Envejecer con plenitud

 

"El viento que dio a nuestro abuelo su primer aliento también se llevará su último suspiro. Y es el mismo viento que debe dar a nuestros hijos el espíritu de la vida" ( Jefe Seattle, Suquamish/Duwamishi).

***************************************

No se trata de competir con el calendario, sino de vivir más y mejor para sacarle el máximo partido a cada momento de nuestra vida. La clave para conseguirlo es empezar a cuidarse pronto y afrontar la vejez con un estilo de vida adecuado.

Llegar a una edad avanzada y mantener una buena salud -dentro de unas naturales limitaciones- es un humano y razonable deseo. Pero para lograrlo no hay que esperar a la edad de jubilarse, sino que debemos prepararnos un poco cada día. El resultado final no dependerá sólo de nuestro modo de vida -hay otros factores en juego-, pero éste será una decisiva aportación.

Decidir el momento en que alguien puede considerarse "mayor" no es fácil. En primer lugar porque es un Tortugaproceso gradual, y también porque hay tres edades que no siempre coinciden: la cronológica (edad oficial), la biológica (estado de vitalidad física) y la psicológica (actitud mental y emocional). Si admitimos, como los pitagóricos y ciertas líneas orientales, que la vida se desarrolla en ciclos de siete años, y diez de éstos suman 70, ¿sería ésta la edad del cambio?

En comparación con los animales, el ser humano está relativamente favorecido en longevidad, pues si vive menos que la tortuga lo hace más que la mayoría de mamíferos, y una serie de pruebas científicas indican que deberíamos ser todos centenarios.

||¿VIVIR PARA SIEMPRE?||

Hasta hace poco se creía que la duración máxima de vida de una especie estaba programada genéticamente y que sus células sólo podían reproducirse un número determinado de veces. En los humanos el límite de reproducción de las células -no más de una cincuentena- nos lleva a una posibilidad de vida de 120 a 125 años. Era la teoría de Moorhead y Hayfluck, formulada en 1961.

Pero diversas investigaciones en vivo contradicen sus resultados, que se obtuvieron in vitro. En los estudios más recientes las células humanas han podido reproducirse más allá del límite de Hayfluck, incluso sin mostrar las señales de degeneración por envejecimiento. Puede que no haya un límite fijo para la longevidad humana. Parece incluso que algunas células podrían reproducirse indefinidamente. Pero sobre todo, estos investigadores apuntan que no son las células que se dividen y reproducen las que más padecen el envejecimiento, sino las células que no se renuevan y que constituyen los músculos, el corazón o el tejido nervioso.

PezAdemás, algunos ejemplos de la propia naturaleza indican que el proceso de envejecimiento está más relacionado con factores ambientales y hormonales que con los genéticos. Por ejemplo, los peces hembra del Pacífico norte, incluso a edades de hasta 140 años, producen huevos abundantes, frescos, sin signos de senectud.

La influencia del entorno es muy llamativa en el caso de la secuoya, cuya vida alcanza fácilmente los mil años. Pero mientras que a baja altitud no suele sobrepasar los 1.500 años, los ejemplares ubicados en zonas más altas multiplican esa cifra por tres, y los más longevos pasan de los 5.000 años. El aumento de la esperanza de vida se debe a que a esa altura hay muy pocos insectos depredadores y también menos competencia entre individuos de la misma especie. Lo más sorprendente es que se trata de algo accidental; que algunas secuoyas crezcan tan alto se debe a que un pájaro transporta sus semillas mucho más arriba de lo que el viento suele hacerlo.

||POR QUÉ ENVEJECEMOS||

Una respuesta directa a esta pregunta está en relación con los otros grandes problemas del por qué se vive y se muere. Es decir, no hay respuesta, por lo menos a nivel biológico. Pero en cambio sabemos cómo se envejece. El médico, el anatomista, el fisiólogo, el histólogo, refieren -cada uno a su manera- el envejecimiento del organismo. El esqueleto, nos dicen, se descalcifica y se hace quebradizo; en las arterias aparece la induración o esclerosis; el corazón se dilata; el cerebro se encoge, los centros nerviosos se pigmentan, la médula ósea amarillea y se endurece; el cabello blanquea, la piel empalidece y se arruga; la vista y el oído se debilitan; los tejidos tardan más tiempo en cicatrizar...

Hay, en definitiva una tendencia a la esclerosis -endurecimiento- progresiva de los tejidos que, al hacerse menos elásticos, Corazónprovocan una disminución en la actividad funcional de los órganos más vitales. No se sabe la causa última de este proceso, si bien conocemos factores implicados: disminución de la actividad hormonal e inmunitaria, del potencial oxidoreductor, de los sistemas enzimáticos...

