Cleopatra


Tenía el objetivo: preservar la independencia de Egipto frente a Roma. Tenía la preparación: hablaba nueve idiomas y conocía las intrigas de la corte. Tenía las armas: un encanto femenino indescriptible. Con este bagaje, primero sedujo a Julio César. Y luego a Marco Antonio, con quien vivió un tórrido romance sin descuidar nunca los intereses de su país. La muerte la convirtió en una mujer de leyenda.

En realidad es muy poco lo que se sabe a ciencia cierta de la reina Cleopatra -la VII de su nombre-, ya que no nos ha llegado ninguna biografía suya redactada estando en vida. Si algo se conoce de ella es porque se cruzó en el camino de otros grandes gobernantes sobre los que sí se conservan biografías contemporáneas, como Julio César, Marco Antonio y Octavio Augusto. Sin embargo, el vacío documental se vio muy pronto rellenado con numerosas anécdotas susceptibles todas de evocar una personalidad extraordinaria, a la que la propia historia, el arte y la literatura ha ido añadiendo pasajes de heroína legendaria.

Su familia, de origen griego, se había establecido en Egipto tras su conquista por parte del macedonio Alejandro Magno. Ya en el año 323 a. C. Ptolomeo Lagos había instaurado su Pirámidepropia dinastía en la tierra de los faraones, haciendo de Alejandría la más importante ciudad de su época. Gracias al historiador griego Plutarco de Queronea se sabe la fecha del nacimiento de Cleopatra. El autor indica en su Vida de Antonio que la reina de Egipto había muerto a los 39 años. Puesto que se suicidó el 12 de agosto del año 30 a. C., hubo de nacer en el año 69 antes de la era cristiana.

Fue hija de Ptolomeo XII, apodado Auletes ("tocador de flauta") y, probablemente, de Cleopatra VI Trifena, hermana de su propio esposo. No se sabe si su hermana-esposa llegó a darle más hijos o no. Existen, sin embargo, autores que mantienen la hipótesis de que Cleopatra había sido hija bastarda, circunstancia que, verdadera o no, nunca llegó a preocuparle. Su hermana mayor se llamó Berenice IV y otra menor, Arsinoe. Como hermanos tuvo a Ptolomeo XIII y a Ptolomeo XIV con quienes, por razones políticas y de acuerdo con la costumbre egipcia, contraería matrimonio.

||UNA REFINADA EDUCACIÓN||

No se sabe absolutamente nada de su niñez ni de su adolescencia, que debió transcurrir en algún fastuoso palacio alejandrino, en donde sería educada por maestros que le enseñaron, además de la escritura y la lengua egipcias, otros idiomas. Según Plutarco, el arameo, el Educaciónhebreo, el árabe, el etíope, el medo, el parto, la "lengua de los trogloditas" y, por supuesto, el latín no tenían secretos para ella. Su refinada educación, evidentemente, le proporcionaría el bagaje intelectual para, tiempo después, poder departir con los más altos personajes de su época y ganárselos -o intentarlo- a su causa, que no era otra que el mantenimiento de Egipto como estado independiente.

Cleopatra pudo sacar provecho también del día a día cortesano observando el quehacer político de su padre, de origen también bastardo, y elevado al trono por una circunstancia ajena a él: había sido seleccionado y escogido al no existir un heredero lágida directo. Su actuación siempre estuvo marcada por la indecisión y, si se quiere, por el temor a perder lo que la fortuna le había deparado sin esperarlo. Ello le motivó a buscar apoyos exteriores que pudo encontrar únicamente en Roma. Mediante cuantiosas dádivas, Ptolomeo XII logró ser reconocido finalmente como amigo y aliado del pueblo romano. Sin embargo, su mala política interna y externa -perdió la isla de Chipre, tradicionalmente egipcia- motivaron que sus súbditos se sublevaran, lo que le obligó a abandonar Alejandría en el año 58 a. C.

