|
|
|
En ocasiones, las experiencias místicas y la propia vida transcurren tan de la mano que es difícil diferenciar dónde acaba una y empieza la otra. Éste es el caso del maestro sufí del siglo XII Ibn Arabí, quien supo que había sido "elegido" mediante un sueño, mantuvo misteriosos "encuentros" con el anterior Qutb de la espiritualidad islámica, protagonizó fenómenos de bilocación y predijo antes de morir el hallazgo de un fabuloso tesoro. Un auténtico "mago" sufí cuyo legado intelectual -más de 400 obras- es aún más prodigioso que su azarosa vida. La figura de Ibn Arabí supera las
fronteras geográficas e históricas, culturales o religiosas,
y se extiende a todo aquel que quiera y pueda comprender que "Dios
no oculta nada al humano que comprenda que es Uno con Dios". Los fenómenos paranormales que rodean la vida de Ibn Arabí desde su proceso iniciático en la Escuela del Sufismo Colectivo de Al-Andalus son relatados por él mismo con la misma naturalidad que describe los detalles de la vida de un ermitaño de la serranía de Ronda o la de un asceta del desierto, sin más exclamación que la alabanza a la grandeza de la Unidad. ||EL ESPÍRITU DE AL-ANDALUS|| Muhammad ibn Alí ibn Muhammad ibn
Al-Arabí Al-Hatimí nació el 7 de agosto de 1165
en Murcia, en el seno de una familia ilustre, tanto por su cultura (mantenía
amistad con grandes Desde Sevilla los viajes a Córdoba eran frecuentes y así relata Ibn Arabí su fugaz pero trascendental encuentro con quien fuera uno de los mayores filósofos del Medioevo junto a Santo Tomás de Aquino: "Pasé una jornada en Córdoba, en casa de Abú al-Walid ibn Rushd (Averroes), quien anteriormente había expresado su deseo de conocerme personalmente. Al parecer, le habían hablado de ciertas revelaciones por mí recibidas durante mi retiro espiritual, lo que despertó su curiosidad y extrañeza. Así, mi padre, que era amigo suyo, me llevó con el pretexto de que debía solucionar unos asuntos en Córdoba. En aquella época yo era todavía un joven imberbe. Al entrar en su casa, el filósofo se levantó para acogerme con grandes signos de amistad y afecto y me besó. Después me dijo: '¿Sí?', y yo le respondí: 'Sí'. Mostró alegría al ver que le comprendí. Al observar el motivo de su júbilo, le dije: 'No'. Entonces Ibn Rushd se sorprendió, palideció y diríase que dudaba de sí mismo. Seguidamente me hizo la siguiente pregunta: '¿Qué respuesta has encontrado a las cuestiones de la Revelación y de la gracia divina?, ¿coincide tu respuesta con la que se nos da en el pensamiento especulativo?'. Y yo le contesté: 'Sí-No', 'Y entre el Sí y el No los espíritus vuelan más allá de la materia y las cabezas se separan de los cuerpos'. Al escuchar esto, Ibn Rushd palideció e incluso tembló y escuché sus labios murmurar: 'No hay más fuerza y poder que la que viene de Dios'. Luego había comprendido". Ibn Arabí (neoplatónico) no volvería a encontrarse con Averroes (aristotélico) hasta la muerte de este último, en Marrakech (1198) donde casualmente estaba el jeque del misticismo sufí y pudo relatar con respeto y admiración las honras fúnebres del maestro del protorracionalismo filosófico universal: "Su ataúd fue trasladado al cementerio colgado del costado de una bestia que tenía al otro lado de la montura los libros del maestro. Eran tantos los volúmenes de su biblioteca que hacía un contrapeso perfecto y fueron enterrados con él". Muchos estudiosos de Ibn Arabí han considerado estas proclamas de admiración por los adversarios ideológicos o religiosos como una prueba de que el gran maestro del sufismo había superado los límites marcados por la religión islámica. Nada más lejos de la realidad. De lo que no cabe duda es que Ibn Arabí fue un musulmán piadoso, pero al mismo tiempo un destacado exponente de la cultura andalusí, que como hemos dicho, se caracterizó, al menos hasta la llegada de los almohades, por la tolerancia, el respeto mutuo y las polémicas amistosas entre distintas corrientes de pensamiento. ||LA INFLUENCIA "PARANORMAL"|| Así lo narra el propio Ibn Arabí
en su colección de biografías de sufís de Al-Andalus,
donde empieza destacando la religiosidad de cada uno de ellos y en especial
la de aquellos que fueron sus guías espirituales,
como su primera maestra, Shams de Marchena, a quien conoció cuando
tenía 80 años: "Ella vivía en Marchena de
los Olivares, donde yo iba con frecuencia a visitarla. Entre los hombres
espirituales, nunca he conocido a nadie que tuviera semejante dominio
de su alma. Sus prácticas y sus revelaciones eran realmente notables.
