Reyes divinos

 

Visires, militares, mujeres... hasta niños. Todos ellos llegaron a ser faraones en el antiguo Egipto y todos ellos tuvieron algo en común: se elevaron a la categoría de dioses. Aquí presentamos a los más notables.

||KEOPS (2723 a.C.)||

Herodoto, el "padre de la Historia", que visitó Egipto en el siglo III a.C., cuenta que el rey Keops, arruinado por la construcción de su pirámide, decretó el cierre de los templos, esclavizó a su pueblo obligando a los egipcios a extraer y arrastrar los bloques de piedra para la construcción de su monumento funerario, e incluso indujo a su hija a la prostitución con el fin de obtener los fondos necesarios para realizar tan magnífica construcción.

Este rey, hijo de Snefru, fue el más importante de la IV dinastía. Dado que la divinidad principal de la región era el dios carnero Jenum, el nuevo niño real recibió el nombre de Jenum-Jufu, "el dios Jenum es su protector", abreviado posteriormente como Jufu, nombre transcrito por los griegos como Keops.

Este rey, famoso por su Gran Pirámide, era ya célebre también por su hazañas. Reinó 23 años y muchos siglos después, en elPirámides Imperio Medio, ya un cuento recogido posteriormente en el llamado "Papiro Westcar" cuenta como sus propios hijos le relataban historias para distraerle. Los egipcios fueron siempre conscientes de que este rey era un mito y de que su pirámide suscitaba admiración.

Sin embargo, lo único que nos ha llegado de Keops ha sido una estatua de marfil de apenas 9 cm de altura hallada por el gran egiptólogo y arqueólogo británico Sir Williams Flindres Petrie en 1903, en el templo de Osiris de Abidos. Esta imagen nos sugiere ya la naturaleza autoritaria del soberano más poderoso del Imperio Antiguo.

Su gran legado para la Humanidad ha sido la Gran Pirámide. Para su construcción se utilizaron 2.300.000 bloques de piedra caliza de unas dos toneladas y media cada uno, dispuestos originalmente en 210 hileras.

A pesar de tanta grandeza, desde el punto de vista histórico se conoce poco acerca de su reinado. El eco más sólido que nos ha llegado es el culto que recibió Keops en la época saíta (hacia el 672-525 a.C.), y en la romana.

||AMENEMHAT I (1994-1964 a.C.)||

En Egipto era relativamente frecuente que los visires acabaran convirtiéndose en reyes. Un visir del rey Montuhotep, fue a buscar un bloque de esquisto para construir el sarcófago de su señor. El visir volvió a la corte con tan preciado regalo para su soberano. Entonces, el rey murió y no había hijos que le sucedieran; así que este visir consiguió hacerse con el poder. Como carecía de legitimidad para ceñir la corona de Egipto, ordenó a los escribas redactar un relato que, bajo forma profética, anunciara a los egipcios su llegada. La historia se remontaba a los tiempos del rey Snefru, el fundador de la dinastía IV, la más prestigiosa del Imperio Antiguo. Según el relato, un sabio de dicho rey, llamado Neferty, profetizó sobre los tiempos en los que, en medio de una guerra civil, vendría un rey procedente del sur, llamado Ameny.

Este nuevo rey, fundador de la dinastía XII, devolvió a Egipto la gloria y el esplendor que no se conocían desde los tiempos de Keops. Lo primero que llevó a cabo fue la edificación de una gran construcción militar, la Muralla del Príncipe, para proteger a Egipto contra las incursiones de las tribus beduinas. Al mismo tiempo, creó una nueva capital para el país llamada Itchet-Tauy que situó en la zona del Egipto Medio, para controlar desde allí los acontecimientos del Alto Egipto. También llevó a cabo una reorganización de la administración faraónica.

Uno de los problemas que Egipto tenía en esa época eran las constantes disputas entre las comarcas por la delimitación de las fronteras entre sus respectivas provincias. Amenemhat I ordenó a sus funcionarios que fijasen los límites entre ellas y recortó los poderes que éstos habían asumido al final del Imperio Antiguo: les obligó a pagar tributos al rey y se volvió a crear un ejército a las órdenes del soberano.

