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Cada cierto tiempo saltan a los medios de comunicación noticias sobre residencias de ancianos, malas noticias: robos, maltrato, vejaciones, humillaciones, incluso violencia sexual. Y siempre me pregunto dónde están los familiares de estas personas o simplemente la gente que les quiere, aunque no tenga su sangre. La respuesta es obvia, no existen o están desaparecidos, que para el caso es lo mismo. También me intriga la duda sobre quien controla las residencias privadas de ancianos, en teoría deben hacerlo los responsables de cada comunidad autónoma. Claro, que cuando se destapa algún terrible caso de maltrato se suele decir que sí, que se hacían las inspecciones de rigor y no se encontraba nada anormal, hasta que salta la alarma por la denuncia de una de las víctimas, un familiar (de los no desaparecidos) o un empleado o empleada. Ha ocurrido tantas veces que resulta bochornoso que no se tomen medidas, que se siga actuando del mismo modo, y que cuando surge la noticia todo el mundo se eché las manos a la cabeza como si les cogiese por sorpresa. Desgraciadamente también la respuesta es obvia, nadie quiere tomarse el trabajo de cambiar las cosas, es tan costoso y cansado.
Todos estos sucesos me dan ideas. Yo estaba
pensando montar un negocio, me había decidido por una residencia
de animales, pero ahora estoy planteándome que quizá una
residencia de ancianos sea más rentable y me controlen menos,
ya se sabe que los dueños de animales que se molestan en llevarles
a una residencia por vacaciones se suelen preocupar por ellos,
sin embargo está claro que con los ancianos no ocurre lo mismo.
Tendré más libertad de movimiento, no me tendré
que preocupar si un día se me olvida encender la calefacción
en pleno invierno o se me pasa comprar lo más imprescindible
para comer. Cuando vengan a realizar la inspección de rigor lo
sabré con suficiente tiempo para esconder la basura bajo la alfombra,
y poner de punta en blanco a todo bicho viviente. Un chollo. Definitivamente,
me lo voy a pensar. Beatriz Moragues
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