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"Soñé
que era una mariposa que volaba por el cielo. Después me desperté.
Y ahora me pregunto si soy un hombre que soñó ser una
mariposa o soy una mariposa que sueña ser un hombre" ***************************************** ¿Hay algo más terrible que la muerte de un hijo? Un colectivo de padres y madres que han pasado por esta dramática pérdida han formado un grupo de apoyo, inspirado en la obra de Elisabeth Kübler-Ross, para ayudar a quienes se encuentran en esta situación. Han plasmado su experiencia en un libro, que se ha convertido en un canto a la esperanza. "Hace cuatro años que perdí a mi hijo y sólo hace muy poco que vuelvo a reír así", dice Conchita Arenas, mientras charla con otras voluntarias del grupo de duelo de Barcelona. Todas tienen una experiencia dolorosa: la pérdida de un ser querido. En su caso, su hijo Jordi, pero han conseguido aprender a aceptar una situación que les ha abierto los ojos: "Desde que naces, la vida y la muerte van juntas, nunca separadas, y si eres consciente de que la muerte está siempre a tu lado vives mejor la vida, aprendes a valorarla más".
"La vida familiar cambia totalmente porque cada miembro de la familia reacciona de forma diferente; puede haber otras pérdidas, separaciones, pero al final te recuperas", explica Conchita Arenas. Otra de las voluntarias, María Dolores Estivill, asiente. Ella no habla de superar el dolor, en su caso, por la muerte de su hijo Andrés, sino de "vivir con el dolor, como tiene que hacerlo una persona a la que se le corta un brazo, que puede llegar a superar su minusvalía e ir, por ejemplo, a los Juegos Paraolímpicos". Después de la muerte de sus respectivos hijos pasaron por una situación crítica. María Dolores Estivill comenta su reacción: "Decía que la vida era una estafa y me quería morir, pero la vida seguía, tanto si me gustaba como si no. Las personas que estaban a mi lado no sabían qué decirme, estaban paralizadas, sólo decían tonterías, como que el tiempo lo cura todo, o ya ha pasado un año. Me di cuenta que debía encontrar a una madre que me enseñase lo que es vivir después de la pérdida de un hijo". María Dolores explica que en el momento en que su hijo se dejaba la vida en una carretera, sintió angustia, un terrible presentimiento de que algo vital de su existencia le dejaba para siempre. Ese fue el momento que comenzó su peregrinar. Buscó a alguien que pudiese entender, de alguna manera, el proceso que estaba viviendo. Finalmente contacto con el grupo de duelo de Barcelona: "Me encontré acogida y estimada, sin que me juzgasen ni aconsejasen. Me escuchaban, me dejaban hacer lo que quería, y aquí encontré el lugar donde compartir y encontrar la sabiduría para seguir viviendo. Hemos ganado en humanidad. Somos una gran familia de sentimientos". ||EXPRESAR EL DOLOR|| "Cuando leí el libro La muerte, un amanecer, de Elisabeth Kübler-Ross, me encontré con una persona que hablaba mi idioma, alguien que como yo no temía la muerte y nos daba una esperanza, la que ella había podido experimentar a través de tantas personas que se habían estado muriendo a su lado; entonces pensé que yo también podía hacer algo", dice Adela Torras. Ella fue la fundadora del Centro de Duelo de Barcelona, después de una peripecia personal que comenzó con la muerte de su marido, tras 24 años de convivencia, y siguió con diversas colaboraciones con centros hospitalarios en el acompañamiento de enfermos terminales. En una reunión casi por casualidad, comenzó su andadura el Centro de Acompañamiento. "En una de las reuniones que hacíamos,
un día vinieron los padres de un niño de cuatro años
que hacía uno que había muerto. Y lo que sucedió
fue algo La clave del proceso que se realiza en el centro de duelo es "dejar que la persona exprese todo lo que lleva dentro: lo bueno, la rabia, un sueño que ha tenido con el ser querido que se ha ido, sus sensaciones", dice la fundadora quien destaca que "aunque estés muy mal, lo que expresas está ayudando a los demás; cuanto más transformas ese dolor más estás ayudando a los otros a que entiendan que hay una salida; que tanto dolor se va transformando poco a poco, y que lo que parece imposible no lo es, puedes volver a vivir". Cuando se produce la pérdida se plantea el verdadero significado del amor: "Pensamos que el amor por un hijo es lo más auténtico, pero cuando se va descubrimos que no es así, que es algo egoísta. Debemos a prender a amarlos con su marcha incluida. Eso es algo que deberíamos aprender cuando están con nosotros, y amarlos tal como son, con sus rebeldías y sus defectos, sólo por el gusto de amarlos. De esta forma nos transformamos para comprender que ese amor, aunque él no esté, se siente igual, y cada vez es más fuerte. Es un amor que no se puede comparar con el otro amor egoísta".
Al recordar su proceso, las palabras de Paula transmiten la emoción de un doloroso camino, hasta que pensó que su experiencia podía servir a otras personas que atravesaban un trance semejante y decidió ser una voluntaria. María Rosa Rivera tuvo que pasar tres años desde la muerte de su hija Esther sin recibir ninguna ayuda, ocupada en su trabajo, en cuidar a su nieta huérfana de dos años mientras sentía que por dentro se moría: "Aquí encontré a mi familia, a la gente con la que podía hablar de lo que me pasaba. No pensaba que quisiese tanto a mi hija hasta que se fue. Ahora sé que la amo muchísimo más". Su marido nunca acudió a estas reuniones, algo que parece ser bastante común, pues una mayoría de quienes asisten al grupo de duelo son mujeres: "Al principio sólo había mujeres, pero ahora ya hay bastantes hombres", dice Adela torras, aunque matiza que los varones manifiestan generalmente menos el dolor que las mujeres: "Hay hombres que expresan sus sentimientos y lloran, pero normalmente el que no puede llorar ya ni viene y acude sólo la mujer. Supongo que ven cómo a su mujer le sienta bien y en cierta forma se benefician por contagio". Este grupo de ayuda para personas que han sufrido, en carne propia, la muerte de un ser querido, sirve ahora de esperanza para muchas familias que ante el dolor y la desesperación ignoran hacia dónde pueden encaminar sus pasos tras una terrible pérdida orquestada por el destino.
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