Amenemhat asoció en el ejercicio del poder a su hijo Sesostris para asegurar la continuidad de la dinastía. A partir de entonces, el anciano rey se encargó del gobierno y de la administración del país, mientras su hijo, un poderoso guerrero, conducía a las tropas para reprimir a los enemigos de Egipto.

Aprovechando la ausencia de Sesostris, que estaba guerreando más allá de las fronteras del país, su padre, el faraón Amenemhat I, fue asesinado por algunos hombres a los que él mismo había favorecido mucho.

Los conjurados querían nombrar rey a otro de sus hermanos; sin embargo, Sesostris fue finalmente coronado, y Amenemhat enterrado en la pirámide que se había hecho construir cerca de Lisht, próxima a la que fue su capital.

||HATSHEPSUT (1479-1457 a.C.)

Las mujeres ocuparon un importante lugar en el gobierno de Egipto, incluso llegaron a ser reinas. Una de las más famosas y atractivas fue Hatshepsut. Si hubiera nacido varón, habría sido la heredera del trono, pero el hecho de ser mujer la había destinado sólo a convertirse en la transmisora de la realeza.

Su padre, Tutmosis I, tercer faraón de la gloriosa dinastía XVIII (hacia 1496-1483 a.C.), fue uno de los grandes reyes guerreros. Desposó a la reina Ahmestasherit, descendiente directa de la rama más legítima de los gobernantes egipcios. De esta unión nació Hatshepsut. Sin embargo, de otra esposa secundaria llamada Mutnefert, tuvo también un hijo al que impondrían el nombre de Tutmosis, y que le sucedería a su muerte.

En principio, Hatshepsut fue tratada como la primera esposa de su hermanastro Tutmosis II, más joven que ella, enfermizo y débil. Además de una supuesta hija con la reina, Neferure, el rey engendró en una concubina llamada Isis un hijo varón al que también se le impondría el nombre de Tutmosis y que sería el tercer faraón con ese nombre que vería la dinastía.

Cuando el rey Tutmosis II murió, la reina Hatshepsut se encontró con todo el poder entre sus manos. El sucesor varón del rey era un niño de corta edad, Tutmosis III, y ella era la persona que más legitimidad poseía para ejercer el poder sobre el trono.

Ayudada por dos importantes hombres de la corte, el gran arquitecto real, Senen-mut, y el Visir del Alto y del Bajo Egipto y Sumo Sacerdote de Amón, Hapuseneb, se hizo coronar como rey del Alto y Bajo Egipto. Igualmente, se hizo representar con barba, atributo propio de los reyes y se hizo declarar hija carnal del dios Amón, por tanto un ser de naturaleza divina y diosa ella misma.

Como hemos referido antes, tuvo una hija que, en teoría, habría sido concebida del rey Tutmosis II, pero que también podría haber sido fruto del amor de la reina con su gran favorito, el Mayordomo de Amón y arquitecto real Senen-mut. La relación entre estos dos personajes parece haber sido el fundamento del reinado de Hatshepsut. Para ella, Senen-mut fue el sostén y el apoyo más importante en su ascensión al trono. El arquitecto construyó para su soberana el templo más maravilloso que existe en todo Egipto, el Dyer-Dysesu, en Deir el Bahari. Allí se albergaban los misterios del nacimiento divino de la reina, engendrada místicamente por Amón en el vientre de su madre.

Durante quince años de reinado en solitario, el país floreció bajo su mandato. Se construyeron templos a lo largo de todo el valle del Nilo y se incrementaron las relaciones comerciales -como el famoso viaje al país de las Terrazas del Incienso, el mítico Punt-, otorgándolas preferencia frente a las actividades guerreras.

Mientras Hatshepsut se declaraba soberana ejerciendo el poder en el Alto Egipto, se mostraba a Tutmosis III como rey del Bajo Egipto. En todo caso, nunca fue la déspota tiránica que mantuvo secuestrado a Tutmosis III durante su infancia. Así lo demuestra la existencia de numerosos relieves que exhiben a ambos soberanos asumiendo conjuntamente las funciones derivadas de la realeza.

