Los rostros de Pitágoras

 

Griego universal elevado al estatus de los dioses, Pitágoras revolucionó la sociedad de su tiempo. Incomprendido, iniciado en las artes mágicas, geómetra de enorme talento, protagonista de innumerables leyendas y eterno aspirante a la perfección, su prodigiosa genialidad ha dejado una huella imborrable en la historia del pensamiento y la ciencia.

Si hay un tema que todavía sigue suscitando controversias en la historia de la filosofía griega éste es del pitagorismo y el polémico personaje que le dio origen, misteriosa figura sobre la que los filósofos aún discrepan y que ha sido reinterpretado y reinventado por las más variopintas escuelas esotéricas.

Podríamos acudir a cualquiera de estas fuentes para dar una versión más o menos novelada del hombre que inauguró una nueva tradición de pensamiento, pero no es necesario hacerlo, ya que lo que sobre él dijeron aquellos que compartieron su misma época resulta mucho más verosímil y no menos atractivo.

Cierto es que de Pitágoras sabemos muy poco, en parte porque sus seguidores tuvieron a gala tomar el nombre del maestro en señal de respeto, tornando la tarea de deslindar lo que realmente pertenece al filósofo griego en labor harto ingrata. Si a esto le añadimos el hermetismo de su escuela, la preferencia por el magisterio oral y directo en detrimento del material escrito y los numerosos avatares que la historia tenía reservados para este hombre y para sus adeptos, comprenderemos que entender el pitagorismo sea hoy difícil, y que las lecturas sobre el mismo sean incluso contradictorias.

||ASCÉTICO Y GENIAL||

Pitágoras nació seis siglos antes de Jesucristo, en torno al año 750 a.C. Era hijo de un tallista de piedras preciosas y, según la tradición familiar, debió ser adiestrado en el mismo oficio. Varios testimonios, como el de Isócrates, afirman que durante su juventud viajó a Egipto y Babilonia, donde conocería a magos y sacerdotes. Según el historiador griego Jámblico, estudió astronomía y geometría durante veinte años en el país del Nilo; después fue llevado a Babilonia, donde los magos le adiestraron en ritualismo, mística, aritmética y música.

PitágorasSus grandes dotes de matemático y su calidad como artesano debieron convertirlo en un personaje ilustre en la isla de Samos, hasta que el tirano Polícrates accede al trono e instaura un reinado de disipación que no resultaba del gusto del ascético Pitágoras, por lo que decidió emigrar a una colonia del sur de Italia llamada Crotona, comunidad hasta entonces poco desarrollada que con su llegada experimenta un auge inusitado.

Allí funda su escuela y conquista a los ancianos con su gran oratoria. Sus seguidores nos lo han presentado como un maestro contemplativo, pero era también una personalidad activa y decidida a cambiar la sociedad. Diógenes afirma que dio a los italianos una Constitución y que bajo su supervisión se creó una especie de aristocracia o "gobierno de los mejores".

Empédocles afirmó de él que "se destacó en toda suerte de artes ingeniosas" y Aristófano dice que "ensalzó y promovió el estudio de los números más que nadie" atribuyéndole la introducción de los pesos y medidas entre los griegos.

||PITÁGORAS, EL PERSEGUIDO...||

Pero los tiempos eran inseguros, y pronto la aristocracia de Crotona se cansó de que el poder estuviera en manos de Pitágoras. Fue el noble Cilon quien habría de organizar la conspiración que terminaría con la quema de las escuelas pitagóricas en varias ciudades y la persecución y asesinato de muchos pitagóricos en la célebre revuelta de comienzos del siglo V a.C.

Aristóteles relata que gracias a sus dones proféticos, Pitágoras consiguió escapar de Crotona a tiempo para salvar la vida. Desterrado y perseguido, sus últimos años no resultaron fáciles. Numerosas fuentes coinciden en que alcanzó una edad longeva y que -tal como insinúa Dicearco-, consciente de que su tiempo había concluido, posiblemente se dejó morir de hambre y pena en torno a los 80 años, mientras se encontraba refugiado en el Templo de las Musas de la ciudad de Metaponto.

