|
|
|
Hola papá. Ya no te puedo ver, tocar, abrazar ni besar, pero hay algo que sí puedo hacer; hablarte. Sé que me escuchas y noto tu presencia, además sé que estás cerca y cuidando de nosotros. Justo antes de irte donde siempre estuviste de corazón, en ese más allá que nos mostraste a los que carecíamos de tu don, te pedí que fueras mi ángel de la guarda. El mío nunca me fue muy efectivo y ya que tengo la triste o gran suerte de poder sustituirte, quien mejor que tú para desempeñar tal función. Mamá y yo estamos bien, enteros, apenados, -como es natural- pero felices. Felices porque te fuiste como querías; durmiendo y con dignidad, por la puerta grande, y porque has abierto el corazón a tanta gente papá, a tanta, que uno no podía hacer otra cosa que admirar con estupefacción y asombro el cariño con el que has entrado en las almas de todo aquel que te conoció en vida. Lorenzo estuvo magnífico, leyó tu carta a las monjas y el escrito de tu boda con tal sentimiento,, respeto y temple, que fue capaz de evocar tu magnificencia con la entonación de sus palabras -incluso llegué a pensar que hablabas a través de su boca-, hecho que hubiera juzgado como imposible si no hubiera estado presente durante la ceremonia. Te hemos puesto una sepultura bien apartada para que no te molesten los vecinos y no tengas que soportar intromisiones que rompan tu silencio, ese compañero de fatigas que nos enseñaste a apreciar como se merece, pues como alguna vez me diste a entender, de forma acertada debo añadir, sólo compartiendo el silencio llegas a conocer y amar a una persona -o como diría el abuelo, "déjales que hablen y ya verás la cantidad d tonterías que dicen". Te quiero papá, te llevaré siempre en el corazón y en mis pensamientos y doy gracias a Dios, no a ese Yahvé vengativo y xenófobo del que eras tan poco partidario, sino del que uno ve al mirar las estrellas, de haberte conocido y tenido a mi lado. El tío Paco me dijo que te había perdido muy joven, cosa cierta, pero lo cierto es que 23 años contigo son más de lo que cualquier mortal pueda tener en vida, pues ni el mismo Aristóteles me habría enseñado tanto como tú aunque hubiera dispuesto de toda la eternidad para formarme. Gracias por haberme querido y amado, jamás podré darte a entender lo que significas para mí, al menos no con palabras.. Siempre tuyo, tu hijo.
Pablo Jiménez Cores - "Enigmas" |