en persona el primero que taló un árbol para que todos sus soldados perdieran el miedo a vulnerar un recinto sagrado. Ciertamente, consiguieron invadir y someter la Galia en ocho años (del 50 al 58 a.C.), pero ahora esa zona es un desierto de piedras donde no hay robles ni agua. Algunos árboles adquirieron este carácter sagrado por tener una vinculación con fenómenos atmosféricos, como por ejemplo por su capacidad de atraer los temibles rayos. Es el caso de los sauces, robles, encinas, abetos y tilos. Otros, en cambio, no se ven afectados por esta descarga eléctrica, como los olmos, fresnos, saúcos y las hayas. Y esta creencia no es un efecto de la superstición sino de la observación. Por eso, en caso de tormenta, el saber elegir el árbol adecuado para guarnecerse no sólo se debe dejar a la suerte sino al conocimiento, porque su elección puede ser una cuestión de vida o muerte y no es una simple metáfora. ||ÁRBOLES DE NACIMIENTO|| A veces las leyendas se han encargado
de recordarnos que un árbol estaba ligado a la vida de un pueblo
o de un hombre y que talarlo significaba sesgar la vida no sólo
del espíritu que moraba en su interior, sino la de ese pueblo
u hombre al que fue consagrado. Según el etnólogo rumano
Mircea Eliade, "el hecho de que una raza descienda de una especie
vegetal presupone que la fuente de la vida se halla concentrada en ese
vegetal; por tanto, la especie humana se encuentra allí, en estado
potencial, en forma de germen, de semilla". Es el caso de las tribus
meos de Tailandia y Birmania, los tagalos de las islas Filipinas o los
ainos del Japón, los cuales creen que provienen de un bambú
o de una mimosa. Pero esta asociación no es sólo patrimonio de culturas ancestrales, sino que en muchos países de Europa han hecho lo mismo, confiando que el árbol crecerá al compás del pequeño. La costumbre todavía perdura en el cantón de Aargau, en Suiza: cuando nace un niño plantan un manzano y si es una niña, un peral. Más sorprendente aún es el hecho de que cerca del castillo de Dalhouise, no lejos de Edimburgo (Escocia), crece un roble llamado el Árbol Edgewell, del que es opinión popular que está conectado a la suerte de la familia por un lazo misterioso, pues aseguran que cuando un miembro de la familia muere o está próximo a su fallecimiento, se desprende una rama de dicho árbol. Un día plácido del mes de julio de 1874 cayó una gran rama del Árbol Edgewell y un viejo guardabosques exclamó al verlo: "¡El lord ha muerto ahora mismo!". Poco después llegaron noticias de la muerte de Fox Maule, undécimo conde de Dalhouise. Muchos opinaran que todo es una cuestión de creencias, pero éstas son las que mueven el mundo. Cuenta Marco Polo que el emperador chino Kubilai Kan (nieto de Gengis Kan) ordenó plantar árboles por todo su imperio con suma satisfacción porque sus astrólogos y adivinos le habían asegurado que quien esto hiciese tendría una larga vida. Vivió 80 años (y hablamos del siglo XIII). De ser cierto, he aquí un elixir barato, sin contradicciones y ecológico para vivir muchos años. Si tienen ocasión, pónganlo en práctica. Jesús Callejo - "Más Allá"
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