|
|
|
"Encuentra bello todo lo
que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente
bello" ********************************************* Su corta vida estuvo marcada por una llama interior que lo consumía. Y que sólo podía apagar de una forma: pintando hasta la locura. Es el paradigma del artista excéntrico, incomprendido y bohemio. Tumbado sobre la cama, tiene un aspecto lamentable. Las mejillas hundidas, la barba rala como el pelaje de un perro sarnoso, la piel macilenta y apergaminada. El vendaje que cubre su torso está empapado de sangre y en el lugar que debía ocupar la oreja derecha sólo hay un bulto informe. Y sin embargo, el hombre sonríe y da una chupada a su pipa, satisfecho. Está agonizando. Y se ríe
porque, junto con su vida, también se extingue un fuego abrasador
que le devoraba por dentro. Ha tratado de apagarlo en varias ocasiones:
tras de sí deja cuatro o cinco intentos de Parece como si la muerte de Vincent diera la razón a su padre. Theodorus van Gogh, creía saber desde hacía tiempo lo que le faltaba a su hijo mayor: alegría de vivir. Pero no era eso; en realidad, Vincent no se quería a sí mismo. Su llama interior no le permitía brillar, sólo le hacía estremecerse porque percibía lo peligrosa que era. Van Gogh decía de sí mismo: "Suelo ser una persona espantosa, propensa a la melancolía y al mal humor; tengo hambre y sed de simpatía, pero si no la encuentro me trae sin cuidado e incluso echo más leña al fuego". Unos dicen que van Gogh era un demente, otros que era un ángel poco agraciado. Algunos médicos le diagnosticaron una esquizofrenia, otros, en cambio, un tipo de epilepsia con prolongadas ausencias durante las cuales no sabía lo que hacía. ||UN NIÑO MALHUMORADO|| Este hombre en permanente miseria económica, oriundo del pueblecito holandés de Groot-Zundert, ha continuado hasta hoy dando trabajo a historiadores del arte, de la medicina y a marchantes de cuadros. Porque los precios de sus telas son ahora los más altos del mercado y mientras vivió, sólo cosechaba marcas en fracasos.
Ya de joven fue a estudiar el oficio de marchante de arte, primero a La Haya y después, a Londres, pero en lugar de eso aprendió a enamorarse. Sin embargo, el objeto de sus desvelos, la hija de su casera londinense, le rechazó con rudeza. De naturaleza rebelde, dejó los estudios y se hizo predicador adjunto, aunque apenas un año después abandonó el trabajo decepcionado y sin blanca. Tiempo después volvió a casa, con el amargo sabor del fracaso en los labios. No fue por mucho tiempo. Tuvo una disputa tan tremenda con su padre, que el pastor le echó de casa en Navidad. Vincent fue a para a La Haya, se convirtió en aprendiz de un pintor llamado Mauve y se extasió con Rembrandt y Rubens. Buscando modelos, dio con una ramera que además era alcohólica. Su nombre era Clasina Hoornik, pero él la llamaba Sien. La dibujó acurrucada en el suelo, embarazada, con la comisura de los labios caída y un puro en la mano. ||AYUDAR A LOS DEMÁS|| Vicent amaba a Sien, pero además estaba obsesionado con sacarla del arroyo. Pero el sueño no duró mucho, el hermano de Sien la obligó a prostituirse de nuevo y Vincent rompió con ella. Se fue a vivir a Nuenen, adonde también se habían mudado los van Gogh. Su padre murió poco después y a Vincent le invadieron fuertes sentimientos de culpa. En su afán por actuar como un buen hijo, iba todos los días a ver a su madre, se sentaba a la mesa a comer (aunque nada más que un trozo de pan o de queso) y se marchaba a pasear con pinturas, lienzos y coñac barato debajo del brazo, Vincent, que ya era un hombre culto, de formación autodidacta, gracias a los meses pasados en museos y bibliotecas, se encontraba más a gusto entre campesinos y tejedores que en cualquier otro sitio. Aunque fue precisamente en ese entorno donde le cargaron un muerto: según ciertos chismorreos del pueblo, había dejado embarazada a una chica que posaba para él. Huyó de los rumores mudándose
a Amberes, donde asistió a la Escuela de Bellas Artes. Allí
