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"Aquella noche, de repente, me di cuenta de una cosa, es decir, que entre nuestra alma y nuestro cuerpo existen muchas ventanas; a través de ellas, si están abiertas, pasan las emociones; si están cerradas, sólo se filtran a duras penas. Sólo el amor las puede abrir, de par en par, todas a la vez y de repente, como una ráfaga de viento" (Susana Tamaro). *************************** Tiempo de inocencia, de frescura o de temor. La infancia es una etapa que marca a fuego nuestras vidas, para bien o para mal. Según como la hayamos vivido será la actitud que tomemos ante el mundo, o la forma en que tratemos a los pequeños. Una visión global deja entrever que no estamos creando un espacio seguro para los seres humanos del mañana. Existe una íntima aunque generalmente
invisible relación entre la situación de los niños
en el mundo actual y la presencia viva de nuestra propia niñez,
que estuvo llena de restricciones y vastos horizontes, de éxtasis
y sufrimiento, de temor y esperanza. Fue entonces cuando se formaron
en nuestra alma infantil los sueños e imágenes -constructivos
o terroríficos- que han ||EL MILAGRO DE CRECER|| A simple vista, durante los primeros meses
de vida, un bebé parece estar haciendo nada. Sin embargo, tras
ese engañoso ocio existe un espontáneo y continuo aprendizaje
y crecimiento, adaptación y desarrollo. Hay una incesante y casi
milagrosa actividad creadora de construcción de sí mismo.
Con ojos muy abiertos y asombrados mira cuanto le rodea y parece maravillado.
Su sabiduría innata le va guiando en un proceso de permanente
adaptación al entorno. Cuando un padre o una madre dedican poca atención al bebé le condicionan hacia un futuro de aislamiento. La actitud positiva de los adultos hace que el desarrollo de sus hijos sea más precoz. Más tarde, con una mezcla de fantasía y realidad, aprende a construir una visión del mundo propia, tan real para él como los adultos creen que es la suya. En todo este proceso, la imitación es la clave del aprendizaje. Por ello, tal vez sería fundamental replantearse, no tanto las pautas que nos ofrecieron en nuestra niñez, como los modelos -o tal vez la ausencia de modelos- que estamos ofreciendo a los niños de hoy, en medio de nuestra confusión y replanteamiento general de valores. ||INFANCIAS REPETIDAS|| Toda infancia conoce la desdicha por causa
de los adultos. Los pequeños se sienten hijos e hijas del universo,
unidos a él, cuando los adultos les dejan en paz. En general,
tendemos a repetir, por imitación u oposición, todo aquello
de los que nos empapamos en nuestra infancia. En otros casos, a medida que la sociedad se hace más mercantilista y la producción y el consumo se erigen en los valores supremos, muchos adultos consideran que la satisfacción de perpetuarse a través de los hijos no les compensa la disminución de tiempo y el aumento de gastos. Mantienen con sus hijos una relación ambigua que no escapa a la comprensión sensible de los pequeños. Esa ambigüedad es una falta directa de afecto y atención que acaba por segregarles de la vida de sus padres. No existen secretos para la conciencia afectiva de un niño, que puede percibir con transparencia todo lo escondido, incluso la ira contenida. Muchas legislaciones consideran a los padres como cuasi propietarios de sus hijos, pero como con gran belleza expresó el poeta y visionario Jalil Gibran, Tus hijos no son tus hijos. Son los hijos e hijas del anhelo de la Vida, ansiosa por perpetuarse. Puedes esforzarte en ser como ellos, mas no trates de hacerlos como tú, porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer. ||AQUEL ANTIGUO DOLOR|| Pocas personas disfrutaron de una infancia
sin ansiedad, sin ser heridas alguna vez. Cada vez que éramos
heridos o nos sentíamos desprotegidos creábamos mecanismos
de autodefensa que aún perviven en nosotros y que se reproducen
en situaciones similares. La memoria emocional de nuestra infancia está
almacenada en esas tensiones que tan bien conocemos y en esa coraza
muscular que hemos ido creando para protegernos. Como expresó con elegante sobriedad C.G. Jung, en el fondo de todo adulto yace un niño eterno, en continua formación, nunca terminado, que solicita cuidado, atención y educación constantes. Ésta es la parte de la personalidad humana que aspira a desarrollarse y alcanzar la plenitud. ||NORMALIDAD Y PATOLOGÍA|| Todo lo expuesto hasta aquí pertenece
a lo normal y corriente. Sin embargo, si observamos cómo va el
mundo, cómo funcionan los lazos de solidaridad y cómo
son tratados los niños globalmente, tenemos que reconocer que
nuestra humanidad está un tanto enferma. ||LA IMPOTENCIA DEL PODER Y EL GRAN DESAFÍO|| En este siglo de incalculable poder, parece
literalmente increíble que al menos un millón de menores
de cinco años muera cada año por desnutrición o
enfermedades evitables, que 230 millones padezcan hambre; que 80 millones
-según la ONU- de niños y niñas entre ocho y 15
años se vean obligados a trabajar en el campo, en minas y en
fábricas; que 450 carezcan de escuela; que 175 sean víctimas
de agresiones sexuales y cientos de miles de estas víctimas inocentes
sean obligadas a la prostitución; que 15 millones vivan en las
calles por falta de un hogar; que 250.000 queden ciegos cada año
por carencia de vitamina A... Son simples y frías cifras; detrás
de cada una de ellas se esconden, sin embargo, tragedias individuales
abrumadoras. El 70% de los abusos sexuales sobre menores se producen en el entorno familiar. En España, por ejemplo, un 19% de adultos reconoció haberlos sufrido. La mayoría de las veces, la antigua víctima se convierte en verdugo, perpetuando lo que se ha llamado la maldición familiar. Es alentador, sin embargo, cuando algunos niños se atreven a confiar en la sociedad y denuncian a sus propios familiares, como último recurso de la confianza y el amparo que estos le negaron. Pero de los 500.000 casos recogidos en España de maltrato a menores, la gran mayoría de las denuncias no procedieron evidentemente de las víctimas, sino de vecinos o de otros parientes. Las guerras de los últimos diez años en el mundo han matado a dos millones de niños y niñas. Doce millones quedaron sin casa. Un millón han acabado en los orfelinatos. Pero también 200.000 menores se han visto obligados a luchar en 25 países. Según la OMS -Organización Mundial de la Salud-, un conflicto prolongado los hace egoístas y despierta su fascinación por la violencia. Según Esther Galuma, funcionaria de la UNICEF, testigo de la lucha armada en Liberia, los niños soldados se ven como adultos y se encuentran entre los luchadores más despiadados. El desafío consiste en convertirlos de nuevo en niños. En la Convención sobre los Derechos
del Niño los países firmantes aceptaron no Todos los ideales de este mundo no valen lo que una sola lágrima de un niño, escribieron las madres de Sarajevo en una carta dirigida a los participantes en la Conferencia de paz celebrada en Dayton, Estados Unidos, en noviembre de 1995. Poco después, el Secretario General de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza declaraba: Un solo niño me interesa más que todas las pirámides. El gran remedio para tantos males es de una pasmosa y hasta ahora inaplicable sencillez: Amor.
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