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Homicdio sagrado

"Estudia el pasado si quieres saber cómo será tu futuro"
(Confucio).

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Nadie puede negar que uno de los rasgos culturales que más han llamado la atención sobre los distintos pueblos de la América Precolombina fue la realización de autosacrificios de sangre y la práctica de sacrificios humanos. Las altas culturas que se desarrollaron en esta zona tuvieron como uno de sus elementos culturales definitorios la inmolación de individuos a los dioses. Ya desde los inicios de la conquista, éste sería el aspecto más destacado para la nueva cultura que comenzó a someterlos.

Centrandonos en el área mesoamericana, ni tan siquiera pueblos como el teotihuanaco y el maya, considerados hasta hace pocos Mapaaños como grupos dedicados al estudio y observación del universo y ajenos a prácticas homicidas, pudieron abstraerse de este violento ritual. Actualmente se ha demostrado que en Mesoamérica, todas las altas culturas las realizaron. Los primeros indicios fehacientes pueden fecharse hacia el año 5000 a. de C. en el Valle de Tehuacan (a 200 Kilómetros de la ciudad de México).

Durante la conquista, soldados, evangelizadores y colonizadores intentaron a toda costa presentar a los indígenas como verdaderos salvajes, con el fin de poder justificar de ese modo las múltiples tropelías que llevaron a cabo. Por ello, la existencia del sacrificio humano les sirvió como argumento contra los mismos, llegando hasta el punto de que en la actualidad, cualquier persona asocia inmediatamente los nombres maya, azteca o inca con pueblos que ejecutaban víctimas en honor de sus dioses. En ningún caso se mencionan los múltiples "autos de fe" llevados a cabo por la Inquisición en América, o los desmanes producidos, por ejemplo, por Hernán Cortés, y sus ejecuciones sumarias, como la muerte en la hoguera de indígenas, la tortura, la amputación de manos y pies a indígenas y españoles, etc.

De este modo, la "mala prensa" del sacrificio humano precolombino siempre ha estado en contra de estas culturas, y su exageración por los occidentales llevó incluso a modificar su iconografía. Así, en las fuentes prehispánicas resulta en ocasiones difícil identificar el autosacrificio y sacrificio humano, mientras que en los documentos pintados durante el periodo colonial la teatralidad de las pinturas indica claramente qué es lo que se quiere representar. En opinión de Nigel Davis, desde la conquista española los sacrificios humanos de los aztecas ha acumulado, a lo largo del tiempo, una mitología totalmente propia que parece única en los anales de la crueldad humana; sin embargo, expurgada de todas sus fantasías, poco queda de tal singularidad y no se diferenciaron de los realizados en otros lugares, incluido el Viejo Mundo.

Este trabajo ofrecerá un análisis objetivo de las razones últimas que llevaron, en concreto a los aztecas, a la practica del autosacrificio humano. Asimismo, veremos cuales fueron las principales formas de llevarlos a cabo. En ningún caso Torturacompararemos estos actos con aquellos que en la misma época se hacían en el Viejo Mundo por instituciones como la Santa Inquisición y la Santa Hermandad. Con números en la mano, no dudamos que la ejecución violenta de personas por razones religiosas fue muy superior en la Europa de los siglos XV y XVI que en la América precolombina del mismo periodo. La única diferencia radica en que los primeros mataban en honor de un supuesto único dios, mientras que los indígenas americanos lo hacían, en teoría, a diversos dioses, pero con unas funciones muy similares a la de los santos de la religión católica.

||RAZONES DEL RITUAL SANGRIENTO||

Al igual que en la mayor parte de las culturas que se han desarrollado en el mundo, los aztecas realizaban estos actos violentos para contentar a sus deidades y obtener favores de las mismas. Además, creían vivir en una Quinta Edad, denominada Sol de Movimiento, que en algún momento debía ser también destruida, al igual que las cuatro anteriores. En este caso, el cataclismo que extinguiría a la humanidad sería producido por terremotos.

De acuerdo con su mitología, el Quinto Sol fue creado por los dioses en la ciudad de Teotihuacan, y una vez que este astro y la luna salieron al firmamento, aquéllos tuvieron que sacrificarse y dar su sangre para que ambos se movieran por el cielo.

Debido a ello, suponían que únicamente con la ofrenda de sangre y corazones humanos a sus dioses el Quinto Sol se mantendría. Cada 52 años, cierre de un Sacrificio humano"siglo" azteca, consideraban que el mundo iba a ser aniquilado, y por tanto, los principales sacerdotes subían a un cerro, para observar el firmamento y encontrar la señal que les indicara el perdón divino y que su mundo continuaría otro periodo del mismo tiempo. Si pasada la medianoche no ocurría nada anormal, se procedía a ejecutar un cautivo para ofrecer su corazón y encendía un fuego sobre su pecho abierto. Esta ceremonia, llamada del Fuego Nuevo, daba la continuación a su mundo otros 52 años. Pero los aztecas no sólo llevaban a cabo el sacrificio humano en esta ocasión, sino que a lo largo del año de 365 días, repartidos en 18 meses de 20 días a los cuales se sumaban 5 días de mal agüero, tenían distintas fiestas en las que también ofrecían víctimas a la deidad que presidía el mes. Para ellos, estos rituales no sólo buscaban la pervivencia de su mundo, siempre amenazado por fuerzas cósmicas difíciles de controlar, sino buenas cosechas.

