
|
|
"Es la música
quien me ha hecho creer en Dios" ************************* Los antiguos griegos creían que la música modelaba la personalidad de los individuos. En los templos egipcios, ésta forma parte esencial de sus ritos mágicos parta alterar el curso de la Naturaleza o tratar enfermedades. Y hoy se sabe que en efecto, el sonido es capaz de modificar la materia. Las claves secretas de la música radican en la armonía y la matemática, y de ello han sido conscientes muchos de los grandes músicos e iniciados de todos los tiempos. Los nativos no tardaron en aparecer. Ordenadamente,
se distribuyeron formando dos triángulos concéntricos
en un descampado y en el centro situaron una tienda de campaña
decorada con dibujos de vivos colores. Extrañamente, no la fijaron
al suelo. Mientras tanto, un grupo de músicos ricamente ataviado
fue tomando posiciones junto a la formación de indígenas
y comenzó a golpear de forma rítmica sus tambores. Y no acabó ahí todo. La señora Bevan observó también cómo los músicos cambiaron repentinamente de ritmo. Al extenderse el nuevo sonido por la planicie, la tienda voló por tercera vez, aunque sobre el suelo se hizo visible la silueta brumosa de un indio atlético vestido con ropajes blancos. ¿Un espíritu? Cuando la tienda descendió por última vez, aquella imagen se esfumó... Este relato, publicado en septiembre de aquel mismo año por la revista británica Psychic News es, aunque sorprenda, una más de las innumerables narraciones que a lo largo de la historia hacen alusión al extraordinario poder de la música. Casos similares a éste son citados por viajeros, escritores y ocultistas como Helena Blavatsky, que los recogió en su Doctrina Secreta. Y es que, en algunos lugares como el Tíbet, se cuentan leyendas de iniciados en la "ciencia sagrada" de los mantras, que al parecer podían utilizarse para transportar enormes masas rocosas al entonar ciertos sonidos. No falta incluso quienes han teorizados que las ciclópeas construcciones megalíticas europeas, las pirámides de Egipto o las estatuas de la Isla de Pascua, fueros trasladadas gracias al auxilio de cantos mágicos, palabras de poder o danzas que tenían la facultad de aligerar la materia sólida. Ahora bien, ¿qué base existe para este tipo de relatos? ¿Y desde cuándo circulan? ||ANTIGUA GRECIA|| Los antiguos griegos ya comprendieron
la importancia que la música tenía en el desarrollo equilibrado
del individuo. Platón, por ejemplo, consideraba que era ||PITÁGORAS, EL MAESTRO ARMÓNICO|| La influencia de las teorías de
Pitágoras fue determinante por lo menos en cuatro parcelas de
conocimiento: la filosofía, las matemáticas, la física
y el ocultismo. Para los pitagóricos, toda la materia contenida
en el espacio podía ser cuantificable matemáticamente,
y como el principio mismo de las matemáticas residía en
los números, establecieron que éstos eran la esencia misma
del Universo. Afirmaron que, como las cifras son de dos tipos -pares
e impares- la realidad podía definirse dualmente como la oposición
entre contrarios, siendo el equilibrio entre ambos lo que llamaron Armonía.
