|
|
|
La terrible figura del licántropo surge desde un pasado remoto y oscuro, pero aún permanece entre nosotros: Sociedades secretas de guerreros y cazadores lobo, lobizones, chamanes capaces de transformarse en el espíritu del bosque, brujos que se metamorfosean bajo la Luna para darse un festín de sangre y violencia... Los hombres-bestia no son sólo un mito; son un fenómeno complejo que se ha ido desarrollando, entre el bien y el mal, a lo largo de la historia. "Nada saltó del ataúd.
Y aunque el hombre que yacía allí dentro hubiera querido
saltar, no habría podido; tenía manos y pies sujetos
con clavos al fondo del féretro. Tendría unos cincuenta
años y llevaba una camisa y unos pantalones de pijama, las
dos piezas cubiertas de sangre. Además de los pies y de las
manos atravesados por gruesos clavos, tenía un crucifijo clavado
en el corazón y otro en la frente... -¿Quién
es este tipo?, pregunté... -El hombre lobo, respondieron al
unísono... -Era un hombre lobo cuando lo cogimos, pero tan
pronto como lo matamos atravesando su corazón con la cruz,
volvió a convertirse en hombre... La semana anterior, la gente
del pueblo había encontrado en los campos los cadáveres
mutilados de cuatro personas, un hombre, dos mujeres y un niño...
Luego, dos noches más tarde, tres vecinos vieron una criatura
extraña del tamaño de un hombre, que caminaba sobre
las patas traseras. Su cuerpo estaba cubierto de pelo largo y negro,
y tenía una cola larga. Encima de la cabeza, que era la de
un perro enorme, brillaba una luz débil. Y sus ojos eran de
color rojo". El hombre-lobo sigue tan vivo como hace quinientos años. Hasta no hace mucho, como en un caso registrado en 1946, los indios navajos perseguían a miembros de su tribu a los que consideraban hombres-lobo dedicados a la magia negra y, en 1957, la policía de Singapur investigó el caso de un hombre-lobo que aterrorizó a las enfermeras de una residencia. Una de ellas afirmó haber visto "una cara horrible y peluda, con grandes colmillos salientes". En 1988, la Fox Broadcasting Company recibió más de 340.000 llamadas de espectadores que afirmaban haber visto hombres-lobo a los que acusaban de diferentes asesinatos no resueltos por la policía. El cine y la literatura se han encargado de difundir la imagen del hombre que, convertido en bestia, se deja emborrachar por los apetitos más oscuros y tenebrosos del ser humano. La realidad es mucho más compleja, y aún más fascinante. Existen hombres-lobo involuntarios, personas que no pueden evitar la transformación y son víctimas de una maldición que destroza su vida y la de otros. Pero existen otros que afirman metamorfosearse a voluntad. Algunos de estos últimos están del lado de la luz; otros, del de las tinieblas. ||AL FILO DE TODOS LOS MUNDOS|| En muchas culturas, el lobo no es sólo
un animal, se le considera un "espíritu", una fuerza
sobrenatural cuyo poder recorre los bosques. Para algunas tribus amerindias,
un lobo arquetípico es el Creador de todo. No es de extrañar
entonces que sea uno de los espíritus ayudantes favoritos de
muchos chamanes, especialmente entre los lapones, cuyos espíritus-lobo
les permite asumir la forma y habilidad de este animal. En otros casos el chamán afirma ser capaz de incorporar su conciencia al cuerpo de un animal ya existente. Sea de una forma u otra, hay una afinidad psíquica, una especie de parentela del alma entre el chamán y el animal en el que se transforma. Vale decir que si bien la transformación física, en estos casos, no tiene lugar, psíquicamente es un lobo, posee su naturaleza. La pregunta ahora es: ¿puede tener lugar una transformación física real? Muchos viajeros, exploradores y militares afirman haber tenido extrañas experiencias que parecen avalar la capacidad de algunos