Hacia el año 22 de su reinado, Hatshepsut desapareció de escena. Y la causa probable de esta deserción pudo ser su propia muerte. Conforme a sus instrucciones, la soberana fue enterrada junto a la momia de su padre, Tutmosis I, en la primera tumba que se hizo construir en el Valle de los Reyes, la KV20. Pero sus cuerpos no permanecerían juntos demasiado tiempo. Es muy probable que Tutmosis III ordenase sacar el cuerpo de su antecesor de dicho hipogeo y excavar una nueva tumba, donde fue definitivamente enterrado.

Durante la época ramésida, el nombre de Hatshepsut fue suprimido de las listas de los reyes de Egipto y su tumba, violada. En todo caso, la memoria de la reina Hatshepsut sobrevivió, a pesar de que sus nombres fueran borrados y todas sus estatuas destruidas. El templo de Deir el Bahari proclama todavía hoy el gran amor que unió a esta reina y su favorito, el Mayordomo de Amón, Senenmut.

||TUTMOSIS III (1457-1424 a.C.)

La sensación de desconfianza concebida por Tutmosis III respecto a su subida al trono en solitario como sucesor de Hatshepsut ha llegado hasta nuestros días por medio del relato que nos cuenta que fue el dios Amón quien le designó rey de Egipto mientras la estatua divina era paseada en procesión por el templo de Karnak. El dios hizo que su imagen se dirigiera hacia el lugar donde se encontraba el príncipe y se parara delante de él. Con ello se quería indicar que debía su coronación como rey de Egipto al dios de Tebas. En realidad, aunque Tutmosis III era hijo de Tutmosis II, su derecho al trono era discutible, dado que su madre, la dama Isis, no era de sangre real.

Permaneció bajo la tutela de Hatshepsut hasta el año 22 del reinado. Cuando la reina desapareció de la escena pública, Tutmosis III asumió el poder en solitario, convirtiéndose en el más importante rey guerrero del Imperio Nuevo.

Si hubiera que definir el reinado de este faraón, lo más exacto sería subrayar el carácter militar que impregnó la vida de Egipto en aquella época. Diecisiete campañas militares en territorio sirio fueron encabezadas por el rey durante los veinte años de reinado que siguieron a su subida al poder en solitario.

Quizás el ambiente excesivamente pacífico de Egipto durante el reinado de Hatshepsut había permitido a los asiáticos reorganizarse y constituir de nuevo un peligro para los intereses egipcios en la región que iba desde el pasillo sirio-palestino hasta el Eúfrates. Se supo que los príncipes del Retenu habían concentrado fuerzas militares alrededor de la ciudad de Meggido; para conjurar ese peligro, Tutmosis III atravesó la frontera de Egipto en el año 23 del reinado, el primero en solitario, conquistó Gaza y llegó a las puertas de Meggido. Para alcanzar la ciudad eligió el camino más difícil, encabezando personalmente la marcha de sus tropas. La victoria estaba asegurada, aunque la ciudad tardó siete meses en ser conquistada.

Las campañas militares en Asia fueron muy numerosas. Pero también combatió en el sur, marchando hacia el corazón profundo de África para controlar los intentos invasores de las tribus negras del actual Sudán. En el Guebel el Barkal, casi a la altura de la cuarta catarata del río Nilo, se realizaron construcciones sagradas a favor del dios Amón, señal inequívoca de su dominio sobre la zona.

En el interior de Egipto, y por órdenes del rey, se hicieron grandes obras en el templo de Amón de Karnak, en la ciudad de Tebas, la actual Luxor. Hizo erigir varios obeliscos, agujas de piedra que se alzaban hacia el cielo, cuya punta revestida con una placa de electrum debía refulgir bajo los rayos solares de un modo extraordinario.

Como consecuencia de las campañas militares de este gran rey, los tributos de todos los países conquistados en Asia y en África inundaron Egipto. Inmensas riquezas llegaron a los templos y, sobre todo, al dios Amón. Numerosas tumbas de Tebas recogen en las pinturas de sus paredes las representaciones de los habitantes de Creta y de otras islas del Mediterráneo que demuestran cómo el comercio marítimo también enriquecía las arcas de Egipto.

