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¿Habitantes de lo invisible o alucinaciones? ¿Productos de la mente o presencias reales? Millares de personas, desde la más remota antigüedad, afirman haber visto, tocado u oído a seres, e incluso objetos, que ya no están en el mundo de los vivos. ¿Existe una realidad invisible qué no percibimos? ¿De dónde proceden? ¿Cuáles son los motivos de sus "visitas"? Es el año 1964. Los obreros de
cierta fábrica de automóviles en Detroit están
ocupados en su trabajo diario. En un descuido, alguien acciona sin
querer una enorme máquina de estampación. Todos los
presentes miran hacia un mismo punto. Uno de los ajustadores ha salido
lanzado por el aire. Al instante se dan cuenta de que la máquina
se había dirigido hacia la posición en la que estaba
el compañero. Tras el susto inicial, el hombre refiere que
ha salvado la vida gracias al tremendo empujón de un operario
negro, de fuerte complexión y con una cicatriz en el rostro.
No está presente y nadie conoce a ningún compañero
que se ajuste a la descripción. Sin embargo, los más
veteranos sí le conocen. Se trata de un trabajador muerto hace
20 años. En aquel mismo lugar, una prensa le aplastó
la cabeza. No se trata de un relato de misterio, sino de un hecho
real y constatado. ||EL ESPECTRO Y EL FILÓSOFO|| Gracias a Plinio el Joven, en el siglo
I, conocemos la historia del filósofo griego Atenágoras,
quien compró una casa a bajo precio, pues se afirmaba que estaba
encantada. Esa misma noche, en su nueva vivienda, al oír un
ruido como de hierros que se arrastraban, se dirigió a la estancia
de la que procedían. Allí se encontró con la
figura de un anciano malvestido y con cara de enajenado que le hizo
señas para que fuese tras él. Repuesto de la primera
impresión, el filósofo le siguió hasta el patio
interior. Allí, en un punto determinado del suelo, el espectro
se desvaneció en el aire. Al día siguiente el filósofo
contrató a un hombre para que excavara en aquel lugar, poniendo
al descubierto un esqueleto humano cargado de cadenas. ||BESTIARIO DE DESAPARECIDOS|| Cuando en el siglo pasado los investigadores
comenzaron a estudiar los casos de apariciones de forma metódica,
se hizo patente que cada experiencia podía enmarcarse en una
categoría, a menudo clara y definida. En una primera clasificación
cabe distinguir entre las "apariciones excepcionales" y
los "espectros persistentes". En los primeros casos, el
"visitante" suele ser alguien relacionado, directa o indirectamente,
con el testigo. En tales experiencias, ocasionales y fortuitas, la
aparición actúa como si se percatara de que el testigo
está allí e intenta comunicarse con él. En el
caso de los "espectros persistentes", el fantasma parece
asociado a un lugar determinado, lugar donde diversas personas, en
diferentes épocas, afirman haberlo visto, a menudo en la misma
fecha del año. El espectro actúa de forma mecánica,
indiferente, como si no se percatara del testigo, dando la curiosa
sensación de que se trata de algo escenificado. A veces sube
o baja por escaleras invisibles que existieron tiempo atrás
o atraviesa las paredes allí donde, en otro tiempo, hubo una
puerta. ||EL QUE CAMINA CON UNO|| De "fantasmas de vivos" podría
calificarse el fenómeno de la visión del propio doble,
conocida como doppelgänger en Alemania, o coimimeadh, "el
que camina con uno", en Escocia, donde el doble se atribuye a
una especie de simulación elaborada por duendes o seres feéricos,
es decir, del mundo de las hadas. Protagonistas de estos extraños
encuentros fueron, por ejemplo, Isabel I de Inglaterra o los escritores
Goethe, Percy Bysse Shelley o Guy de Maupassant. Más intrigantes son los casos
de "apariciones postmortem", en las que el sujeto cree percibir Existen constancias de decenas de testimonios similares en los que el protagonista recibe una información verificable y detallada, por parte de algún familiar o conocido ya fallecido, que él no podía haber conocido de antemano. Existe, sin embargo, una categoría de casos, que implican a personas muertas generalmente hace mucho tiempo y que, como apuntamos antes, revisten características completamente diferentes a las de las "apariciones postmortem". Se trata de las "apariciones recurrentes". A este apartado pertenecen los espectros que pueblan los llamados lugares o casas encantadas, como el fantasma del anfiteatro de Drury Lane, donde muchos actores han percibido al llamado "hombre de gris", posiblemente el espectro del cómico Joe Grimaldi; los fantasmas del castillo de Glamis, en el que se descubrieron los esqueletos de varios hombres a los que probablemente se dejó morir de hambre; Ataúlfo, el fantasma del Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, donde sucesivas remodelaciones han puesto al descubierto restos humanos e incluso los cadáveres momificados de tres monjas que aún siguen enterradas bajo la entrada principal; o el fantasma femenino que -no lejos de este último lugar, en la Casa de las Siete Chimeneas, donde se encontró el cadáver de una mujer del siglo XVI- ha sido visto paseando por el alero del tejado. La lista, que incluye a personajes históricos y a otros menos relevantes, pero que tuvieron existencia real y se encontraron en su mayoría asociados a una vida trágica o a una muerte violenta, es interminable. ||BATALLAS DEL PASADO|| Aún más asombrosos son
los casos de "apariciones múltiples". Si el dolor
o la intensidad emocional son el detonante de muchas de las "apariciones
recurrentes", podría pensarse que los campos de batalla
son el lugar ideal para este tipo de encuentros. En efecto, son muchos
los casos de testigos que han visto auténticas "representaciones
espectrales" de batallas ||ANIMALES DEL MÁS ALLÁ|| Y es que los fantasmas no son sólo humanos. Una casa de Oxenby parece estar habitada por el espectro de un gato negro mutilado, que ha sido visto en diferentes ocasiones. La famosa Torre de Londres es un verdadero hervidero de fantasmas de personajes célebres que perecieron entre sus muros cuando el edificio era cárcel y patíbulo. Entre ellos se cuentan el duque de Monmouth, Ana Bolena, la condesa de Salisbury o Thomas Becket. Además de sus muchos espectros, la Torre cuenta con un oso fantasma. La aparición de un animal similar ha sido vista también en los madrileños jardines del Campo del Moro. Interesante es el caso de Megatherium, el perro de una familia apellidada Beauchamp, por tratarse del fantasma de un animal vivo. Los Beauchamp oyeron una noche los pasos del perro por su habitación, justo en el momento en que el can se estaba estrangulando accidentalmente con su propio collar en el piso inferior. Alertados por su hija, pudieron salvar al perro. ||OBJETOS FANTASMAGÓRICOS|| Pero volvamos a la Torre de Londres.