hechiceros para trascender la propia forma. Tal es el caso de Frederick Kaigh, un inglés que en los años 30 y cerca de la frontera congoleña con Rhodesia, vivió una aventura espeluznante. Oculto en la copa de un árbol quiso ver con sus propios ojos una ceremonia secreta. Un nyanga, un hechicero disfrazado de chacal, ejecutaba una ceremonia entre el ruido de los tambores tocados por la congregación. De repente, se oyó un lejano aullido de chacal. El nyanga contestó a la llamada y numerosos animales respondieron al grito. Entró en un estado de frenesí tal, que su imitación del animal parecía de una asombrosa realidad. Tras una danza terrible y bestial, cayó en trance. Poco después, un hombre y una mujer desnudos saltaban hacía donde yacía el nyanga y comenzaron a su vez a imitar a los chacales. De repente, asistió a un fenómeno que años más tarde aún no sabía si atribuir a una especie de hipnosis colectiva o de acción sobrenatural: "para mi asombro e incredulidad, vi a la pareja convertirse en chacales ante mi vista". ||HIJOS DE LA FIERA|| Pero el parentesco psíquico con
el lobo no es exclusivo de hechiceros, cuya transformación,
aunque voluntaria, implica una "posesión", una irrupción
en la consciencia de los peores instintos de ambas especies, humana
y lobuna; ni de los chamanes, quienes adquieren las virtudes positivas
del lobo, en tanto que "espíritu" benéfico
del bosque, a la vez que conservan su conciencia. Lo hallamos también
en el Totemismo, una creencia muy extendida entre muchas culturas
del planeta según la cual, el clan tiene como antepasado a
algún animal mítico. El antepasado directo de muchos
clanes, sobre todo entre los indios norteamericanos de la costa norte
del Pacífico, es el lobo. Durante las ceremonias y danzas rituales,
los bailarines llevan máscaras y vestidos de lobo y sus movimientos
imitan los del animal mítico y las acciones heroicas que dieron
lugar al nacimiento del clan. Desde su punto de vista, los miembros
de estos clanes son auténticos hombres y mujeres lobo. Como
también lo son, desde el suyo, los integrantes de las sociedades
secretas del lobo. ||EL PODER DE LA BESTIA|| Con el tiempo, los berserker acabarían
convirtiéndose en guerreros feroces ansiosos de sangre capaces
de llevar a cabo todo tipo de crímenes y desmanes, pero en
un principio fueron castas de guerreros magos consagrados a Odín,
cuyo nombre procede de un vocablo, ódr, que viene a significar
furia, éxtasis, sabiduría mágica e inspirada.
Todavía en una fecha tan tardía como 1691, en la Europa del nordeste quedaban restos de los antiguos cultos y creencias en hombres-lobo asociados a los poderes odínicos de la luz. Se detectan incluso sociedades secretas de hombres-lobo dedicados a combatir brujas y demonios. Así se desprende de las declaraciones del anciano Thiess, un hombre-lobo lituano, efectuadas durante el juicio celebrado contra él en Jürgensburg en 1691. Thiess confesó que él y sus compañeros, se transformaban en lobos tres noches al año para combatir al diablo hasta "el fin del mar", es decir, el infierno. Según él, su nariz rota se debía a un golpe recibido en un combate que, en una de esas ocasiones en las que perseguían a los agentes del infierno, había tenido con cierto mago negro llamado Skeistan. Según el anciano, cuando los hombres-lobo mueren van al cielo, y si no fuera por su intervención, el diablo asolaría la tierra, ganados y cosechas, explicó Thiess, quien afirmaba que tanto los hombres lituanos como los alemanes y rusos odiaban al diablo y se consideraban los "perros de Dios". Su convencimiento de que el oficio de su sociedad era completamente benéfico para la humanidad era tal que cuando los inquisidores intentaron convencerles de que todos los hombres-lobo habían hecho un pacto con el