Por otro lado, el rey Tutmosis III, que tuvo muchas esposas y concubinas, no fue especialmente condescendiente con sus reinas. No permitió que ninguna mujer aspirase a ejercer el deseo de controlar el trono. Está claro que Tutmosis III no deseaba la repetición de lo sucedido con Hatshepsut; es decir, que una mujer pudiera ocupar y controlar el poder real. Aunque Tutmosis III sea considerado como uno de los más importantes reyes que tuvo Egipto, durante su reinado comenzaron a hacerse patentes ciertos síntomas de desequilibrio que amenazarían la estabilidad de la dinastía. Por una parte, la influencia del clero del dios Amón de Tebas comenzó a ser de tal importancia que llegó a amenazar la independencia de la propia casa real. Por otra, la política llevada a cabo para controlar a las mujeres de sangre real sería la causa de la anormal reacción de las mujeres reales en la segunda mitad de la dinastía. Además, durante el tiempo de Tutmosis III se inició la costumbre de incorporar tanto al gineceo real como a los ejércitos del faraón a personas de origen urrita y sirio-cananeo que, a la larga, aportarían elementos de alteración en el tradicional mundo egipcio. Estos factores desencadenarían las crisis posteriores del final de la dinastía.

Tras treinta y tres años de reinado en solitario, el rey guerrero por excelencia de esta dinastía murió. Fue enterrado en el Valle de los Reyes y en su tumba se incluyeron magníficos textos funerarios inscritos en jeroglíficos.

||AMENHOTEP III (1387-1348 a.C.)||

Cuando Egipto se encontraba en su momento de mayor esplendor, hacia la mitad de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo, subió al trono un niño de apenas diez años. Su nombre, Amenhotep, significa "el dios Amón está satisfecho", y le fue impuesto en memoria de su abuelo, Amenhotep II. Su padre, el rey Tutmosis IV, tuvo un reinado corto de apenas diez años. Su muerte prematura dejó la corona de Egipto en manos de la Gran Esposa Real Mutemuia. Ella tuvo que velar por los intereses de su hijo. Una familia de nobles e influyentes personajes procedentes de Ajmim se emparentó con el nuevo rey, al darle en matrimonio a su hija Tiy. El acontecimiento fue celebrado con la grandiosidad propia de la ocasión.

Amenhotep III representó para Egipto lo que Luis XIV fue para la Francia del siglo XVIII. Durante su reinado se construyeron los templos más importantes y grandiosos que hasta entonces habían visto las orillas del Nilo. El arte alcanzó su mayor nivel de refinamiento. Las riquezas de todos los dominios controlados por los egipcios entraban a raudales en el país de los faraones. Todo Egipto vio como se alzaban soberbios y magníficos edificios. El gran templo de Luxor es, hoy en días, una de las muestras más refinadas del arte egipcio, y en gran parte fue construido por encargo de este faraón.

Además, las numerosas campañas militares que sus antecesores en el trono habían llevado a cabo permitieron a Egipto disfrutar en aquella época de tranquilidad en sus dominios asiáticos y africanos. De este modo, la corte de Amenhotep III era el centro diplomático más activo del mundo.

El rey también se hizo construir un magnífico templo funerario en el lugar hoy llamado Kom El Heittan, cerca de su ciudad-palacio. Sólo quedan de él los magníficos Colosos de Memnón, aunque sus restos están diseminados entre las ruinas de todos los templos funerarios erigidos por los reyes posteriores.

Sin embargo, en un momento determinado del reinado, los asuntos internos del país se enrarecieron. Hacia el año 28 del gobierno de Amenhotep III se empezaron a realizar los preparativos del primer jubileo real, que se celebraría el año 30 para incrementar la fuerza del rey. Se pretendió entonces que el faraón se convirtiera en un dios nuevo, el dios Atón viviente. Al mismo tiempo, los leales partidarios del dios tebano, Amón, consiguieron que su rey fuera representado como hijo carnal de dicho dios. Era ésta una manera de someter la personalidad real al control del clero de Amón. El fenómeno de la "teogamia", utilizado cien años atrás para la reina Hatshepsut, se reproducía a favor del soberano de turno, esta vez Amenhotep III.