Entre sus ocupantes invisibles se cuenta un frasco de unos 7 cm de
diámetro que apareció un buen día ante E.L. Swift,
vigilante de las joyas de la corona, y ante su esposa. El frasco,
conteniendo dos líquidos que se agitaban en su interior, avanzó
ante la aterrorizada mujer del vigilante, quien le lanzó una
silla, tras lo cual se desvaneció en el aire. ||¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS FANTASMAS?|| La variedad y el número de casos
es impresionante. ¿Con qué clase de fenómeno
nos encontramos? Estas y otras muchas preguntas surgen ante el investigador.
¿Son meras imágenes? ¿O se trata de alucinaciones?
En el siglo pasado, los investigadores asistieron a la explosión
del espiritismo y, con él, a la llegada de los grandes médium.
Florence Cook -con sus materializaciones del espectro de Katie King-,
Eusapia Paladino, Guzik Kluski o Rudi Schneider, sorprendieron a los
investigadores con sus producciones de ectoplasma, una substancia
plástica que parecía surgir de los poros del médium,
a menudo de su boca y nariz, y que servía de soporte para la
materialización de los espíritus en las sesiones espíritas.
Dicha substancia ha sido estudiada en algunas ocasiones, como es el
caso de la muestra recogida y analizada por el grupo Hipergea, y cuya
composición resultó ser similar a la del tejido humano,
particularmente a la de la piel papilar. Pero ¿cómo explicar entonces las apariciones recurrentes? Para tratar de interpretarlas, Eleanor Sidgwick desarrolló la llamada teoría psicométrica, según la cual se trata de experiencias subjetivas en las que el testigo capta una impregnación, una especie de grabación provocada por una fuerte emoción en lo que podría denominarse atmósfera psíquica del lugar, como si existiera una especie de substancia psíquica interpenetrada con la materia y con el espacio, capaz de ser impresa con ciertas imágenes mentales perceptibles para ciertos sujetos en determinadas condiciones. La teoría psicométrica fue reelaborada más tarde por el bioquímico Milan Ryzl en base a experimentos con personas dotadas, de los que parece deducirse que el pensamiento puede quedar ligado, de alguna forma, a los objetos materiales. ||LA BRECHA ENTRE LOS MUNDOS|| Quizá la respuesta esté en la psicología y en la metafísica tradicionales, tal como se expone en doctrinas como la budista o la hindú, cada vez más atractivas para algunos físicos cuánticos. Según dicha cosmovisión tradicional, los fantasmas no son sino residuos psíquicos más o menos complejos y autónomos, partes disociadas, tras la muerte, de lo que una vez fue la psique, una mente organizada en una falsa sensación de yo; un agregado de componentes o de pequeños "yoes" que nos da a cada uno la engañosa sensación de ser individuos separados. La nueva física replantea nuestros conceptos de materia, de espacio y tiempo e incluso de realidad. Pese a su apariencia sólida, la materia, en su esencia última, parece una entelequia, un fantasma en sí misma. ¿Y si nuestra realidad no fuese sino una alucinación colectiva alimentadas por todas y cada una de nuestras mentes, una suerte de escenario consensuado? Quizá no cabe hablar de materia, sino, en general, de substancia, de una componente del Universo capaz de tomar forma y atributos diferentes. La materia no sería entonces sino una de sus múltiples variedades, poseedora de propiedades físicas como gravedad, espacio y tiempo. Pero otra de sus manifestaciones podría ser una especie de materia psíquica, dotada de sus propias características: la substancia de la que estarían hechos los fantasmas. Ambas manifestaciones del mismo principio podrían interpretarse y de esta forma es posible que, en determinadas circunstancias, nuestro campo de percepción se amplíe, dándonos una visión de lo que el brujo yaqui Don Juan llamaba "la brecha entre los mundos", la rendija por la que se cuelan los fantasmas
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