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"... Así como hay
fronteras espaciales y conceptuales también las hay temporales,
y yo las he cruzado más de una vez a lo largo de mis andanzas
hasta sentirme, después de cada una, en otra etapa de ese hacerme
lo que soy que es el vivir" (José Luis Sampedro). España es el segundo país del mundo, después de Japón, con un mayor porcentaje de personas mayores de 65 años. Treinta y cuatro de cada cien ciudadanos han pasado a pertenecer a eso que llamamos la Tercera Edad. En nuestros parques, por las calles y pueblos del país nos cruzamos diariamente con cientos y cientos de mayores, pero ¿conocemos realmente sus necesidades, inquietudes o anhelos? La Administración se ha limitado hasta ahora a ofrecernos una visión muy parcial de la tercera edad, sin embargo, debido al impresionante aumento de la esperanza de vida y anticipo en la edad de jubilación, nuestros viejos lo son cada vez menos. Muchas capacidades, muchas expectativas para, como afirmó Platón, envejecer aprendiendo cada día muchas cosas nuevas. Es sumamente complicado acotar ese sector
de la población que metemos dentro de la ||UNA ÉPOCA PARA REAFIRMAR|| A pesar de que etimológicamente
el término jubilación está relacionado con alegría
y júbilo, nuestras sociedades desarrolladas siguen una tendencia
a enquistar Las posibilidades de nuestros mayores se corresponden con unos valores que hoy en día no lo son tanto, que no están en consonancia con la escala socialmente admitida. Lejos han quedado los días en que ancianidad era sinónimo de sabiduría, en que la experiencia era respetada como fuente indudable del conocimiento. La sociedad de la tecnología y del consumo prima la capacidad de innovación y margina lo que ya no es funcional. Sin embargo, esta edad es sin duda un tiempo para proseguir, para continuar, para afirmar y reafirmar la propia identidad pero sobre todo es, como escribió el profesor Aranguren, "un tiempo de volver a empezar y de intentar realizar en proyecto vital aquello que no fue posible hacer durante la madurez". ||TIEMPO NO TAN LIBRE|| Sin duda alguna, uno de los muchos bienes
de los que disponen nuestros mayores, y que es envidiado por todos,
es la disponibilidad de tiempo. El aprovechamiento real de ese tiempo
pasa muchas veces inadvertido para muchos, escudados en que ahora
es momento de descansar. Como afirmaba Ortega y Gasset, la vida humana consiste en un quehacer, y a través de ese quehacer, "quehacerse". La opción de llenar un tiempo que ahora es todo nuestro es absolutamente personal y depende de las inquietudes y circunstancias de cada uno. Pero hay que llenar ese tiempo de significado porque de ello dependerá la satisfacción de esta etapa de nuestra vida. Tan saludable es reunirse para jugar la partida, como pasear bajo el sol, como pertenecer a cualquier organización cultural o social. Pero es tiempo de no conformarse, de explorar para poder decidir y, si así se desea, de volver a empezar. Además de las elecciones personales, que suponen un gran abanico de posibilidades, el ocio de los mayores ha sido responsabilidad de la Administración. Muchas objeciones habría que poner a una política de ocio insuficiente y que tarda en adaptarse a las nuevas necesidades sociales. La sociedad ha de ofrecer a sus ancianos calidad de vida y un aspecto primordial de ella en su tiempo. Se ha tendido a una homogeneización de la oferta, como si todos los mayores hubieran de tener los mismos gustos; además estas posibilidades se han planificado sin encuestas previas, sin pulsar la opinión de sus destinatarios. Es cierto que la respuesta de la población ha sido favorable: más de 400.000 mayores aprovechan los viajes baratos, que siempre son tentadores, pero ¿qué ocurriría si montáramos a todos los jóvenes en autobuses hacia la playa?, ¿no hay cientos y cientos de posibilidades más imaginativas y potenciadoras?, ¿los mayores no tienen ganas de aprender?, ¿no les gusta la montaña?
Las actividades que se han venido programando hasta ahora parece que están marcadas más por las limitaciones físicas de los mayores que por sus capacidades. De nuevo, las organizaciones sociales han respondido de manera más acorde a sus necesidades y están forzando a las administraciones a variar su óptica miope de la solución al tiempo libre de los mayores en forma de "vacaciones del IMSERSO en Benidorm". Desde comienzo de los años 90 las ONG han valorado el potencial de las personas mayores y han fomentado su participación y acción. Subidos al carro del voluntariado de la Tercera Edad las distintas administraciones, fundamentalmente la local y la autonómica, han desarrollado planes para impulsarlo. ||VOLUNTARIOS SENIOR|| Las ocupaciones de quien llega a la jubilación
han tendido a pasar de ser obligatorias a voluntarias, de externas
al hogar a internas, y de sociales a individuales o de pareja. Sin
embargo, el voluntariado está suponiendo una revolución
psicológica y social al abrir nuevos ámbitos de participación
cuyos beneficios son altamente satisfactorios. Según la Plataforma
para la Promoción del Voluntariado las ganancias que una persona
mayor puede alcanzar realizando tareas sin contraprestación
económica alguna serían:
Crear espacios en los que los mayores colaboren es
tarea de todos los ciudadanos para lograr alcanzar objetivos concretos
de socialización además de cambios más Una de las muchas bazas del voluntariado senior es su constancia y empeño; a diferencia del joven, cuya vida son proyectos, el mayor se embarca en acciones con la serenidad de que los cambios tuvieron su momento. De la cifra total de voluntarios que participaban en 1991 en las ONG sólo un 6% era mayor de 65 años. Esta tendencia ha ido aumentando progresivamente a pesar de que las plataformas y coordinadoras de voluntariado no tienen cifras precisas, sólo impresiones reforzadas con hechos. En lo que se refiere a la distribución por sexos, las mujeres colaboran mucho más que los hombres. Y no sólo existen diferencias cualitativas entre voluntarios y voluntarias mayores, las acciones con las que se comprometen también son distintas. La mayoría de los hombres lo toman como sustitución del trabajo y suelen realizar actividades semejantes a las que ocupaban su vida activa: administración, asesoramiento... Sin embargo, las mujeres suelen preferir labores asistenciales. La opción de explotar al máximo los conocimientos y la experiencia obtenida tras tantos años de actividad laboral tiene en SECOT (Seniors para la Cooperación Técnica) a uno de sus más importantes exponentes. Pero la participación no tiene porque limitarse a la esfera social. Los mayores forman un grupo de población tan importante y con unas necesidades comunes tan concretas que la presión para conseguir cubrirlas requiere un buen sistema de organización. De entre las organizaciones de mayores destaca la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP) por su veteranía y representatividad. La UDP, que fue creada en 1977, agrupa a más de 1300 asociaciones con cerca de 800.000 afiliados y lucha activamente por los derechos de los pensionistas. Todos los partidos políticos han intentado captar el voto de los mayores, que supone una cifra nada despreciable. Desde las Administraciones la voz de este colectivo también es escuchada en nuevos foros como el Consejo Estatal de Personas Mayores o el Observatorio Permanente de Mayores. ||ENTRE GENERACIONES||
Lola Pérez - "OeNeGé"
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