Con todo ello, se produjeron en Egipto ciertos conflictos que llevaron al enfrentamiento entre los partidarios de las corrientes solares y los del dios Amón de Tebas. El rey enfermó y, a pesar de todo, se celebraron en su honor otros dos festivales jubilares. La salud del soberano estaba muy quebrantada. A su muerte, durante el año 38 de su reinado, quedó abierta la gran crisis de Egipto: el periodo del cisma amárnico había comenzado.

||AKHENATÓN (1359-1342 a.C.)||

"Bella es tu aparición en el horizonte del cielo, ¡oh Atón la vida!, pues te alzas por el horizonte oriental y llenas toda la tierra con tu belleza...". Así comienza el Himno a Atón, el disco solar divinizado, recogido en las tumbas de los nobles de la ciudad de Akhenatón, "el Horizonte del (Disco) Atón", en el-Amarna. A través de estas palabras nos llega el eco de un rey que creyó en la paz y el amor divino por sus criaturas más que en ninguna otra cosa. Su nombre fue Akhenatón y se lo dio él a sí mismo. Significaba "el espíritu luminoso de Atón".

El rey que llevó el nombre de Akhenatón fue el segundo hijo varón de Amenhotep III, nacido de la reina Tiy, y su nombre originario fue también el de Amenhotep, "el dios Amón está satisfecho". Sin embargo, pocos conocen que él fue el protagonista de un gran desastre histórico que llevó a Egipto a las puertas de la desintegración.

Hacia el año segundo comenzó a hacerse representar de una manera tan especial y aberrante, que ha llevado a ciertos egitólogos de fama a afirmar que el estilo artístico de el-Amarna era de una "fealdad enfermiza y representaba los síntomas de seres aquejados de enfermedades nerviosas".

Los hechos históricos muestran que Amenhotep IV cambió su nombre por el de Akhenatón en el quinto año de su reinado y, abandonando Tebas, hizo construir a 360 kilómetros al norte de la gran capital del sur de Egipto su nueva ciudad del "Horizonte del Disco", "Akhenatón". En esta época se construyeron santuarios al nuevo dios por todo Egipto y se decretó que los ingresos que recibían los templos de otros dioses fueran entregados al dios Atón y a su clero. Por ello se ha querido ver en la nueva creencia religiosa el primer puesto de una religión monoteísta, antecedente de las actuales tres grandes religiones de dicho signo. Instalado en el-Amarna, el rey se refugió en su "Horizonte del Disco" y abandonó los intereses de su nación en las zonas de influencia que tanto había costado conseguir.

Dentro de la ciudad del Sol se vivía el desarrollo de un drama ajeno al resto de la vida egipcia del país. En Tebas y en otros lugares de Egipto se produjeron persecuciones de los partidarios de Amón y, por todas partes donde fueron hallados, se suprimieron los nombres de los dioses de la tríada tebana. La segunda mitad del reinado de Akhenatón se vio envuelta en un manto de oscuridad. Se sabe que el rey, además de a la bella Nefertiti, desposó al menos a cinco de sus propias hijas y una de ellas, la reina Meritatón, llegó a ceñir la corona de reina de Egipto junto a un misterioso personaje, quizás un hijo de Amenhotep III. El propio rey cismático murió hacia el año 17 de su reinado y, después, sus súbditos fueron abandonando una ciudad que se había convertido en una especie de villa maldita. Sin embargo, parece que Akhnetón siguió estando habitada durante los reinados de los faraones posteriores, incluido el propio Horemheb. Éste sería el fundador de la dinastía XIX, encargada de borrar totalmente la memoria del rey cismático y hereje de el-Amarna.

Se cree que la momia de Akhenatón pudo haber sido trasladada desde su tumba en la capital hasta el Valle de los Reyes, pero los siglos parecen haber confirmado la voluntad del poderoso dios Amón de Tebas de suprimir de la Historia la memoria de este rey.

||TUTANKHAMÓN (1339-1329 a.C.)||

Este pequeño rey, el que hace el número trece de la lista de los soberanos de la dinastía XVIII, sigue siendo hoy una figura enigmática para los egiptólogos, y ello a pesar de la fama que el descubrimiento de su tumba y los tesoros allí enterrados han tenido y tienen en todo el mundo.