(...) Ocultaba su estado espiritual, pero sucedió que me confió
en secreto un aspecto, pues a veces tenía revelaciones respecto
a mí y sentí mucha alegría". Probablemente
fue de Shams de quien Ibn Arabí aprendió (o mejor decir
"descubrió") el poder de "expresar los pensamientos
de los demás" (telepatía), así como los dones
de la clarividencia y la premonición. Otra de las grandes mujeres del sufismo que actuaron como iniciadoras de Ibn Arabí en la vía fue Fátima de Córdoba: "Cuando la conocí, ya tenía 90 años y se alimentaba de restos de alimentos (...). Aunque tan vieja y comía tan poco, me daba vergüenza mirarla a la cara, pues la tenía rosada y fresca" (en Al-Andalus, al contrario que en otros países islámicos de la época, era normal que las mujeres anduvieran con el rostro descubierto). Fátima fue quien designó con toda claridad las cualidades de Ibn Arabí, como él mismo relata en la biografía de su maestra: "Los otros vienen a verme con una parte de ellos mismos, dejando en sus casas la otra parte, mientras que mi hijo Ibn Arabí es un consuelo para mí, él es la frescura de mis ojos, porque cuando viene a verme, viene todo entero; cuando se levanta, se levanta toda su persona y cuando se sienta, se sienta con toda su persona. No deja nada de sí mismo, en otra parte. De esta forma es como conviene estar en la Vía". De ella también dijo Ibn Arabí que vivía acompañada por djinns creyentes. Es decir, por genios o elementales de la Naturaleza que habían reconocido el mensaje coránico y que se ofrecían para servirla, pero ella los rechazaba y prefería seguir en la pobreza. ||SUEÑOS QUE SE CUMPLEN|| Pero el maestro más grande y admirado
por Ibn Arabí fue el sevillano Abu Jafar Al-Uryani: "Aunque
este hombre del campo era iletrado y no sabía ni escribir ni
contar, bastaba con Hasta aquella época (finales del siglo XII) el Qutb de la espiritualidad islámica había sido el magrebí Al-Jadir, con quien Ibn Arabí celebraría místicos encuentros en los que, según los relatos autobiográficos, se aprecian fenómenos que hoy llamaríamos de bilocación, levitación o telepatía. ||PROFECÍAS ACERTADAS|| En la primera década del siglo
XIII Ibn Arabí ya había alcanzado la fama de Qutb que
sus maestros le habían pronosticado. En aquellos años
viajó mucho por el Magreb, Egipto, Arabia, Lo cierto es que Ibn Arabí viajó hasta Konya, la actual capital del sufismo turco-iranio, y que allí trabó contacto con los fundadores de las cofradías motoras del monacato derviche, que guardaban bastante similitud con el sufismo colectivo practicado en Al-Andalus por aquella época. De hecho, Viaje al Señor del Poder fue editada por primera vez (1204) en Konya. Tras la peregrinación a la Meca (1201), a Ibn Arabí se le atribuyen innumerables bilocaciones, premoniciones y otros prodigios, aunque el mayor de todos no sea de índole paranormal sino intelectiva, pues se le reconocen más de 400 obras, entre tratados, manuales y discursos. Algunos de sus biógrafos dicen
que murió víctima de las torturas por oponerse a los excesos
de la alta sociedad de Damasco, una ciudad enriquecida por el dinero
fácil del negocio de las caravanas. Ibn Arabí subió
al monte Qasiyun, a las afueras de la capital siria, y dirigiéndose
a la multitud les dijo: "¡Oh, hombres
de Damasco! El dios que adoráis está bajo mis pies".
Entonces la gente se abalanzó sobre él. Le encarcelaron
por blasfemo y sólo la intervención de alfaquíes
amigos suyos le salvó de la muerte, pero no de un martirio prolongado
que le llevó a la tumba poco después (1240). Fue enterrado
en el monte Qasiyun de la discordia. La Cuando el noveno sultán otomano, Selim II, conquistó Damasco en 1516 alguien le recordó esta profecía y la interpretó como que el día que Selim (nombre que empieza por "s") se encuentre con Damasco (que en árabe se dice Shams, y empieza por "sh") se encontrará la tumba del gran Ibn Arabí. Y entonces el sultán turco organizó una expedición de arqueólogos y teólogos que buscaron el enterramiento hasta que lo hallaron. Sin embargo, siguieron excavando bajo los restos de Ibn Arabí y encontraron un tesoro de monedas de oro que reveló lo que quiso decir en vida cuando sentenció: "El dios que adoráis está bajo mis pies". Selim II destinó aquel tesoro a pagar la construcción de un santuario y una mezquita en el lugar de la tumba, y ambas, todavía hoy día, pueden visitarse en el enclave de Salihiyya, en la moderna Damasco. C. Chevallier - "Más Allá" |