diablo, el anciano les contradijo enérgicamente y llegó a afirmar que sus acciones eran de mayor provecho que las del sacerdote. Testimonio parecido dio un joven en Riga, quien afirmaba que en su condición de lobo había combatido contra brujas. Algunas personas sabían cuál era su condición. En una fiesta, el joven se desmayó. Al día siguiente, a quienes le habían reconocido como hombre-lobo, les relató que había caído en trance y estuvo combatiendo durante el mismo con una bruja presente en la celebración. Restos de antiguas tradiciones se dan también en el caso de los franceses meneurs de loups, los encantadores de lobos, personas vinculadas a la tradición brujeril, en la que perviven probablemente algunos rasgos menores del antiguo druidismo galo. Estos seres, voluntariamente aislados de las sociedad como ermitaños o flautistas itinerantes, iban siempre acompañados de lobos, sus únicos amigos, que les seguían hechizados por la melancólica música de sus flautas. La misma fascinación parecían sentir los lobos hacia Ana María García, nacida en 1623 en el pueblo asturiano de Posada de Llanes, a quien llamaban "la Lobera", porque iba de un lado para otro y "andaban los lobos con ella". La Lobera afirmaba que el poder sobre los lobos le había sido transmitido por otra bruja asturiana, Catalina González, lo cual podría indicar la pervivencia, en el norte de España, de una cadena iniciática de encantadores de lobos. ||TIEMPO DE HOGUERAS|| La admiración y el respeto por
el lobo, el "espíritu del bosque", se iría
tornando en odio y miedo con la llegada del Cristianismo y la deforestación.
Por un lado, el lobo acabaría convirtiéndose en símbolo
del mal, la noche y la oscuridad; una bestia al servicio de Satán,
opuesta al divino Cordero. Por otra parte, la desaparición
a lo largo de la Edad Media de los grandes bosques europeos, habría
obligado a la población lobuna a causar estragos en el ganado
e, incluso, a vagar por ciudades y pueblos en busca de víctimas
fáciles y propicias. A partir de ese momento, se extendió
por todo el viejo continente un deseo de extinción del temido
depredador, rodeado ya de un halo de fascinación y horror.
Francia se convirtió en el epicentro de una auténtica epidemia de licantropía, registrándose unos 30.000 casos entre 1589 y 1610. Pero anteriormente, en 1558, un cazador, tras encontrarse con un noble de la localidad que le pidió alguna de las piezas que cobrara durante el día, fue atacado por un lobo del que pudo zafarse incluso llegó a cortarle una garra que guardó en un zurrón. Se dirigió a la casa del noble a quien contó lo sucedido. Para su sorpresa, al sacar la garra para enseñársela a su interlocutor, lo que extrajo fue la mano cortada de una dama. El noble, aterrado, reconoció el anillo de oro en uno de los dedos. Se dirigió apresurado hacia las estancias inferiores y encontró a su esposa vendándose un muñón aún sanguinolento. La mujer confesó su naturaleza de lobo y fue condenada a arder en la hoguera. ||LOS HOMBRES-LOBO BRUJOS|| Más famoso es el caso ocurrido
en Dôle, Franco Condado, en 1573, donde el Parlamento se hizo
eco de las denuncias de varias localidades, según las cuales,
"en los últimos tiempos se ha visto con frecuencia un
hombre lobo, que al parecer ha apresado a varios niños pequeños,