Debió morir entre los dieciséis y los diecisiete años. Los documentos conocidos le conceden entre nueve y diez años de reinado, con lo que podemos aseverar que, cuando fue entronizado, no contaría con más de ocho años de vida. Este joven rey que se vio envuelto en los avatares del naufragio del periodo amárnico fue víctima de los acontecimientos políticos y religiosos de su momento. Al nacer le impusieron el nombre de Tutankhatón, es decir, "la imagen viviente de Atón", y este detalle ha inclinado a ciertos autores a pensar que habría nacido en el-Amarna, siendo hijo de Akhenatón. Sin embargo, nada de esto es indiscutible. Lo cierto es que las numerosas excavaciones realizadas en la ciudad del "Horizonte del Disco" no han entregado ni un solo objeto o inscripción que hagan referencia al príncipe Tutankhatón. Por el contrario, sí existe una representación de Tutankhamón en las rodillas de su nodriza, la dama Maia, que fue incluida en la tumba de dicha mujer, en Saqqara, lugar bastante alejado de el-Amarna.

Parece acertado reconocer en él al personaje en el que todo el mundo vio al rey con derecho legítimo para ocupar el trono de Egipto, después de la restauración del culto a todos los dioses y la abrogación de las creencias y prácticas del mundo amárnico.

Fue desposado con una de las hijas de Akhenatón llamada Ankhesenpaatón, quien también cambió su nombre por el compuesto con el del dios tebano, Ankhesenamón "Ella vive del (dios) Amón". Sabemos, por tanto, que se decretó la restauración de los cultos tradicionales, lo que se realizó principalmente en la renovada capital de Egipto, la gran ciudad de Menfis, en el norte.

Los sucesos más importantes de este momento histórico se desarrollaron en la intimidad del ambiente del Palacio Real. Allí, ciertos personajes que habían protagonizado el movimiento amárnico intrigaron, primero para actuar a favor de Akhenatón y, luego, para desmontar el mundo creado por el rey hereje. Así, el Padre Divino Ay, que sucedería a Tutankhamón en el trono de Egipto, fue un hombre que pudo colaborar para provocar la muerte del joven rey. Sin embargo, el gran misterio de Tutankhamón residió en su triste final. Al principio de su reinado, como era normal entre los faraones, ordenó que se comenzara la excavación de su tumba en el Valle occidental, situado algo al oeste del Valle de los Reyes. Los acontecimientos de palacio condujeron, sin embargo, a otro resultado. Las observaciones llevadas a cabo sobre la momia del rey por diferentes especialistas actuales han determinado que su muerte pudiera haber estado provocada por un traumatismo en el cráneo. De ahí se deduce que el rey podría haber sido asesinado. En todo caso, su tumba nunca fue ocupada por su momia. Allí se hizo enterrar su sucesor, el faraón Ay.

Sus exequias se celebraron, por el contrario, en el Valle de los Reyes, en una pequeña tumba donde se amontonaron muebles, objetos rituales y personales y artículos de todas clases junto con la momia del pequeño rey. Lo mas curioso fue constatar que la mayor parte del mobiliario fúnebre del rey había pertenecido antes a Akhenatón y a Semenekhkara, quizá un hijo de Amenhotep III. Sus nombres fueron sustituidos por el de Tutankhamón.

La entrada a la tumba quedó borrada bajo montañas de fragmentos de caliza provenientes de la excavación del hipogeo de Ramsés VI. Así pasaron cerca de 2.500 años, hasta que los destinos del arqueólogo inglés Howard Carter y el faraón se cruzaron. Carter realizó el mayor descubrimiento arqueológico de la Historia en noviembre del año 1922. De este modo Tutankhamón volvió a vivir.

||RAMSÉS II (1279-1212 a.C.)||

La figura de Ramsés II ha llegado hasta nosotros como el faraón por excelencia. Sin duda, ello tiene que ver con otro rey, el Rampsinito de los autores griegos, un personaje casi mítico que reunió en su leyenda la memoria del conjunto de los reyes ramésidas que jalonaron la historia de las dinastías XIX y XX durante el Imperio Nuevo.