dibujó con tal audacia ||SUS CUADROS|| En Arles encontró enseguida motivos de inspiración, pero no relaciones sociales. "Cuanto más feo, maligno, enfermo y pobre soy", escribió, "más busco resacirme, porque mis colores son más luminosos, más equilibrados y radiantes". Y en efecto, sus colores resplandecen en trigales y praderas, en aguas azul celeste, en girasoles... Algunos entendidos se emocionan con la ardiente pasión que rezuman sus obras, pero la mayoría son aficionados sin recursos económicos. Si acaso Père Tanguy, un galerista de poca monta, tiene lo suficiente para comprarle de vez en cuando cuadros a 20 francos la pieza. Al artista le preocupaba no poder ganarse la vida dignamente, como cualquier persona. Se rebelaba contra el sentimiento de fracaso. En una carta a su hermano afirma: "Aunque sea cualquier cosa menos bueno, tengo derecho a vivir". A los 27 años escribiría aprensivo: "Hay algo dentro de mí, pero ¿qué es?" ||EL AMARILLO|| En mayo de 1888 alquiló una casa pintada de amarillo en la Place Lamartine. La Casa Amarilla llegó a ser algo más que una vivienda y un estudio. Vincent vio en ella "el germen de una comunidad de artistas" e intentó atraer allí a otros amigos pintores. El amarillo se convertiría en su color favorito. Vincent anhelaba tener compañía. Sobre todo la de un marino retirado y corredor de bolsa frustrado que conoció en París. Este "ser primitivo con los instintos de un salvaje", de nombre Paul Gauguin, dejó una profunda impresión en el sobrio van Gogh. Pero estaba sin un céntimo. Theo financió el viaje de Gauguin a Arles y también le costeó la comida, los lienzos y las pinturas. Llegó a la ciudad provenzal el 23 de octubre y desde un principio procuró ahuyentar los sentimientos depresivos de Vincent. Pero éste volvió pronto al camino de la autodestrucción. Cuando no estaban trabajando, discutían noches enteras cada vez más apasionadamente, en unas conversaciones que eran "de una tensión eléctrica inaudita". Poco a poco, el huésped parisino dejó de sentirse a gusto. Un día, en el café, Paul comunicó a su amigo que tenía intención de regresar pronto a París. Vincent le tiró su vaso de absenta a la cara. El pánico a la soledad le había invadido de nuevo. ||UN INSÓLITO REGALO DE NAVIDAD|| Gauguin se trasladó a una pensión. Van Gogh volvía a sentirse abandonado y traicionado. Y, como siempre, la llama divina se transformó en un odio abrasador hacia sí mismo. También puede ser que cayera de nuevo en una de sus ausencias, durante las que no sabía lo que hacía. Sobre lo que no hay duda es de cómo dio la noticia el periódico local: "Un tal Vincent van Gogh, pintor holandés," se presentó en el burdel número 1 y entregó a una tal Rachel un paquetito en el que había escrito: `guarde este objeto con esmero´. Para Vincent era la persona más digna de confianza; lo que ella encontró como regalo de Navidad fue una oreja sanguinolenta. Cuando la policía consiguió entrar en su vivienda, Vincent se balanceaba ya sobre el abismo de la muerte. Lo llevaron al hospital. Gauguin emprendió la huida a París. ||EL AISLAMIENTO FINAL|| Vincent ingresa voluntariamente en un sanatorio para enfermos nerviosos y mentales, y lo abandona en mayo de 1890. Se traslada a su último domicilio, la hospedería Ravoux de Auvers, cerca de París. En julio nació Campo de trigo con cuervos. Como mensajeros de la muerte, los pájaros vuelan en círculo sobre las gavillas pintadas de amarillo azufre. El cuadro resulta una alegoría de su apocalipsis particular, un presentimiento del inminente suicidio; el camino que parte en dos el trigal termina en la nada. Al final, van Gogh, en medio de los cereales apuntó contra su pecho el arma que había pedido para disparar a los pájaros y apretó el gatillo. En el bolsillo de su chaqueta había una última carta dirigida a su hermano Theo, que decía: "Por mi parte he empeñado mi vida y casi he perdido la razón". La nota terminaba, como el camino del campo de trigo, con la pregunta que él se hacía tan a menudo: "Pero ¿qué se puede hacer?" Seis meses después, también moría Theo, su "amado hermano". Se le enterró en Auvers, junto a Vincent. Como debía ser. E. Gesine - "MUY Biografías" |