Con el envejecimiento se registra una disminución del potencial energético y un menor rendimiento del metabolismo celular y, por consiguiente, de uno o de varios órganos esenciales.

Parece muy natural que la máquina viviente se debilite después de cierto tiempo de funcionamiento, pero desde el punto de vista biológico se sabe que las máquinas vivientes difieren de las inertes en que durante la fase juvenil la reparación compensa el desgaste. ¿Cómo explicar que, pasada cierta edad, la reparación sea insuficiente?

||CUANDO EL ADN ENVEJECE||

Estudios llevados a cabo en la Universidad de California han puesto en evidencia el papel de los llamados telómeros en la correcta renovación celular. Estos fragmentos de ADN se localizan en la extremidad de los cromosomas y tienen la misión de protegerlos. En cada reproducción celular desaparece un fragmento de ellos y cuando la cinta de telómeros se hace demasiado corta, el cromosoma no puede ya reproducirse y la célula muere. Además, conforme se va duplicando, el mensaje genético se degrada.

Los mecanismos de autocorrección del organismo se vuelven menos efectivos y necesitan más energía. Poco a poco, el cuerpo funciona menos bien: se acumulan las proteínas desnaturalizadas y desechos no reciclados, la comunicación entre la célula y su medio se vuelve difícil, el colágeno y la elastina -que hacen un poco el papel de cemento- se rigidizan; la elastina se satura de lípidos y calcio dañando arterias, corazón, huesos; aparecen las arrugas.

Pero todo esto no nos acaba de explicar por qué la esperanza de vida es cuarenta años inferior a lo que se supone que podría ser. ¿Por qué la máquina humana se gasta antes de lo previsto? Fue Harman (1956) el primero en formular una explicación a las perturbaciones celulares que aceleran el envejecimiento, mediante la teoría del estrés oxidativo por los llamados "radicales libres". Subproductos del metabolismo están dotados de un electrón libre que les permite asociarse a otras sustancias cuyas propiedades serán así modificadas.

||RADICALES LIBRES||

Nuestro organismo fabrica radicales libres a partir del oxígeno y la respiración celular. En condiciones normales, el cuerpo los neutraliza gracias a la acción de enzimas especiales. Los que se les escapan son cazados por verdaderos antioxidantes: vitaminas, minerales y amonoácidos. Pero pueden verse sobrepasados a causa de factores externos: exposición a rayos UVA, rayos X de las radiografías, aditivos alimentarios, plaguicidas, tabaco, contaminación química, electromagnética, automovilística o industrial, estrés... Los radicales afectan sobre todo a:

* Los ácidos grasos de las membranas celulares: lo que modifica la interacción entre la célula y su medio. Esto podría explicar la disminución de la vigilancia de los linfocitos -que se abstienen de eliminar microbios y células cancerosas-, y el enlentecimiento de ciertas funciones vitales (hormonas, impulsos nerviosos...).

* Los aminoácidos: oxidados, van a agregarse y formar las conocidas manchas marrones seniles. Se observa también la alteración de las fibras de colágeno del tejido conjuntivo -una especie de moléculas lubricantes de las articulaciones-, de ahí la tendencia a padecer dolores reumáticos.

* El colesterol y las lipoproteínas LDL: su forma oxidada se deposita en las placas ateroscleróticas e inhibe la formación de prostaglandina PG12, que es la encargada de impedir los coágulos sanguíneos.

* Fragmentos de ADN y ARN: esta alteración es la más grave, puesto que concierne al código genético. Un cromosoma así modificado es origen de errores de reproducción celular, con riesgo de cancerización.

||FACTORES DE LONGEVIDAD||

Como en tantas otras facetas de la salud y la enfermedad, en el envejecimiento hay dos factores principales que entran en juego: la predisposición genética y el modo de vida más o menos favorable a la longevidad.

No es exacta, sin embargo, la creencia de que para alcanzar una edad avanzada es necesario poseer un organismo resistente, exento de taras debilitantes congénitas o adquiridas. Todos conocemos personas con una mala salud... de hierro. Porque una cosa es propensión a enfermar -morbilidad- y otra distinta a morirse -mortalidad-. Se puede ser muy sensible a las enfermedades y muy resistente a la muerte; además, los que han sufrido dolencias -sobre todo si las han curado con terapias naturales- han formado defensas contra ellas y han aprendido a saber cuidarse.