Este faraón es el más conocido, hasta el punto de que sólo las pirámides superan la capacidad de evocación automática de lo faraónico que su nombre posee. De hecho, su apelativo expresa ya la grandeza de su personaje, puesto que significa "el que ha nacido del dios Ra".

Ramsés II fue, junto al último faraón de la dinastía VI, Pepi II, el rey más longevo de la historia de Egipto. La Estela de Kuban nos lo muestra con el rango de Jefe del Ejército a la edad de diez años. Esto significa que cuando su padre Seti I asciende al trono, se quiso subrayar el origen militar de la familia, destacando el papel castrense del príncipe Ramsés, que ya era el primogénito heredero.

Sin embargo, después de un reinado de sesenta y siete años, durante los cuales Egipto vivió la última etapa de su esplendor y gloria, vendría la decadencia del país del Nilo.

Se puede decir que, cuando Ramsés II subió al poder, ya había tenido cierto entrenamiento en su ejercicio junto a su padre, el rey Seti I. Muerto éste último, sabemos que ofició en sus exequias fúnebres como heredero que era. Acompañó a la momia de su progenitor hasta Tebas para ser debidamente sepultada en la tumba asignada en el Valle de los Reyes, e inició el ejercicio de su reinado con el desarrollo de una ingente actividad constructiva a lo largo y ancho de todo Egipto.

Esta especie de megalomanía constructiva le indujo a hacerse esculpir las estatuas más grandes nunca antes vistas en el valle del Nilo, pero también a iniciar una perversa costumbre, que consistía en apropiarse de la obra de otros reyes anteriores, usurpando sus estatuas y monumentos e insertando su nombre sobre el del dueño original.

Otra nota que siempre ha llamado la atención sobre este rey es el ingente número de hijos que se le atribuyen: cerca de doscientos vástagos entre varones y mujeres. Sabemos que tuvo al menos seis Grandes Esposas reales, entre las que destacaron Isisnefert y Nefertari, siendo el resto extranjeras, como la hija del rey hitita que adoptó el nombre egipcio de Maathorneferura. Incluso llegó a desposar a cuatro de sus hijas, como Bentanat o Meritamón. Ésta era la señal de la divinidad, la que concentraba su sangre solar para crear una numerosa dinastía de descendientes.

Sin embargo, este gran faraón no hizo sino imitar en gran medida a un ilustre predecesor en el trono, el rey Amenhotep III. Igual que él, Ramsés II se divinizó, ofreciéndose culto a sí mismo.

Combatió a los enemigos de Egipto, aunque no con el éxito que las inscripciones de los templos aseguran. En el año quinto de su reinado se produjo un grave enfrentamiento con su gran enemigo, el rey de los hititas Muwattali y sus coaligados, frente a los egipcios de Kadesh. Los egipcios cometieron el error de avanzar sin agruparse, de modo que los hititas aprovecharon esta circunstancia para dividirlos. Emboscados detrás de la ciudad de Kadesh, atacaron a los egipcios y sólo la audacia de Ramsés II, ayudado por su padre Amón, el Señor de las Victorias, salvó a los ejércitos egipcios de una gran derrota. El llamado "Poema de Pentaur" relata como el hitita pidió la paz a Ramsés II. Ésta no fue una gran victoria de Egipto, sino la elusión de una gran derrota. Ambos reyes estaban en serias dificultades ante los nuevos enemigos comunes, los asirios.

Otro acontecimiento que los egiptólogos ubican en su reinado es el del Éxodo de los hebreos. Todo parece indicar que tal hecho, -irrelevante para los propios egipcios, puesto que no lo han recogido en sus textos- pudiera haber acaecido en tiempos de Ramsés II y concluido bajo el reinado de su hijo y sucesor, Merenptah. A su muerte, el poderoso Egipto que había conocido el mundo entero se extinguió: el principio del fin había comenzado.

Teresa Bedman y Francisco J. Martín Valentín - "Muy Especial"

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