Tras su muerte, la persecución antipitagórica habría de vivir un segundo momento de eclosión a mediados del siglo V a.C., cuando por toda la magna Grecia la casas de reunión son destruidas en motines en los que perecieron los miembros más destacados de la escuela. Los que sobrevivieron se dispersaron en pequeños grupos. El fundador había muerto sin dejar nada escrito y los que quedaron se recluyeron en el silencio y la soledad, legándonos apenas unos breves apuntes que durante generaciones fueron guardados en la intimidad de sus familias. Según Aristóxeno, estos pitagóricos "conservaron sus métodos originales y su ciencia, aunque la secta iba languideciendo, hasta que murieron con nobleza". La "secta" se da por acabada hacia el siglo IV a.C.

||LA SECTA "DIVIDIDA"||

Para algunos estudiosos, Pitágoras habría sido el fundador de un grupo religioso de carácter sectario al que la historia atribuyó injustamente descubrimientos matemáticos realizados con posterioridad, mientras que otros han destacado sus habilidades científicas.

Sin desmerecer esta última faceta, el experto en filosofía presocrática W. Guthrie afirma que Pitágoras era un hombre profundamente religioso, que creía a pies juntillas en las doctrinas de la inmortalidad y la transmigración de las almas. Porfirio nos dice que el maestro "sostuvo que el alma es inmortal; que emigra a otra especies de seres vivos; que los acontecimientos pasados se repiten en un proceso cíclico y nada es nuevo en sentido absoluto...", y Onesícrato resalta que "ordenó a los hombres que se abstuvieran de comer carne animal".

Un fuerte componente mágico caracterizó el pensamiento pitagórico, magia que ha quedado recogida en la colección de sentencias llamadas Acúsmata o Symbola, preceptos del tipo: "No renuevas el fuego con un cuchillo", "Enrolla tu ropa de cama al levantarte y alisa la huella de tu cuerpo" o "No tengas golondrinas en la casa". Exhortaciones que tienen sin duda una doble lectura. "No remuevas el fuego con un cuchillo" se interpreta como "no remuevas las pasiones de un hombre con palabras aceradas"; "Enrolla tu ropa de cama" significaría "estate listo para abandonar en cualquier momento esta vida por la vida futura", mientras que las golondrinas aludirían a los charlatanes.

La mayoría de estos ejemplos tendría su origen en la magia simpatética, supuestamente practicada por el filósofo, pero Aristofeno no es de la misma opinión e insiste -y no es el único- en que Pitágoras no impuso prohibición alguna y que semejantes supersticiones no estuvieron nunca en la mente del genio.

Los neoplatónicos Jámblico y Porfirio nos dan una versión más compleja al afirmar que la escuela pitagórica estuvo dividida en dos tipos de miembros: los acusmatici, a los que Pitágoras habría instruido de un modo más superficial y que eran simples practicantes de los preceptos; y los mathematici o matemáticos, adiestrados en las partes más complejas del conocimiento del maestro. No parece que las relaciones entre unos y otros fueran sencillas: para los mathematici, los acusmatici eran unos supersticiosos que carecían de verdadero conocimiento, mientras que los acusmatici contraatacaban acusando a los matemáticos de no ser verdaderos discípulos de Pitágoras, sino de Hípaso.

Lo que hoy cabe deducir de estas diferencias es que la filosofía pitagórica presentó en sus inicios dos formas: la racional y la religiosa. La primera atrajo a los amantes de la sabiduría; la segunda, a personas más devotas e interesadas en el pitagorismo como una doctrina de vida y salvación.

||LA VIDA ES UNA FERIA...||

Y es que Pitágoras se encontró con una Grecia que se debatía en una confusión de dioses y creencias. La religión oficial homérica, poblada de divinidades caprichosas, coexistía con los antiguos cultos agrarios, populares y conectados con la Naturaleza. Entre estos últimos destacaban el culto mistérico de Eleusis, preñado de magia, ritualismo y catarsis, y la más sobria religión de los órficos, que apostaba por la salvación del hombre tras una vida de arduos esfuerzos por desarrollar nuestro componente divino.