Pero hay etnias y emplazamientos geográficos más propensos a la vida larga. Basta citar casos conocidos: los georgianos, en las antiguas repúblicas soviéticas; los hunzas del Himalaya, en el extremo norte de Pakistán, a 2.000 metros de altitud; y el "Valle de los centenarios" en Ecuador, cordillera de los Andes. En estos lugares es frecuente alcanzar edades avanzadas -incluso los 120 años- en plenas facultades físicas y mentales, exentos de las enfermedades degenerativas propias de nuestra civilización. El aire y agua puros, así como una alimentación frugal pero rica en vitaminas y oligoelementos, pueden ser factores decisivos.

Pero también el género es un factor determinante; las mujeres viven más años que sus congéneres masculinos, y hay varias razones que lo explican. El hombre presenta, en efecto, un 88% más de riesgo de morir de una enfermedad cardiaca, un 45% de un cáncer, 69% de neumonía o gripe, y casi 8 veces más riesgo de ser víctima del sida. Ser varón es peligroso en sí mismo -afirma el genetista Steve Jones, de la Universidad de Londres-; al nacer hay 105 niños por 100 niñas, mientras que a los 70 años quedan dos veces más mujeres que hombres. esto me recuerda un chiste acerca de una pareja mayor que está tranquilamente en casa y entonces la mujer dice, como pensando en voz alta: "Lo tengo decidido, cuando uno de los dos falté me iré a vivir a casa de mi hermana".

El trabajo peligroso es llevado a cabo por hombres en un 90% de los casos. También el índice de criminalidad es más elevado, al igual que la tendencia a beber, conducir deprisa y practicar deportes de riesgo. Estas diferencias están basadas en las diferencias hormonales entre ambos sexos. La testosterona, hormona masculina que desarrolla la fuerza y la agresividad, eleva la tendencia al riesgo; en cambio, los estrógenos femeninos inducen una actitud de precaución.

Además las mujeres están más acostumbradas a consultar al médico, empezando por el examen ginecológico rutinario. Los hombres, en cambio, son más reacios y saben bastante menos acerca de su organismo.

Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que los hombres longevos gozan de mejor salud y facultades mentales que las mujeres. El 44% de los varones de 80 años son independientes y robustos, contra el 28% de las mujeres de igual edad. Para el Dr. Goldberg - autor de Cómo los hombres pueden vivir tanto como las mujeres- el problema está menos en las cartas que se distribuyen al nacer que en la manera en que cada sexo las utiliza.

||SABER CUIDARSE||

El cuerpo es el "envase" que nos contiene, y cuanto mejor cuidado esté, más años podremos vivir.

  • Descansar: para tener una vida larga y sana conviene tener un reposo y un sueño fisiológico. La vida actual ha alterado y acortado nuestras horas de sueño reservadas a la desintoxicación nerviosa y a la limpieza de los órganos internos. Los ancianos también necesitan dormir de 7 a 8 horas.
  • Mantener el cerebro activo: conviene tener la mente ocupada a fin de mantener el sistema nervioso en ejercicio, aunque sin fatigarlo. En los jubilados que dejan sus ocupaciones se da un envejecimiento acelerado porque si bien a los ancianos les conviene una vida físicamente descansada, también necesitan una vida intelectualmente activa -lecturas, relaciones sociales...
  • Moverse: el movimiento mantiene los tejidos tonificados y elásticos, y ayuda a mantener el peso adecuado. El ejercicio físico forma parte del programa de prevención de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, combate la artrosis y frena la osteoporosis. Pero antes de comenzar cualquier práctica conviene cercionarse de que no existen patologías cardiacas u ortopédicas. Son deportes aconsejables: marcha a pie, bicicleta, golf o esquí de fondo. Respecto a la gimnasia muscular, el stretching está indicado en cualquier edad, evitando los ejercicios de fuerte componente isométrico -las pesas-. Son especialmente apropiados el yoga y el tai-chi.
  • Saber moderarse: como dice el refrán, "de nada demasiado". A partir de cierta edad conviene reducir los ejercicios demasiado violentos, las veladas que roban horas al sueño, el exceso de fármacos (en algunas personas mayores es una verdadera manía), los cambios bruscos de temperatura, las emociones fuertes, la agitación...

Así pues, mantenerse en buena forma, tanto física como mental, es una aspiración humana lógica y deseable. Aunque no hay que enfocarlo de manera sólo cuantitativa. Bueno es recordar que no se trata únicamente de añadir años a la vida; lo importante es añadir vida a los años.

Dr. Daniel Bonet - "Integral"

Retrocede