a quienes no se ha vuelto a ver". La intervención diabólica y la relación con la hechicería queda patente en un caso ocurrido treinta años más tarde en las Landas, donde un pastor de 14 años, Jean Grenier, confesó que "cuando tenía diez u once años, mi vecino, Del Thillair, me presentó, en las profundidades del bosque, al Maître de la Forêt, un hombre negro que me hizo una señal con una uña y nos dio a Del Thillaire y a mi una piel de lobo y una pomada. De vez en cuando, corro por el campo bajo la forma de un lobo". Según su declaración, tras ponerse la piel de lobo y untarse con el ungüento, se transformaba en lobo, aspecto bajo el cual había devorado a más de cincuenta niños de la comarca. El tema del cinturón de piel de lobo reaparece en otro proceso famoso, esta vez alemán. El acusado, Peter Stubbe, afirmaba estar en posesión de un cinturón mágico de piel de lobo, "proporcionado por el diablo", que le daba la capacidad de transformarse en lobo. De esta forma, atacó, violó y devoró a muchas víctimas, entre las cuales se hallaban dos mujeres embarazadas, de las que extrajo el feto para comerse el corazón caliente del mismo. Desde los doce años, Stubbe había practicado la magia negra. Finalmente, fue encontrado culpable de cometer incesto habitualmente con su hija y su hermana y de algo mucho más terrible: haber derramado toda su maldad sobre quien él llamaba el alivio de su corazón, su propio hijo, a quien condujo a un bosque "donde lo asesinó con la mayor crueldad, hecho lo cual, le sacó realmente los sesos fuera de la cabeza y se los comió". Tras sus espantosas declaraciones, Stubbe fue torturado en la rueda, lo desollaron mediante tenazas al rojo vivo, le rompieron brazos y piernas, fue decapitado y, por último, se quemó su cuerpo junto al de su amante y su hija, condenadas ambas a arder vivas como cómplices de sus fechorías. ||NO TODO ESTÁ EXPLICADO|| Los casos de hombres-lobo diabólicos
se suceden a lo largo de nuestra historia desde el siglo XVI. En algunos
casos se trata de una maldición, una posesión diabólica
que obliga al individuo a convertirse en una fiera sedienta de sangre.
En otros, son hechiceros, que mediante ungüentos, cinturones
o rituales, se transforman en animales para acudir al aquelarre y
experimentar goces brutales y prohibidos. Lo cierto es que, aunque sirvan para aclarar muchos casos estudiados recientemente, ninguna de las hipótesis propuestas parece ofrecer una explicación satisfactoria del fenómeno. Hay muchos chamanes que aseguran convertirse en lobos en su viaje extático. Su condición de espíritus libres les permite adquirir la forma que deseen. El haber tomado conciencia de la verdadera naturaleza que se oculta tras cada forma y especie parece haberles dado la posibilidad de liberarse de un sólo estado de Ser, pudiendo así asumirlos todos, según sus necesidades. Caso opuesto sería el de los hechiceros y los hombres-lobo involuntarios, ambos llevados por impulsos malignos y destructivos. Las tradiciones de diferentes culturas afirman que el hombre posee varias almas, una de las cuales es la de un animal o un vegetal y que a veces "reside" realmente en uno de estos seres. Desde el punto de vista tradicional, esta creencia equivales a decir que entre el Ser inmutable e incalificable y la forma manifiesta en lo material existen diversos estratos psíquicos intermedios, más concretos y limitados cuanto más nos acercamos a la forma asumida tal como la percibimos en este mundo. Cuando esta forma muere, el Ser adopta otra. Pero al igual que la materia física del cuerpo se descompone en múltiples partes que van a integrarse en otros cuerpos (parte de nuestra materia puede haber formado parte antes de una fruta, un cristal o una estrella ya desaparecida), la sustancia psíquica se desintegra a su vez, yendo a conformar la materia psíquica de otros seres. ||FANTASMAS MENTALES|| Pero los rasgos psíquicos asimilados
dentro del edificio mental no tienen por qué ser los heredados
de otros seres humanos, sino que abarcarían los de otros muchos
seres, incluidos los lobos. Si esos rasgos son lo suficiente intensos,
podrían, en algún caso, apoderarse de la conciencia
del individuo. Y ahí comenzaría la maldición
del hombre-lobo. Francisco Javier Arries
|