Sin otras contrapartidas dejó el poder en manos de su hija Berenice. Exiliado y refugiado en Éfeso, dos años más tarde la fuerza de las armas y la ayuda del gobernador romano de Siria le permitieron recuperar el trono. Narrar lo que ocurrió después significa evocar ante todo cruentos baños de sangre, llegando el rey a asesinar a su propia hija Berenice, reacia a devolverle el poder. Ptolomeo XII tuvo que idear todo tipo de argucias para mantenerse a flote en medio de endémicas revueltas indígenas. Sin duda, Cleopatra pudo sacar conclusiones de todas aquellas situaciones.

Cuando estaba gravemente enfermo, Ptolomeo XII intentó establecer una monarquía colegiada entre los hijos que le quedaban, depositando su testamento en manos del Senado romano a fin de garantizar su última voluntad. Pero nada se sabe de lo que sucedió antes y después de la muerte de Ptolomeo XII. Al parecer, y de acuerdo con una estela y un papiro, Cleopatra, nueva "diosa Filopátor", fue lo suficientemente hábil como para apartar del trono a su hermano Ptolomeo XIII, que tan sólo tenía diez años, y gobernar en solitario. El año 1 de Cleopatra coincidiría con el año 51 a. C.

Tampoco sabemos qué es lo que ocurrió hasta el otoño del año 48 a. C., momento de la llegada a Egipto de los romanos Cneo Pompeyo -derrotado en Farsalia- y Julio César, que le perseguía. Algunas fuentes dejan suponer que Cleopatra gobernaba con su jovencísimo hermano, con quien se hallaba casada, y debió hacer frente a una gran carestía de alimentos en aquellos años, motivada por una crecida insuficiente del Nilo. Se tiene la noticia de que a finales del 49 a. C. Ptolomeo XIII había sido declarado amigo y aliado del pueblo romano y puesto bajo la tutela de Pompeyo, ya que era menor de edad. Parece ser que Cleopatra, ante aquella circunstancia, respondió declarando la guerra a su propio hermano. Los partidarios de éste, sin embargo, lograron expulsarla de Egipto y parece que huyó a algún punto de Siria. Poco después, en el verano del año 48 a. C., pudo acantonarse militarmente con sus fieles partidarios en la ciudad de Pelusio.

Julio César había conseguido derrotar a Pompeyo en Farsalia en junio del año 48 a. C., pero éste pudo escapar de una muerte segura huyendo a Egipto en búsqueda de refugio junto a Ptolomeo XIII, de quien había sido nominalmente tutor. Sin embargo, las maquinaciones cortesanas dieron como resultado el vil asesinato de Pompeyo. César llegó a Alejandría pocos días después de aquel crimen. El romano, tal vez calculando las ventajas económicas que Egipto le podía deparar, decidió quedarse en Alejandría. A César no se le escapó la situación de enfrentamiento entre los dos hermanos, Ptolomeo XIII, gobernando en Alejandría, y Cleopatra, acampada en Pelusio.

||CLEOPATRA Y JULIO CÉSAR||

Gracias a Plutarco conocemos una de las artimañas más fantásticas protagonizadas por Cleopatra, que fue el modo que Julio Césarempleó para acercarse a Julio César, el vencedor de las Galias y de Pompeyo. El historiador cuenta que la reina había podido atravesar el bloqueo al que se hallaba sometida la ciudad de Pelusio y llegar de noche a Alejandría en una barca conducida por Apolodoro, un hombre de su absoluta confianza, quien pudo introducirla en los aposentos de César envuelta en una alfombra. El maduro romano -ya había cumplido 54 años-, ante el atractivo físico y la gracia de la joven, que tenía 21, quedó fascinado. Sin embargo, no todo fueron facilidades para Cleopatra, pues César se ajustó escrupulosamente a lo dispuesto en el testamento de Ptolomeo XII, además de imponer la reconciliación de los hermanos hasta entonces enfrentados.