La adoración del sol y los ritos en honor del dios de la lluvia estaban muy relacionados, pues ambos elementos se unían para hacer crecer y madurar el maíz. De hecho, de las 18 fiestas anuales, tres estaban dedicadas a los dioses de la lluvia, una al agua en general y dos al maíz o deidades del mismo. Seis se celebraban en honor de diosas que tenían que ver con la fertilidad. Por el contrario, cada uno de los dioses supremos de su panteón, Tezcatlipoca y Huitzilo-pochtli, sólo tenían una fiesta para cada uno de ellos.

||AUTOSACRIFICIOS A LOS DIOSES||

La mayor parte de las culturas incluyen la realización de distintos autosacrificios, incluidos aquellos que implican daño físico y entrega de sangre, buscando la consecución del perdón o de un favor del ser superior al que se adora.

Entre los aztecas, los principales autosacrificios consistían en llevar a cabo acciones que implicaban dolor. Así, practicaban ayuno durante diversos días, no se lavaban,sobre todo los sacerdotes, para de este modo sufrir físicamente por la Espinassuciedad del cuerpo, etc. Pero, obviamente, el autosacrificio supremo consistía en ofrecer su sangre, mediante el uso de espinas de maguey, huesos afilados, lancetas de obsidiana, etc. El penitente azteca se clavaba estos instrumentos en diversas partes del cuerpo con el fin de obtener el "líquido precioso" para los dioses.

Las zonas más habituales para la práctica de este ritual eran las orejas, brazos, piernas, lengua y órganos genitales. Resulta muy interesante observar cómo en las fuentes coloniales se muestra el autosacrificio en las partes descritas, excepto en el pene. Por el contrario, en los códices precolombinos sí hay imágenes de individuos, sean humanos o dioses, atravesándose el miembro viril y ofrendando su sangre, generalmente unidos a ritos de fertilidad. Tan sagrado llegó a hacerse este rito, que el instrumento para perforar los penes se convirtió en el área maya en una especie de deidad por derecho propio.

En todos los ejemplos de autosacrificio de las fuentes prehispánicas, se muestra el acto de una forma aséptica y en ocasiones no se pinta ni la sangre, aportando como dato iconográfico la mano con el instrumento puntiagudo sobre el miembro del cuerpo que va a ser atravesado. Sin embargo, en los códices coloniales es patente la presencia de la misma manando de la parte dañada y bañando, en muchos casos, el cuerpo por completo, resultando claro cual es el acto que el individuo realiza. De este modo, el impacto sobre el espectador se logra mediante la teatralidad llevada a un extremo máximo, que produce inmediatamente sensación de repulsa.

||SACRIFICIOS HUMANOS||

Las víctimas del sacrificio humano entre los aztecas podían ser niños, que siempre eran comprados a sus padres; esclavos adquiridos en el mercado, mujeres y guerreros. Todos ellos alcanzaban tras su muerte uno de los "cielos" donde moraban los dioses.

Está probado que ya desde tiempos de la conquista, los soldados españoles exageraron el número de personas sacrificadas a los dioses. De hecho, Andrés de Tapia, soldado de Hernán Cortés, señala que cuando llegaron a la ciudad de Tenochtitlán le sorprendió la presencia de un altar de cráneos, donde estos estaban colgados mediante varales que atravesaban sus sienes. Añade que contó las calaveras expuestas en el entramado y que su número era de 136.000.

En cuanto al canibalismo azteca, es cierto que las diversas fuentes señalan que en algunos rituales, en los que la presencia del pueblo llano estaba prohibida, se ingería la carne del sacrificado preparada con maíz, pero siempre aparece relacionada con algún tipo de "comunión" con la víctima y el dios que representa.

Aunque Michael Harner y Marvin Harris opinan que los cuerpos de los sacrificados suplían la falta de carne de la dieta azteca, está demostrado que en los mercados se vendía toda clase de animales y que los hidratos de carbono también eran obtenidos de algas marinas y otros productos. Además, la nobleza sí tenía acceso a todo tipo de carne, con lo cual es infundado suponer que ingirieran el cuerpo del sacrificado por razones alimenticias.

Reseñar tras esta exposición que es innegable la práctica de sacrificios humanos por parte de las culturas mesoamericanas, pero que éstos tenían un sentido simbólico de protección del universo y cómo no, de mantenimiento de un estado militarista que precisaba sostener una ideología y una economía que permitiera a todos los miembros del mismo atender sus necesidades.

J.J. Batalla - "Misterios de la Arqueología"

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