En este sentido los escritos órficos presentan una íntima conexión con las propuestas de Caballito de feriaPitágoras. Ambos defendían la reencarnación, y la simbiosis entre las dos corrientes fue tan estrecha que ilustres pitagóricos han sido considerados como los verdaderos autores de los libros publicados bajo el legendario nombre de Orfeo. Aunque los pitagóricos no renegaron del politeísmo y adoptaron a Apolo como su patrono particular encarnado en su maestro, apostaron decididamente por la moderación y el orden y sobre su templo figuraba la elocuente inscripción "Nada en demasía". Asemejarse a Dios era su meta; cultivar la filosofía, el camino para despertar lo que de divino late en el interior de cada persona.

Cuentan que Pitágoras comparaba la vida con una feria: algunos acuden para participar en las competiciones; otros para comprar y vender; "pero los mejores -decía- están como espectadores". Según Diógenes, él fue el primero que utilizó la palabra filosofía y se definió a sí mismo como filósofo: el hombre que, mediante el don divino de la razón, contempla la belleza de lo creado y lleva la armonía a su propia alma.

||NÚMEROS, DIOSES Y ARMONÍA||

El papel del número en la filosofía de Pitágoras es uno de los aspectos más oscuros de su pensamiento. Los pitagóricos fueron artífices de importantes avances en la ciencia matemática, pero los números eran para Pitágoras un fenómeno místico, una realidad autónoma y con vida propia, los responsables de la armonía divina que gobernaba el mundo.

A este respecto, Aristóteles critica el dogmatismo de la escuela al afirmar que si algo no encajaba con su sistema, preferían modificar el mundo a cambiar el método. Así pues, inventaron un planeta que no existía para que el total alcanzara el sagrado número de diez, del mismo modo que inventaron una anti-tierra "para adecuarla a sus propios argumentos".

Ciertamente Aristóteles no puede disimular su rechazo ante el elemento mágico del pitagorismo. Una cosa era que la escuela apostara por un Universo diseñado conforme a un plan matemático, y otra bien distinta el componente ilógico de su pensamiento, plasmado en el hecho de que Pitágoras recibiese por parte de sus seguidores el estatus de daímon, un ser intermedio entre los hombres y la divinidad dotado del don de la adivinación, el desdoblamiento corporal (se le vio en Crotona y Metaponte al mismo tiempo) y la capacidad de obrar milagros.

Números"Las cosas son números", decían los pitagóricos, a los que Aristóteles objetaba: "¿Cómo pueden ser números cualidades como lo blanco, lo dulce o lo caliente?". Sin embargo, la ciencia de nuestro tiempo describe el mundo físico en forma de ecuaciones numéricas y representa las cualidades de color, calor, luz o sonido mediante números y longitudes de onda o de masa, algo con lo que Pitágoras hubiera estado de acuerdo.

Descubridor de la ley de los intervalos musicales, Pitágoras fue el primero que tradujo a reglas matemáticas el misterio de la armonía, del orden del Cosmos. Los números permitían conocer la totalidad del Cosmos, y Pitágoras trazaba ante sus extasiados alumnos con pasmosa facilidad progresiones aritméticas y geométricas que sin duda debieron parecerles cosa de magia.

Impresionante talento no siempre valorado, ya que circula la leyenda, bastante verosímil, de que tuvo que pagar a su primer discípulo harto de que nadie le escuchara. Estaba convencido de que entre dioses y números existía una misteriosa vinculación en la que se basaba la ciencia de la aritmancia o magia procesal. Según el historiador Porfirio, "los números de Pitágoras hemos de verlos como símbolos jeroglíficos por medio de los que se representaba la auténtica naturaleza de las cosas".

Pero anteriores a los números matemáticos estaban los "números animados", misteriosas entidades con poder creador cuyo conocimiento, reservado a los iniciados más puros, permitía comprender las leyes de las causas y los efectos, esto es, los principios superiores de la existencia. Números que otorgaban a aquellos matemáticos silenciosos y genuinos el ansiado estado de apopteia o perfección y que les abrían la puerta a la indescriptible experiencia de escuchar la divina melodía de los cielos.

Olaya Abigel - "Más Allá"

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