En cualquier caso, esta reconciliación fue algo ficticio, puesto que Ptolomeo XIII siempre había deseado expulsar de Alejandría a César. Durante cuatro meses, los ejércitos greco-egipcio y romano -éste con escasos contingentes- se enzarzaron en una serie de escaramuzas, una de las cuales finalizó con la quema de la flota egipcia en el puerto alejandrino. Las llamas también alcanzaron los muelles y edificios cercanos, entre ellos, tal vez, la famosa Biblioteca. Los enfrentamientos terminaron con una terrible batalla no lejos de Alejandría, durante la cual murió el rey Ptolomeo XIII en extrañas circunstancias. El 15 de enero del año 47 a. C. César controlaba Egipto.

Desaparecido el hijo mayor de Ptolomeo XII, y en estricto cumplimiento del testamento depositado en Roma, César entregó el poder a Ptolomeo XIV -sólo tenía seis años-, obligando a Cleopatra -de la que el romano ya era amante- a casarse con su hermano y formar una nueva pareja real. Tras ello, y ante la situación de los asuntos en Roma, César regresó a Italia, aunque dejó en Egipto tres legiones de ocupación.

Muy poco tiempo después, en mayo del año 46 a. C., César invitó a los monarcas lágidas a que fuesen a Roma para ser reconocidos como amigos y aliados. Al parecer solamente acudió Cleopatra. Se desconoce cómo se desarrolló su estancia en Roma, donde fue acogida con todas las atenciones por parte de César, sin hacer éste caso del escándalo que su relación con ella originó en la ciudad, puesto que estaba casado con Calpurnia.

Sin lugar a dudas, Cleopatra hubo de conocer -y también interesar- a Marco Antonio durante estos años, tal vez sin acordarse de un primer contacto que pudieron haber tenido en Alejandría, en el año 55 a. C., cuando el romano visitó esa ciudad acompañando a las tropas que habían restituido en el trono a Ptolomeo XII.

||CLEOPATRA Y MARCO ANTONIO||

Se supone que por aquel entonces Cleopatra, con tan sólo 14 años, no habría reparado en él. Sea como fuere, la reina egipcia se comportó durante su estancia en la ciudad del Tíber como una simple espectadora de los acontecimientos que se desarrollaban y que culminaron en los trágicos idus de marzo del año 44 a.C., fecha en que César fue asesinado. Abierto el Marco Antoniotestamento, se supo que el principal heredero era su joven sobrino segundo Octaviano -más tarde llamado Octavio Augusto-. En ese documento, y de acuerdo con lo dicho por el historiador latino Suetonio, se nombraban también tutores para el hijo que pudiera nacerle a César, y que no era otro que el que esperaba de Cleopatra. La reina egipcia, ante el cariz que tomaban los acontecimientos y que presagiaban una feroz guerra civil, no dudó en abandonar Roma y regresar a su país. Durante el viaje de retorno, en el verano del año 47 a.C., dio a luz en algún punto de la costa de Grecia a un niño al que llamó Cesarión. La noticia muy pronto llegó a Roma, aunque no causó demasiado interés, salvo en Marco Antonio, quien intentó que declararan heredero al hijo de César y Cleopatra, tal vez para así oponerlo a su rival, el joven Octaviano, que controlaba ya buena parte del poder.

Tras una escala en Chipre, Cleopatra llegó finalmente a Alejandría. Una vez en su ciudad, la reina no tuvo ningún reparo en hacer asesinar a su hermano Ptolomeo XIV. De esta manera quedaba como única dueña de la situación egipcia. Los tiempos que siguieron a aquel luctuoso suceso fueron testigos de terribles pestes y hambrunas que diezmaron a la población egipcia. Los años 42 y 41 a.C. fueron especialmente terribles por la sequía del Nilo. Hay que suponer que Cleopatra hubo de responder con firmeza antes las revueltas que sacudirían el país por la escasez de víveres y las tradicionales prerrogativas concedidas a los nobles y sacerdotes de Alejandría y otras ciudades importantes.

