Reflexionando sobre...

 

Ninguno de los que estamos aquí sabemos qué es la vida. Nacemos, vivimos una serie de circunstancias, para unos mejores que para otros, y nos vamos… y lo único cierto que tenemos en la vida es aquello que nos esforzamos tanto en ignorar: la muerte.

Nos condiciona el país en que nacemos, la familia, la raza, la religión que nos inculcan, los prejuicios, la educación, los genes… Nos limitan tantas cosas, y seguramente más que desconocemos, que nunca he entendido dónde está la libertad.

Vivimos en una sociedad, donde hay unas cosas que son normales y otras que no. Nos educan haciéndonos creer que hay cosas que se pueden hacer y otras que no. Dependiendo de esos factores, pensaremos y actuaremos de un modo u otro. Si nuestra familia es de la mafia, lo más probable es que nosotros seamos mafiosos en un futuro. Si nacemos en una familia de médicos, de arquitectos o de artistas, es muy posible que sigamos ese camino. Si venimos al mundo en un entorno marginal o desestructurado, nuestro futuro será la delincuencia, las drogas o cosas peores. Las niñas de 10 años a las que venden para la prostitución en cualquier país pobre, no han cometido más delito que nacer en el lugar inadecuado.

Decimos que hacemos las cosas como queremos, pero en realidad no es así, las hacemos como podemos o como sabemos. Nadie en su sano juicio se haría daño a si mismo, sin embargo las consultas de los psicólogos están llenas de personas que se dañan a si mismas continuamente. Y no, no es que tengan ninguna patología (que también las hay), es que no saben funcionar de otro modo.

Y también me dirán, y es cierto, que dos personas ante las mismas circunstancias pueden reaccionar de manera totalmente distinta. Hay quien es capaz de transformar sus condiciones negativas en algo positivo y construir su vida hacia algo mejor, y hay quien no, incluso con condiciones más favorables. Pero eso también depende de la capacidad intelectual, de la fortaleza emocional, de la resistencia psicológica que cada cual tenga, y todo eso tampoco se elige.

Entiendo, entiendo que nos gusta más pensar que tenemos libre albedrío siempre, o casi siempre. Que cuando las cosas nos van bien es porque somos estupendo, y cuando nos van mal es el destino, la mala suerte o los demás que no nos entienden. Quizá sea así, o tal vez no seamos más que actores de un teatro desempeñando un papel que ignoramos, unos hacen de buenos y otros de malos, unos son felices y otros no. O es posible que sea una mezcla de ambas cosas. Decía Ernest Hemingway que "El mundo nos lastima a todos y luego algunos sacan fuerzas de sus heridas", lo que no sabemos es si esa fuerza está al alcance de todos.


Beatriz Moragues

 

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