El mito del alma gemela



El miedo está en la base de muchas relaciones de pareja: miedo al rechazo, miedo a perder lo que se tiene, miedo a enfrentarse a lo desconocido... El miedo a perder autoridad y "derechos de posesión" es lo que lleva a tantos hombres a maltratar e incluso asesinar a sus compañeras cuando éstas deciden separarse.

También es el miedo a enfrentarse a sí mismas lo que provoca que muchas mujeres alimenten una rabia subterránea contra su compañero de vida, sobre el que proyectan sus propias carencias; esta proyección se traduce en una sistemática dedicación a hacerle la vida imposible de mil y una maneras.

La psicología moderna (y también las antiguas filosofías, buenas conocedoras de lo que Parejase oculta en el alma humana) nos dice que la pareja es el espejo de aumento donde se reflejan los aspectos de la propia sombra. Aceptar y asumir ese lado oscuro es la mejor manera de disolverlo... y de transformarlo en luz. Luz de conciencia y de amor. Este es el sustrato ideal para cualquier relación entre hombres y mujeres, pero no nos llega de fuera, sino que debe nacer dentro de uno mismo.

Muchos hombres y mujeres que están solos esperan con ansiedad encontrar a su media naranja, fantaseando con la idea de que esa pareja ideal les va a aportar todo lo que necesitan en sus vidas. Se trata de otro aspecto de unas relaciones, reales o imaginarias que no se basan en el intercambio sino en la dependencia.

El alma gemela no es portadora de la parte que le falta a uno mismo. Dios no crea mitades. Cada persona es un ser completo, por lo menos en potencia. Todos, hombres y mujeres, poseen el principio femenino y el principio masculino en sí mismos. Para encontrar la persona adecuada, primero uno tiene que transformarse en la persona adecuada y no anhelar que el otro se ocupe de llenar un vacío que sólo a nosotros nos corresponde colmar.

Cuando esto sucede, el alma gemela está lista para aparecer. Actualmente, muchas de estas almas afines están entrando en contacto a través de las conexiones luminosas que las unen y las hacen encontrarse para potenciarse mutuamente y hacer parte del recorrido uno al lado del otro.

Para dar con ese alma encarnada en un compañero o compañera, parece que el requisito previo es integrar las dos polaridades, el principio yin y el principio yang que están presentes en nuestra propia alma.
MarySol Olba



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