Mientras Roma estaba sumida en la confusión a causa de la muerte de César, la situación política se resolvió mediante la creación de un segundo triunvirato, constituido por Marco Antonio, Octavio y Lépido, fórmula que tampoco iba a durar mucho tiempo por las naturales ambiciones de sus componentes. No obstante, a Cleopatra aquella situación le fue favorable al principio, pues su hijo Cesarión fue reconocido en Roma como rey de Egipto. En el reparto de las provincias del Imperio, efectuado entre los tres triunviros, a Marco Antonio le correspondió Oriente, además de la vigilancia de los estados aliados de aquella zona, entre ellos, naturalmente, Egipto.

Para hacerse cargo del gobierno de sus territorios emprendió viaje y se estableció en Tarso de Cilicia, en la actual Turquía. Desde allí convocó a Cleopatra a Mapa de Turquíaun encuentro personal. La reunión fue preparada por la reina con todo lujo de detalles para deslumbrar al romano, a quien había tenido ocasión de conocer años atrás en la villa de César durante su estancia en Roma. Una espléndida flotilla, cuyo centro de interés era el fastuoso barco de Cleopatra, subió por el río Cidno hasta llegar a Tarso. El extraordinario atractivo de la reina volvió a impresionar a Marco Antonio quien, ganado por su personalidad y encantos, le concedió algunas de sus peticiones, entre ellas, la eliminación de su propia hermana Arsinoe. Marco Antonio y Cleopatra acordaron tener un nuevo encuentro en Alejandría, pues ambos se jugaban mucho en aquel envite: Cleopatra deseaba hacer de Alejandría una segunda Roma y Marco Antonio necesitaba controlar Egipto para conquistar el Imperio romano.

La cita tuvo lugar durante el invierno del año 41 al 40 a.C. Aquel tiempo, durante el cual Marco Antonio se olvidó completamente de su responsabilidad hacia Oriente, lo consumió malgastándolo con todo tipo de derroches y ociosidades. Cleopatra siempre tenía dispuestos para él nuevos placeres y distracciones, una de las cuales consistía en disfrazarse de esclavos y salir a pasear de incógnito por la ciudad. Los dos amantes y un reducido grupo de íntimos formaron lo que el historiador romano Plutarco denominó una "comunión de vida inimitable".

Sin embargo, ese tipo de vida duró poco, pues las noticias de que las tropas de los partosMapa de Siria avanzaban rápidamente por Siria devolvieron a Marco Antonio a la realidad. Asimismo, los asuntos en Roma no transcurrían del todo bien, pues su cuñado Lucio Antonio, instigado por Fulvia, su esposa romana, se había atrevido a enfrentarse con las armas a Octavio. En la primavera del año 40 a.C., y muy a su pesar, el romano hubo de abandonar Alejandría y embarcarse para Tiro, a fin de controlar las tropas partas siempre amenazantes. Luego marchó a Éfeso y desde allí a Atenas, donde se encontró con su esposa Fulvia, dispuesta a no perdonarle su abandono y su entrega a Cleopatra. Reunidas naves y tropas, Marco Antonio fue a Italia para luchar contra Octavio.

||LOS HIJOS DE MARCO ANTONIO||

Sin embargo, establecidas negociaciones, ambos rivales volvieron a instaurar el antiguo triunvirato. Oriente sería para Marco Antonio, Occidente para Octavio e Italia quedaría como zona neutral. Además, como Marco Antonio había enviudado de Fulvia, el acuerdo se selló con su matrimonio con Octavia, la heredera de Octavio. Por aquel entonces -otoño del año 40 a.C.- Cleopatra daba felizmente a luz dos gemelos, niño y niña, de Marco Antonio, y a los que llamó Alejandro Helios y Cleopatra Selene.

