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Lo cierto es que quería escribir sobre otro tema, pero las ideas siempre me atrapan en el centro de la madrugada, y ellas siempre mandan. Me preguntaron hace poco cuál es mi opinión sobre los extraterrestres, si hay seres de otros mundos, de otros planetas o incluso de otras dimensiones, que nos visitan. Yo ignoro la respuesta, pero el caso es que lo mismo da, porque hay millones de personas que viven "extra" de la realidad. Nacemos, nos reproducimos -no todos- y morimos, eso sí todos, por mucho que nos pese. Yo tengo animales domésticos, perros y gatos, y ellos hacen lo mismo, aunque sin complicarse tanto la vida. Me llama la atención, y a veces me sorprende extraordinariamente, que haya personas que sean capaces de vivir desde que tienen veinte años, hasta que se mueren con ochenta, con las mismas cuatro ideas en la mente. Nunca han abierto un libro, lo más que leen es la página de deportes de su periódico o la última revista del corazón. En realidad, no les importa la vida, a excepción de la suya propia y la de su tribu. No tienen curiosidad, ni inquietudes, ni interés por casi nada. No están en la vida, sólo en su vida, y nunca miran a los lados. Y es que hay una ignorancia achacable a la falta de cultura y que, poniendo los medios adecuados, se puede subsanar. Pero hay otra ignorancia mucho más grave y peligrosa, la que algunas personas parecen llevar inscrita en su ser, esa ignorancia del que no sabe y además le importa un bledo saber. Y como dice Fernando Savater: "La ignorancia, aunque satisfecha de sí misma, es una forma de desgracia". Estas personas se pasan la vida repitiendo. Repiten comportamientos, actitudes, prejuicios, opiniones... Mezclan en la mente sus cuatro ideas, y a eso le llaman pensar. Después se dedican a ponerles etiquetas a los demás, muy preocupados por si hacen tal o cual cosa, o se compran un coche rojo o azul. No se comunican, nunca se sientan frente a una persona y le preguntan, desde el interés y la sinceridad, cómo se siente o que piensa. Pero, a pesar de todo eso, de un modo milagroso, saben como son los demás, y se dan cuenta que ellos siempre son mejores. Ellos siempre hacen las cosas mejor, son más sinceros, más inteligentes... ¡porque caray, son ellos! Que sus planteamientos son de una simpleza apabullante, es algo de lo que nunca se percatan. Cuando ocurre un hecho que no les agrada, especulan, hacen un cóctel con sus pocas ideas y se montan una fantástica película, donde ellos siempre aciertan y los demás siempre se equivocan. Y no, no es solamente que haya personas con una facilidad asombrosa para montarse sus propias películas que, en la mayor parte de las ocasiones, poco o nada tienen que ver con la realidad. Es que hay personas, que toda su vida es una película.
Beatriz Moragues
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