|
|
|
Siempre pensé que éstas serían las líneas más amargas que nunca podría escribir. Sin embargo, una vez más, mi padre me lo pone fácil. Porque el orgullo, el cariño, la ternura y el respeto pesan mucho más que la pena de no verle por aquí. Aquellos de ustedes que lo conocieron ya lo saben. Detrás de aquella ceja levantada y aquel gesto entre severo y socarrón se encontraba un hombre maravilloso. Dispuesto a escuchar y ayudar a los demás. Como dijo hace poco un amigo, era paciente para oír y rápido al actuar... Afortunadamente hace años que desistí, animado por mi padre, de tratar de continuar su trabajo y tomar el relevo. Porque él y todo lo que ha rodeado su vida ha sido algo único e irrepetible. Sin embargo he podido aprender cosas suyas, así que aunque mi camino será sólo mío, seguiré su ejemplo y seré siempre bueno y honesto, como él me enseñó a ser. Queriendo a los amigos e ignorando simplemente a los que no lo son, se puede llegar muy lejos, sin atropellar a nadie en el viaje. Ahora estoy escuchando uno de sus discos, cogido ayer mismo de su despacho. Y mientras Vangelis me acuna, los recuerdos de mi padre se agolpan en mi mente. Nuestra relación se compuso sobre todo de momentos. No tuvimos grandes períodos de convivencia, y tal vez gracias a ello pasábamos siempre que nos veíamos a las cuestiones importantes, saltándonos los preámbulos. A lo largo de los años mi padre estuvo siempre a mi lado. Era como un lago tranquilo al que acudir buscando paz. Como todos en esta vida, he pasado por momentos buenos y otros duros, pero la presencia de mi padre fue siempre reconfortante. Su serenidad y su sabiduría me orientaron constantemente, aunque se cuidó mucho de marcarme un camino que recorrer. Me enseñó que cada uno tenía que vivir lo suyo, y poco a poco lo voy comprendiendo. Espero haber aprendido al menos las cosas importantes que me enseñaste... Unidos a su ejemplo y enseñanzas me quedan su amor y su luz, que siento que traspasan -y siempre lo harán- todas las fronteras, para estar cerca de mí y de todos aquellos a los que quiso. Sincero y honesto. Brillante y trabajador. Inteligente, sereno y divertido. Un hombre íntegro y coherente. Dulce y firme a la vez. Profundo. Así es mi padre. Lo fue aquí entre nosotros y lo seguirá siendo ahora y siempre, mientras vuela cruzando el tiempo y las estrellas. ¿Cómo podría estar triste, con la suerte que tengo? Fernando Jiménez López - "Enigmas" |