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No hubo rama del saber médico en la cual no fuera un adelantado. A su destacado lugar en la historia de la ciencia añade el mérito de ser una de las mayores personalidades de la tradición ocultista occidental. En su concepto del mundo la magia es la llave maestra que nos permite acceder a otra dimensiones de una Creación con múltiples niveles de realidad, en la cual los principios y fuerzas espirituales presiden el universo material y permiten explicarlo. Phillipus Aureolus Teofrasto Bombasto
eligió de entrada la vocación profética de la denuncia
y la confrontación con los poderes de su tiempo. La adopción
del nombre con que firmaba sus obras, Paracelso (alternativa a Celso)
fue ya toda una declaración de principios. Por si no alcanzara,
el día inaugural de su cátedra en Basilea empezó
por subirse a la palestra para quemar las obras de las autoridades intocables
de la Medicina de su tiempo: Celso, Rhazes, Avicena y Galeno. Para desesperación de sus enemigos, este místico iluminado de carácter apasionado fue una de las mentes científicas más vigorosas de su tiempo, un investigador infatigable de la naturaleza y un iniciado de primera línea. Experto en alquimia, cábala y astrología, también alcanzaría un lugar de privilegio en la tradición mágica europea. Paracelso nació en 1493 en Einsiedeln, cerca de Zürich. La casa familiar, junto al río Sihl, se conserva y aún puede ser visitada. Su padre, Guillermo Bombasto de Hohenheim, ejercía la medicina y su madre murió durante el parto o poco después del nacimiento de su único hijo. Muy pronto, el médico viudo empezó a hacerse acompañar por el niño en sus visitas diarias y, en sus ratos libres, también le enseñó los rudimentos del latín y la ciencia de las plantas. De los nombres recibidos en el bautismo, nunca usará el primero (Felipe), aunque sí el de Teofrasto (etimológicamente, "el que da a conocer a Dios"). El nombre por el cual pasará a la posteridad (Paracelso) lo eligió de estudiante, como signo de su oposición a la tradición médica que veía en Celso a una autoridad intocable. También utilizó el pseudónimo de "Helvetius Eremita". Sus admiradores le llamaban "Lutero de la Medicina", y sus detractores "Cacofrasto". ||UNA VIDA MARCADA|| Cuando apenas contaba 9 años, su
padre se traslada a Villach, en la región minera de Carintia,
donde trabajaría como médico e ingeniero de minas a las
órdenes de Sigmundo Füger. A éste debe el joven Paracelso
su iniciación en el estudio de los minerales, que tanta importancia
tendrá en sus obras posteriores, así como un conocimiento
de primera mano de los métodos de los mineros y fundidores. ||AÑOS DE PEREGRINACIÓN|| En 1515, Paracelso abandonó Würzburg
y a su maestro, que moriría un año después. Dio
comienzo entonces una nueva etapa de su vida, que se caracterizaría
por su convicción de que nada podía sustituir a la experiencia
directa. "Quien quiera penetrar la naturaleza ha de hollar los
libros de ésta con los pies", escribirá, destacando,
al mismo tiempo, que el saber se halla por todo el mundo, lo que le
convertirá en un pionero de la universalidad del conocimiento
y en uno de los primeros espíritus europeos en el sentido moderno. No obstante, a pesar de sus viajes, recientemente a podido demostrarse que llegó a doctorarse en Medicina por la Universidad de Verona. Durante estos años se dedicó al ejercicio de la profesión, atendiendo en el camino a todo aquel que requería sus servicios. Sus numerosos éxitos empezaron a darle una sólida reputación -mezcla de admiración y recelo- que no le abandonaría durante su vida y que alcanzó su apogeo cuando se trasladó a Basilea en 1526, acudiendo al requerimiento de sus servicios profesionales por parte de Frobenius, que era entonces una personalidad políticamente muy influyente, amigo personal y editor de Erasmo. Tan impresionado quedó Frobenius por su curación y por los métodos empleados, que le propuso para la cátedra de Física y Medicina de la universidad, a la cual accedió a la edad de 33 años. Sus lecciones no pasaron desapercibidas para nadie. El psicoanalista C.G. Jung analizó su lenguaje, que considera el característico de todos los visionarios. Cuando se leen sus textos, los neologismos son de capital importancia y parecen contener sugerencias misteriosas. Siguiendo procedimientos en apariencia cabalísticos, Paracelso altera con frecuencia el orden de las letras de muchos vocablos, de forma que, por ejemplo, la palabra alemana Faden (hilo), se convierte en Dafne (la ninfa pretendida por Apolo, que representaba al sol). El caso es que gracias a su carácter asistemático, fogoso y exuberante, a sus modales y a su lenguaje poco refinados, no tardó en ganarse el favor popular. Parte de su éxito se debió sin duda a sus feroces críticas contra los médicos oficiales que, en connivencia con los farmacéuticos, se enriquecían prescribiendo remedios costosos, complicados y de dudosa efectividad. ||LAS CIENCIAS OCULTAS||