Los tres años que Marco Antonio estuvo separado de Cleopatra se consumieron en los preparativos para rechazar a los partos que habían ocupado territorios romanos en Oriente y en reorganizar algunos Estados, entre ellos, Judea. Apenas se sabe nada de lo que hizo la reina egipcia en ese lapso de tiempo. Finalmente, en el 37 a.C., los caminos de ambos se volvieron a juntar. Esta vez en Antioquía, ciudad desde donde Marco Antonio invitó a Cleopatra a un nuevo encuentro. Allí se casó con ella, pues considerándose de hecho un rey helenístico, creía tener derecho a estar unido a dos mujeres. La vida de Marco Antonio sería juzgada en Roma como disoluta y Cleopatra sería tachada de maga, de haber encantado al romano, quien, despreciando las costumbres patrias, se había atrevido a cambiar la toga por vestiduras orientales y a entregarse a "una cualquiera". Por otra parte, Octavia, la esposa legítima, se convirtió en símbolo de la mujer romana digna y ultrajada. Como consecuencia de todo ello, Roma declaró a Marco Antonio enemigo de la República.

En el año 34 a.C., nuevamente en Alejandría, Marco Antonio se entregó por completo a Cleopatra y fue presentado como dios Dioniso en el transcurso de un espectacular triunfo. Ambos proclamaron el Imperio de Oriente y Cleopatra fue reconocida solemnemente como "reina de reyes". Las monedas -denarios romanos- dejaron constancia de aquel hecho. Sin consultar con Roma, Marco Antonio procedió al reparto de los territorios bajo su control entre Cleopatra, Cesarión -el hijo de César-, y los hijos que había tenido con Cleopatra, uno de ellos, Ptolomeo Filadelfo, de tan sólo dos años.

En Roma aquel reparto territorial no fue tolerado. Si en un primer momento ambos triunviros, Octavio y Marco Antonio, se dedicaron a lanzarse reproches mutuos, a la larga aquel enfrentamiento desembocó en un combate naval que tendría lugar en aguas griegas. La derrota de Marco Antonio se produjo el 2 de septiembre del año 31 a.C. En la batalla también estuvo presente Cleopatra, quien incomprensiblemente huyó hacia el Peloponeso al frente de sus 60 naves egipcias sin esperar el resultado último del choque. Marco Antonio salió tras ella. Plutarco señala que, abandonando a los que por él morían, se fue en una galera siguiendo a "aquella perdida [...] que al fin había de perderle".

||LA DERROTA VICTORIA||

Reunidos nuevamente, Cleopatra puso rumbo a Alejandría y Marco Antonio lo hizo a Cirenaica, donde había dejado parte de sus tropas, que también le habían traicionado. Ante el temor de que sus súbditos reaccionasen negativamente por la derrota sufrida, la reina no Barcodudó en convertir aquel fracaso en victoria, engalanando las naves al arribar a puerto. Por su parte, Marco Antonio, sintiéndose abandonado, marchó nuevamente a Alejandría, donde se sumió en una profunda depresión. Mientras tanto, las tropas romanas vencedoras pusieron rumbo también hacia Egipto. Cleopatra, ante aquella amenaza, al parecer intentó preparar una huida, tal vez a Arabia, e incluso -según algunos- a la lejana Hispania. Entretanto, intentó negociar con los emisarios de Octavio, el vencedor, poniendo a disposición de éste la plaza de Pelusio. Todo en vano, los romanos entraron en Alejandría en agosto del año 30 a.C. Marco Antonio, ante la falsa noticia de la muerte de Cleopatra, no dudó en suicidarse, llegando a exhalar, sin embargo, su último suspiro en brazos de su amada.

La reina, temiendo ser exhibida en Roma como triunfo de Octavio, recurrió asimismo al suicidio en compañía de dos sirvientas, Iras y Carmión, mediante la mordedura de un áspid que le habían introducido oculto en un cesto de frutos. Tendida en su lecho de oro la hallaría Octavio. El país del Nilo pasaba a manos de Roma. Cleopatra entraba en el mito.

Federico Lara - "MUY Extra"

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