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Dicen que su origen es maya, pero se trata de una hipótesis que carece de pruebas suficientes para convertirse en certeza. Podrían venir del pasado, si no fuera porque su perfección y la dificultad de su tallado se corresponden más con un arte propio del futuro. Plantean todos los enigmas posibles y el hombre, frente a ellas, no puede sino reconocer sus limitaciones y disfrutar de su salvaje y aterradora belleza. Ha sido definida como uno de los más
extraños objetos concebidos por el hombre, un puzzle irresoluble
para los expertos, una de esas piezas definitivamente incómodas
para quienes no han sabido explicar su origen, su técnica de
construcción ni su propósito. No en vano ha sido llamada
la "calavera del destino", una belleza terrorífica
de valor incalculable cuya sola visión hace palidecer a los
espíritus más sensibles. La propia Anna terminó confesando, respecto de las circunstancias del hallazgo, que algún día contaría todos los detalles, lo que no podía hacer de momento porque no estaba preparada para ello. No es su única aseveración sorprendente. La propietaria de tan majestuosa pieza de arte -que durante décadas ha tenido siempre en casa, cediéndola sólo ocasionalmente con motivo de algunas exposiciones-, asegura además que sus ojos son en realidad prismas donde se refleja el futuro. ||UN EXTRAÑO DESCUBRIMIENTO|| Anna Mitchell-Hedges siempre fue una
mujer con suerte. Adoptada por el gran aventurero inglés Anna relata que los nativos mayas de la zona la reconocieron al instante como representación del dios de sus antepasados -con poder tanto para procurar la salud como para causar la muerte- y oraron ante ella. Y añade que fueron los propios indígenas, agradecidos por las ayudas de su padre, quienes le regalaron la pieza cuando éste marchó, afirmación ésta, desde luego, muy poco creíble. No les faltan razones, por tanto, a las muchas personas que no creyeron en la veracidad de este ambiguo relato. Así, hay quien afirma que tal vez su padre adquiriese la calavera en uno de sus viajes por México y la colocara allí como regalo de cumpleaños para su hija. Porque, ¿cómo explicarse, si no, que una de las mayores joyas del mundo maya apareciera súbitamente en medio de las excavaciones? ||HACE 3.600 AÑOS...|| La familia Mitchell-Hedges nunca quiso
proporcionar más pistas sobre el descubrimiento. Resulta más
que extraño que en su biografía, Danger My Ally, escrita
en 1954, cinco años antes de su muerte, el aventurero apenas
dedicara trece líneas a su hallazgo más importante.
Pero en ese breve párrafo aporta sugerentes posibilidades.
Después de aclarar que tiene buenas razones para no revelar
cómo llegó hasta él, Mike afirma que la calavera
tiene 3.600 años y fue usada por el sumo sacerdote maya para
sus rituales, asegurando que con ella se puede provocar la muerte
a voluntad: "Es -diría- la encarnación de todos
los demonios". Pero "la calavera del destino" no está sola. Otra misteriosa congénere suya llegó en 1898 al Museo Británico procedente de una subasta, en la que fue adquirida a Tiffanys por 120 dólares. Tampoco de ésta se conoce su origen, aunque se supone que debió ser parte del botín ilegal de un mercenario del siglo XIX. Los cuidadores nocturnos del Museo no la acogieron con agrado y solicitaron que, por la noche, fuese cubierta por un paño negro. No les gustaba los reflejos que la luz provocaba en sus ojos cristalinos. ||¿DEL PASADO O DEL FUTURO?|| Pocas esperanzas quedan por el momento
de aclarar el enigma de si son antiguas o modernas. Su manufactura,
en especial la de "la calavera del destino", parece propia
de una manos pertenecientes a una época de grandes conocimientos
tecnológicos, difícil de concebir hace casi 4.000 años.
De momento, carecemos tanto de técnicas fiables para datar
el cristal como para afirmar que su nacionalidad fuera maya, ya que
otras calaveras -más pequeñas- fueron hechas en los
siglos XIV y XV en Italia y en varios lugares de Sudamérica.
El antropólogo Morant realizó un estudio comparativo de ambas calaveras -la de Anna Mitchell-Hedges y la del Museo Británico-, llegando a conclusiones osadas y no por todos compartidas. Morant dejó constancia de que ambas eran similares en mucho detalles anatómicos, si bien la diferencia más significativa radica en que la del Museo está hecha de una sola pieza, mientras "la calavera del destino" tiene la mandíbula inferior separada y presenta detalles más finos y un esculpido aún más perfecto. El antropólogo llegó a afirmar que, por su forma, ambas habían sido modeladas sobre la calavera de una mujer, que eran representaciones de un mismo cráneo y que la una era copia de la otra, siendo la de Anna Mitchell-Hedges la primera. Por supuesto, no todo el mundo opina lo mismo. Pero ni su misterioso origen ni la incógnita de si son antiguas o modernas han podido oscurecer su belleza. "La calavera del destino", en especial, posee un magnetismo y un poder fuera de toda duda. Venga de donde venga, lleva el sello de las obras de arte imposibles de olvidar. O. Iparraguirre - "Más Allá" |