Estos tres factores actúan en el marco de la teoría de los cuatro elementos, heredada de la Antigüedad u desarrollada especialmente por Aristóteles -tierra, aire, agua y fuego-, ligados entre sí por otras tantas propiedades: calor, frío, sequedad y humedad. Partiendo de esta base, para la alquimia paracelsiana el azufre representa la sequedad que por enfriamiento produce el elemento tierra y por calentamiento el fuego. Por su parte, el mercurio representa la humedad, que al enfriarse produce el agua y al calentarse genera el aire. Por último, la sal sería el quinto elemento, el éter que cohesiona todo. Traducido a términos actuales, puede decirse que estos tres principios también equivalen a los estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso). Pero lo importante es que este sistema de analogías alquímicas -de signo hermético- es el que sustenta la práctica médica de Paracelso, y resulta especialmente llamativo que sus investigaciones le llevaran a conclusiones que hoy día cuentan con el reconocimiento, sin fisuras, de la comunidad médica a sus terapias revolucionarias. De su alquimia se ha dicho que es una digna precursora de la farmacología moderna, destacando el hecho de que fuera Paracelso el primero en rechazar los polifármacos y la panacea, dogmas que nadie cuestionaba en sus días, y en reivindicar el principio activo del medicamento como único factor terapéutico. También alcanzó justa celebridad por su eficaz tratamiento de las heridas y las infecciones, y por ser el primero en defender el valor del reposo clínico y de crear condiciones favorables para que el organismo pusiera en juego sus propios recursos curativos. Paracelso consideraba que cada órgano corporal actuaba alquímicamente, separando lo puro de lo impuro. El estómago, por ejemplo, separaba la parte nutritiva de los alimentos de la escoria, que era eliminada por los intestinos. La enfermedad se adueñaba del cuerpo, a su juicio, cuando la fuerza propia de cada órgano era incapaz de evacuar las toxinas acumuladas. Estas explicaciones chocaban frontalmente con la medicina oficial que, apoyándose aún en la vieja teoría de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) sostenía que la salud o la enfermedad dependían del equilibrio o desequilibrios de estos fluidos. Este enfrentamiento con la medicina académica refleja las tendencias de la época en que se gestó la Reforma. Desde 1521, residía en Basilea Erasmo de Roterdam, que representaba el polo opuesto a las ideas revolucionarias del médico-mago: el mundo erudito y universitario de la educación clásica. Paracelso era su antítesis: "Que las universidades me sigan o no, ¿qué me importa?", exclamaba orgullosamente. En la misma línea, su libre interpretación de los principios religiosos y la mayor simpatía de que gozaba entre los luteranos hicieron inevitable el enfrentamiento con el ámbito erudito y universitario católico que representaba Erasmo. Por eso, no es sorprendente que se levantara una campaña contra Paracelso, capitaneada por médicos y farmacéuticos, que alcanzó su apogeo en 1528, cuando aparecieron esparcidos por las calles multitud de libelos y panfletos difamatorios contra su persona. Esta ofensiva coincidió con la muerte de Frobenius, su protector, obligándole a huir a Alsacia, tras sólo dos años de magisterio universitario. Ya nunca volvería a enseñar en el ámbito académico. Reanudó su vida errante, recorriendo Suiza, Alemania y Moravia, y durante estos mismos años puso por escrito la mayor parte de su sistema cosmológico. ||PANTEISMO ESPIRITUALISTA|| El mismo afán que llevó
a los hombres de su época a explorar nuevas tierras, le llevó
a él, como a otros intelectuales renacentistas a recorrer los
monasterios y abadías de Europa en busca de antiguos manuscritos.
Aparte de las obras de Aristóteles, Plotino y Filón de
Alejandría, o las de Ptolomeo y Dioscórides, también
pudo conocer a fondo la tradición del Hermes gnóstico
a través del Corpus Hermeticum, un conjunto de tratados supuestamente
escritos en Egipto en tiempos de Abraham y atribuidos a Hermes Trimegisto. En este marco, el mundo se concibe como una encarnación orgánica de la divinidad. A la primera condensación completa del Mysterium, a su primera expansión, Paracelso la llama Yliaster. Éste no es aún el mundo físico ni el astral, pero los contiene virtualmente, aunque de manera indiferenciada. Es decir, en un primer momento de expansión, el Mysterium debe generar la posibilidad de las cosas, para, a través de sucesivas condensaciones, transformarse primero en materia astral (éter), después en los distintos astros y, por último, en la materia de que están hechos la naturaleza y los hombres. El Mysterium Magnum, en tanto que Yliaster, se divide en las tres fuerzas parciales de la naturaleza: azufre, mercurio y sal. Estas fuerzas se condensan nuevamente en los cuatro elementos de la teoría aristotélica clásica: agua, tierra, fuego y aire. Las tres fuerzas y los cuatro elementos constituyen la materia de que están hechos los cuerpos, los metales, los seres vivos y, finalmente, el hombre. Estas potencias luchan entre sí, y es este conflicto y el predominio de una sobre otra lo que explica la diversidad real de las criaturas. ||LA IMPORTANCIA DE LA MAGIA|| Sin embargo, a pesar de sus múltiples
condensaciones y diversificaciones, el Mysterium nunca deja de ser uno.
Cada diversificación arrastra consigo el germen de todas las
precedentes a través de esta unidad primitiva, que persiste en
todo momento. Y es así como el Mysterium Magnum se revela, en
los dos sentidos del término: como naturaleza y como conocimiento
en el hombre. La magia es la expresión más
general del Mysterium Magnum. Paracelso designa con este término
al proceso que acabamos de describir; pero, por otra parte, llama también
magia a la actividad por la cual el hombre puede modificar la realidad
física. En efecto, a su juicio, el alma Como afirma Paracelso: "la imaginación es como el Sol, cuya luz no es aprehensible, pero puede, no obstante, prender fuego a una casa. Ella dirige la vida del hombre. Cuando el hombre piensa en el fuego, arde; cuando piensa en la guerra, provoca la guerra; o sea, el hombre tiene que hacer totalmente suya la idea de aquéllo que realmente quiere.
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