La nueva Caperucita Roja


De camino a casa de su abuelita, Caperucita se encontró en el bosque con una loba muy preocupada, pues sus dos traviesos cachorros habían salido de la lobera sin su permiso, mientras ella estaba de caza, y no sabía dónde habían podido esconderse. Caperucita le dijo que seguramente no andarían muy lejos, y que ella le ayudaría a buscarlos.

 

 

 

 

 

Felizmente, Caperucita encontró a los lobeznos poco después entre unos matorrales, algo asustados y muertos de hambre. Y (como toda heroína que se precie), sacó de su super-cestita lo que más necesitaban los lobeznos en ese momento: un biberón de leche bien calentita...

 

 

 

 

 



Muy contenta por haber localizado a los lobeznos sanos y salvos, Caperucita se los entregó a su madre para que continuara alimentándolos. Los cachorros prometieron que no volverían a alejarse sólos de la madriguera, y la loba le agradeció a Caperucita su ayuda.

 

 

 


 


 

Como se había hecho muy tarde, los padres de los lobeznos decidieron acompañar a Caperucita hasta la casa de su abuelita, guiándola por el camino más corto a través del bosque. Y en compañía de sus nuevos amigos, Caperucita le entregó los regalos que la llevaba en su cestita.

 


 

 

 

 

 

Un cazador que había visto a los lobos junto a la casa se acercó rápidamente con su escopeta preparada, creyendo que peligraban las vidas de Caperucita y de su abuelita. Pero Caperucita le pidió por favor que no les disparara, y le explicó al cazador que no había nada que temer de los lobos, pues éstos nunca atacan a las personas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Y desde aquel día todos los lobos de la región se hicieron amigos de Caperucita, saliendo a su encuentro para jugar con ella y para protejerla cada vez que se internaba en el bosque.

 

 

 

 

 

 

 

Moralejas: Los lobos pueden ser unos buenos amigos de los humanos,...¡y jamás se comen a las "Caperucitas"!

El mito del "Lobo Feroz" y "devorador de personas" es absolutamente falso (al menos en nuestros días).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Retrocede

 

Texto y Fotografías: Carlos Sanz