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Ancestralmente el hombre y el lobo han mantenido una relación de amor y de odio. Los humanos admiran el valor y la inteligencia del cánido, pero le temen por su ferocidad. El animal se acerca al hombre, dispuesto a devorar parte de su patrimonio, aunque evita el contacto, pues le iguala en poder destructivo. Se parecen demasiado. El hombre recurre a gran cantidad de
animales para establecer simbolismos. En muchas culturas uno de los
más utilizados ha sido el lobo. En cada país la representación
toma cuerpos distintos, aunque en todos ellos coincide en ser el paradigma
del poder y la astucia. En Europa, donde la figura del lobo está muy enraizada en la cultura rural, la situación es crítica. El problema que se presenta es que el hombre ha ocupado zonas que antes eran inaccesibles. Las carreteras llegan a todos los rincones, los bosques sólo son fragmentos de lo que fueron antaño. Y el lobo requiere de grandes territorios. ||VUELVE EL MIEDO|| ¿Por qué el miedo? Los
estudiosos aseguran que son escasísimos los contactos del cánido
con el hombre. Sólo en caso de hambre extrema y actuando en
grupo se atreverá a merodear cerca de un humano. Si éste
no se deja dominar por el pánico echando a correr o mostrando
manifiestamente su miedo y mantiene una actitud de firmeza escapará,
casi con toda seguridad, ileso del acoso. ||LA PUERTA DEL INFIERNO|| Entre los egipcios y los romanos el
lobo era el símbolo del valor (no olvidar la leyenda de la
fundación de Roma, en la que una loba amamanta a los gemelos
Rómulo y Remo), mientras que en las leyes hititas se decía
de un proscrito que "se había convertido en lobo".
Es bastante general esa asociación con los fugitivos, tal vez
por la figura huidiza que suelen adoptar estos animales. Para los
primitivos alemanes la boca del lobo era la puerta del infierno. Según
Mircea Eliade, el gentilicio "lucense" (de Lugo) podría
responder a una corrupción de "gente del país de
lobos". Galicia, no hay que olvidarlo, tiene siempre el lobo
en su memoria. Aún hoy son frecuentes las batidas con el fin
de acabar con un animal que se considera perjudicial para los intereses
económicos del hombre. En Galicia quedan menos Durante la Edad Media se consideraba que los brujos (habilidad exclusiva de los hombres) acudían a sus periódicas reuniones del Sabbat convertidos en lobos. En los países de la antigua Yugoslavia, San Sava y San Teodoro son considerados los patronos de los lobos. Un papel parecido desempeña San Pedro en Rumanía, y no hay que olvidar que San Francisco de Asís aparece representado múltiples veces en compañía de lobos. Y todo ello a pesar de que en la tradición cristiana esos cánidos representan la crueldad. El lobo es el devorador de aquellas ovejas que rechazan la protección del buen pastor. ||COMPAÑERO DE NÓMADAS|| En las culturas nómadas el lobo
tiene una gran trascendencia. Las familias de seres humanos se trasladan
de un lugar a otro con todas sus pertenencias a cuestas. Ello incluye
no sólo al ganado que se posee para comerciar sino también
a animales domésticos como perros, gallinas o conejos. Por
su instinto cazador el lobo tendrá preferencia por atacar a
los rebaños, pero no despreciará piezas fáciles
como pueden ser estas últimas. A diferencia de los lugares en los que el lobo no está presente, donde los pastores utilizan perros muy inteligentes pero de pequeño tamaño para que el rebaño circule con fluidez, los nómadas cuentan desde hace siglos con grandes perros mastines que se atreven a plantar cara a una manada de lobos. Los combates suelen ser encarnizados y como los perros, en multitud de ocasiones, superan al lobo en tamaño y ferocidad, salen victoriosos más de una vez. ||HERMANOS MAL AVENIDOS|| El naturalista Félix Rodríguez
de la Fuente, en los años setenta, se hizo muy popular con
sus documentales de televisión. De entre las cientos de horas
de película que emitió por el entonces único
canal de televisión dejaron especial huella las que dedicó
a los lobos. Rodríguez de la Fuente poseía un grupo
de lobos domesticados -tratados en cautividad desde cachorros- con
los que fabricó escenas de gran belleza. De ellas quedó,
además, un registro sonoro profundo y espeluznante. Eran lobos
con el espíritu silvestre pero el físico prisionero. En algunos tratados de simbología se presenta esta relación muy racionalizada. Según esa interpretación el perro doméstico abominaría de su primo hermano porque le recuerda el carácter salvaje que antaño tuvo. El lobo aún se dedica a vagar por los espacios libres cazando para comer y siendo enemigo del hombre. El perro, por su parte, ha preferido el calor de un hogar, el cariño de una especie diferente y un plato garantizado a cambio de su sumisión. Recordar esta pleitesía le gusta tan poco al perro que una manera de atacar a sus fantasmas es acabar con los seres que los representan. No pocos autores establecen una relación muy similar cuando tratan del odio entre el hombre y el lobo. Como ya hemos señalado anteriormente, pocas veces se atreverá el can salvaje a atacar a un ser humano, a no ser que esté totalmente desvalido y sin posibilidad de huida. Y son, sin embargo, múltiples las leyendas que se tejen en torno a él. Paralelismos entre el hombre y el lobo: * Se trata de seres muy gregarios. Necesitan del
grupo para valerse, buscan siempre asociarse para sacar mayor rendimiento
a sus actividades predadoras. Pero no se trata únicamente de
un grupo porque sí, en realidad se actúa como un clan
familiar, que cubre los errores de los demás. ||AULLIDOS A LA LUNA|| Llega un momento en que la relación de admiración-odio
se mezcla tanto que el hombre se convierte en lobo. O el lobo en hombre.
O ambos seres en una mezcla de los dos, que se odia a sí mismo
por ser la mitad del otro. Según la tradición gallega un hombre puede transformarse en licántropo de dos maneras: la más habitual es a causa de una maldición, que a veces puede provenir de la propia familia; la segunda se produce cuando en una casa nacen seguidos siete hijos varones. El llegado en último lugar será un lobishome. Será posible arreglar la situación si al niño se le bautiza con el nombre de Benito y en el bautizo es apadrinado por su hermano mayor. De todas maneras, esta forma de llegar a ser lobishome es cada vez más infrecuente, dado que escasean ya las familias que tienen siete hijos.
El hombre-lobo, al recuperar su forma humana, es consciente en que en sus noches de desmán ha podido cometer daños irreparables, pero no los recuerda con nitidez y, por otro lado, es incapaz de contener la llamada de la luna llena. En las culturas europeas nuestro satélite ha sido siempre vinculado a las actividades brujeriles y demoniacas, y a incitar las pasiones más bajas del hombre. Algunos pueblos son menos originales que el gallego a la hora de confeccionar la trama de la existencia del licántropo, y remontan sus orígenes a una operación maléfica en la que Lucifer cubre a un hombre con la piel de un lobo y le obliga a vagar por los campos aullando. El licántropo no es sólo cosa de cuentos. Hasta el siglo XVI el tribunal de la Santa Inquisición condenó a muerte a personas acusadas de ser mitad lobos. Al fin y al cabo lo que muchos expertos ven en todas estas relaciones en las que se mezclan el lobo y el hombre es la irracionalidad latente en la parte interior de éste último, y el temor que todos sentimos a que despierte. Redacción revista "Integral" |