Reflexionando sobre...

 

Este espacio está hoy dedicado a un ser muy especial que se acaba de marchar, ella es mi gata Chucky. Sé que hay gente que piensa que los animales sólo son eso, animales, y para ellos siempre es excesivo el tiempo y la atención que algunas personas les dedicamos. Pero también sé que todas aquellas personas que los aman, me entenderán perfectamente. No me gusta decir que era "mi" gata, porque creo que los seres vivos no pueden ser propiedad de nadie. Compartíamos casa, aunque ella no pagase la hipoteca ni colaborase en las tareas cotidianas. No importaba, el regalo de su cariño constante era más que suficiente.

Chucky era una gata muy especial, dulce y buena como ella sola. Se adaptaba a todo: cambios de domicilio, entrada de otros animales, que fueran gatos o perros le era indiferente, ella los aceptaba de inmediato. Quería mucho a una de mis perras, una mestiza de cuarenta y cinco kilos, a la que le lamía toda la cara, mientras Kira (la perrita) se dejaba hacer complacida. Ambas se adoraban.

ChuckyRecuerdo como venía a saludarme todas las mañanas, como respondía maullando cuando le decía algo, como le gustaba tumbarse en la mesa del despacho cuando yo estaba con el ordenador que, por cierto, me lo ponía todo perdido de pelos. Dieciséis años de convivencia dan para muchos recuerdos, para esbozar muchas sonrisas y para rememorar, también, alguna que otra trastada.

Era un cruce de siamés, aunque prácticamente lo único que tenía de esa raza eran sus preciosos ojos azules, que seguro ahora están escrutando curiosos otros territorios menos densos. Me gustaría saber dónde van los animales cuando se despiden de este mundo, aunque supongo que dependerá del animal, como depende de la persona. Yo tengo la sensación de que aquí todos estamos interrelacionados, aunque no nos percatemos de ello. Seres humanos, animales y naturaleza formamos una realidad en la que estamos interconectados de forma muy sutil unos y otros, y todo ello tiene que ver con nuestra evolución.

A Chucky le diagnosticaron hace pocos días un tumor intestinal que no tenía operación posible, y hubo que practicarle la eutanasia para evitarle sufrimientos innecesarios. Sé que ha sido lo mejor y, aunque doloroso, entiendo que cuando algo termina hay que aceptarlo así. Era el momento de la partida, como hace dieciséis años fue el momento de encontrarnos. Y, a pesar de la punzada de dolor que tengo en el alma, también me embarga una alegría infinita por haber compartido todos estos años con un ser tan especial, porque sé que ha tenido una vida feliz hasta el final, porque estoy segura que se ha sentido muy querida, y porque sé que no ha sufrido en su partida. Y después de todo esto, sólo me queda darle las gracias por haber compartido su ratito de vida en este mundo conmigo. Es increíble como se llega a querer a esta "pequeña gente".


Beatriz Moragues

 

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