| Muchas veces se oye: "Habría
hecho esto pero algo dentro de mí me lo impidió. Y otras
todo lo contrario: "Sabía que no debía hacerlo, pero
no me pude controlar". Son dos comportamientos opuestos, el primero
motivado por una represión excesiva y el segundo debido a una pérdida
de autocontrol.
Cada cual, dependiendo del momento, de la situación
y las circunstancias, adopta una postura que debería ser la que
crea más adecuada y conveniente de acuerdo con sus propios deseos
y convicciones. Lo ideal, como dice el título, es el control
sin represión. Cada persona, tiene que actuar libre de cortapisas
exteriores y autoimposiciones. Pero muchas veces nos inhiben el "qué
dirán" o los propios prejuicios y las conductas que se han
aprendido como correctas. Entonces uno no hace lo que desea, quiere
o debiera hacer. Los ejemplos son claros y van desde no manifestar una
opinión porque por "educación" no se debe contradecir
lo que otras personas "más respetables" han dicho,
hasta vestir de una forma distinta a la que uno le agrada, o impedir
la expresión espontánea de muchos afectos. Haciendo un
ligero repaso con la memoria podemos descubrir múltiples situaciones
en las que uno se ha reprimido y no debiera haberlo hecho.
El extremo contrario es igualmente nocivo. La pérdida
de control es como una pérdida de libertad, uno deja de ser su
propio dueño y los acontecimientos llegan a discurrir de forma
autónoma, por si solos, con resultados que uno en realidad no
desea y que luego le van a pesar. El punto medio? Controlarse, sin reprimirse,
este debe ser el objetivo a conseguir.
El punto de partida es el conocimiento de uno mismo
y la aceptación de la propia realidad, de lo que uno es, el ambiente
en el que vive y las circunstancias que le rodean. A partir de ahí
se debe establecer una conducta coherente en cada momento.
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Paula Sanz
( Psicóloga)
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