Y digo yo...

 

Estoy que no vivo, me sobresalta cada leve crujido de los muebles, cada soplo de aire me estremece... y por las noches el sueño me sorprende agarrado a un crucifijo. Y es que está aquí, tal vez bajo la mesa o mirando con sorna lo que escribo, acechando siempre, siempre alerta a mi menor descuido.

Antes aceptaba pacientemente su papel, al fin y al cabo, con sus tentaciones no hacía sino poner en evidencia mi torpe condición humana, más dada al placer que al cilicio. Él me tentaba y yo, plenamente responsable de mis actos, elegía, ni más ni menos que como Jesús en el Monte de la Cuarentena, con la diferencia de que el Maestro se mantuvo firme y el que suscribe no le llega a la altura de las sandalias en lo de no ceder a las sugerencias del Maligno.

Cartel de cineLo que me asusta no es eso, que, si no del orden natural, forma parte del orden trascendente común a ésta y todas las religiones; lo que me da grima es que me posea, que se instale en este cuerpo juncal con que me adorno y se sirva de él para hacer el imbécil como esa niña zangolotina de El exorcista.

No es serio lo de renovar el ritual para exorcismos; puede parecérselo a algunos teólogos y al padre Milingo, incluso al Papa, pero no es serio. Quitando el uso indebido de un cuerpo que no le pertenece, la posesión no deja de ser una memez que, una vez descartada la histeria del poseso, reflejaría la histeria del propio Diablo. Vomitar a diestro y siniestro, blasfemar con voz cavernosa, lanzar maldiciones en arameo o girar la cabeza como si fuera un periscopio puede resultar espectacular y hasta divertido, pero en modo alguno es la faceta más siniestra de Satán. Mejor sería redactar un nuevo y eficaz ritual exorcista para devolver al infierno a esos demonios que incitan a los chimpancés de las guerrillas F.R.U. y A.F.R.C. a matar y amputar a la gente de Sierra Leona, o a los fanáticos islámicos a masacrar aldeas enteras en Argelia, por citar sólo unos pocos y significativos ejemplos. Ahí sí que debieran esforzarse los de la comisión internacional de teólogos, liturgistas y exorcistas que se han encargado de adaptar el ritual de marras a estos tiempos, pero es más fácil luchar con el esperpéntico demonio de las posesiones que con el auténtico y omnipresente promotor de ferocidad humana, la más despreciable y ruin de las ferocidades. Claro está que ese tipo de exorcismos igual afecta a fabricantes de armas, gobernantes de gesto afable y a un sinnúmero de bancos, Ambrosiano incluido...

Fernando Jiménez del Oso - "Enigmas"

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