Y ésta, aplicada al terreno de la acústica, equivalía
a la relación simpática entre los distintos intervalos
sonoros. La ambiciosa visión de Pitágoras no se detuvo, sin embargo, en la entonación de melodías. Enseñó a sus discípulos a curar enfermedades por medio de sonidos, y les mostró la relación que existía entre la belleza de las formas geométricas, los astros, los colores y las notas musicales. Según Porfirio, uno de sus biógrafos, Pitágoras consideraba el cosmos como un conjunto de analogías y proporciones invisibles, firmemente equilibradas entre sí. Pensaba que, tal como la "música cósmica" se difunde por el éter y equilibra el Universo, del mismo modo deberían difundirse las músicas compuestas por los artistas. Su "música de las esferas" no era sólo una especulación idealista, sino una auténtica realidad física. Por desgracia, tras su muerte este genio fue muy criticado. Al cristianismo no le interesaba que la creencia de los pitagóricos en la reencarnación y la inmortalidad del alma se difundiese y optaron por asimilar el pensamiento platónico, mucho más adaptable a su ideología. La herencia de los pitagóricos, sin embargo, fue recogida más tarde por grupos de iniciados que se organizarían en logias masónicas, fraternidades rosacruces, sociedades teosóficas y demás movimientos ocultistas. ||EL DIVINO PENTAGRAMA||
Según Luciano, el pentagrama era la contraseña secreta de los pitagóricos. A pesar de que sus detractores los tacharon de locos sectarios, lo cierto es que la "sección áurea" en la que se basaba triunfó entre escultores como Polícleto o genios como Leonardo, que hicieron de la "sección áurea" la base de su "canon", logrando seducir a autores posteriores como Descartes, Skakespeare o Kepler. Así pues, tanto el intervalo musical de quinta, que es un elemento imprescindible del actual sistema tonal, como la "sección áurea", que en la estructura ternaria de algunas formas musicales aparece frecuentemente, denotan el imperecedero influjo de los pitagóricos en la música occidental. ||EL NÚMERO MÁGICO|| En el esoterismo medieval, el número
siete equivalía a la totalidad del Universo. Los siete sonidos
de la escala se relacionaban con colores, era una poderosa clave para
introducir a los iniciados en los misterios de la magia. Las teorías
de Platón y Pitágoras, que relacionaban el equilibrio
de las proporciones musicales con el ánimo, se extendió
durante esa época en la arquitectura, y la proporción
áurea se reflejó en muchos edificios. Los artistas del
medievo tenían muy presente la correspondencia entre las diferentes
artes, y era muy frecuente que planteamientos musicales, Un conocido caso de "música celestial" es el vivido por Hermann Joseph von Steninfeld (1150-1229), devoto de Santa Úrsula y de sus once mil vírgenes, que escribió el himno O Vernantes Christi Rosae, gracias a que el enorme coro de las doncellas cantaba "desde el más allá" la melodía mientras él la transcribía. Richard Rolle (1300-1349), por su parte, fue un poeta y visionario eremita que escuchaba el canto de los ángeles al tiempo que sufría un apreciable cambio de temperatura corporal. Más conocidos son los fenómenos protagonizados por la benedictina Hildegarda von Bingen (1098-1179) que entraba con frecuencia en estados de arrobamiento en los que escuchaba música cantada por los ángeles. Incluso, redactó textos en una lengua desconocida que, según decía, le era dictada por un espíritu celestial. Estos escritos, que constituyen uno de los más genuinos ejemplos de xenoglosia, aún esperan un estudio filológico serio que arroje alguna luz sobre su significado. ||ALQUIMISTAS Y ROSACRUCES||
En su obra de principios del siglo XVII, Utrisque Majoris et Minoris Historia, Fludd propone una correspondencia entre las proporciones humanas y las del Universo a través de la música. Para Fludd, la música es un compendio de la numerología que rige el Cosmos, equilibrándolo a través de la armonía de las almas que gobierna Dios. Según él, la armonía del alma estaría formada por sonidos agudos que progresivamente se harían tan sutiles que no podrían ser percibidos por el oído humano. Esta vibración inaudible para los simples mortales, sería la misma "música cósmica" a la que se refirió Pitágoras. Otro alquimista, Michael Maier (1568-1631),
supo sintetizar en su libro La Fuga de Atalanta (1618), las especulaciones
de su amigo y co-frater Fludd, aunque mientras el inglés se expresaba
filosóficamente, Maier preferirá hacerlo a través
de hermosos grabados alegóricos. De este modo, cada uno de los
pasos que conducía a la realización de la "Gran Obra"
alquímica, estaba ilustrado por una magnífica imagen de
carácter hermético, por un breve poema y por una composición
musical a dos voces con acompañamiento de bajo continuo. La música
de atalanta, Además de en el trabajo de Maier, también hay claras alusiones musicales en las obras de otros taumaturgos como Heinrich Khunrath (1560-?), que presenta una mesa llena de instrumentos musicales en uno de los grabados de su Amphitheatrum Sapientae Aeternae, o Barchusen, que incluye la imagen de un coro de ángeles en el frontispicio de un grabado del Museum Hermeticum. Otras referencias musicales se contienen en Las Bodas Químicas y en Cristianópolis (1619), ambas del ya citado Andreade. Pero la tradición musical rosacruz, una de las más ricas de la historia oculta, no se acabaría aquí. D.M. González de la Rubia - "Más Allá"
|