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Siempre he pensado que los libros son como las personas, se dejan leer sólo cuando ellas quieren. Cualquiera que me conoce, un poco más allá de la superficie, sabe de mi amor por los libros. Uno de mis sueños es tener una biblioteca inmensa, una de esas habitaciones mágicas donde el tiempo se para y puedes sentirte fuera de la realidad por unos instantes. Una de esas habitaciones que cuando la abres por la mañana te regala su aroma, y te susurra al oído que estás en casa.
He leído mucho, y sigo haciéndolo. Creo recordar que mi afición por la lectura se afianzo definitivamente a partir de los 23 ó 24 años, y desde entonces es como una buena adicción que no tiene fin. No suelo leer mucha novela, aunque últimamente me atrae más dicho género. En este momento me deslizo entre dos libros, Herejes de la ciencia, de Alejandro Polanco; y El libro negro de la condición de la mujer, de varios autores. Esperando pacientemente tengo 40 libros más, sin contar los que me salen al encuentro cada vez que visito una librería. Son novelas, libros de misterio, de psicología, biografías, de animales... Todo tipo de libros. Sé que unos me gustarán más y otros menos, incluso es posible que algunos ni los termine de leer, pero casi todos me aportarán algo. Dice el libro central de la Cábala, El Zohar, que "la escritura sólo revela sus misterios a sus amantes. Los no iniciados pasan por su lado sin ver nada". Ojalá cada vez haya menos gente que pasa por la vida sin abrir un libro, sin ver nada y, lo que es peor, sin ser consciente de todo lo que se pierde.
Beatriz Moragues
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