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El 20 de Noviembre de 1999 se conmemoró el 20 aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño. En España, las autoridades y la mayor parte de los ciudadanos asumen que los niños son sujetos de derecho, que no son propiedad de nadie y que protegerlos ha de ser una prioridad. A pesar del reconocimiento formal, miles de menores viven en España al margen de sus derechos. Víctimas de familias desestructuradas, de escasos recursos económicos o de etnias y poblaciones marginadas, se desarrollan en entornos que les impiden el libre ejercicio de sus derechos.
El anterior Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid,
Javier Urra, divide los derechos de los niños en tres categorías:
el "derecho a beneficiarse de algo" (alimentación,
cuidados, medicinas, afecto...), "el derecho a ser protegido de
cualquier cosa" (de malos tratos, torturas, abusos o explotación
laboral) y "el derecho a hacer algo, alguna actividad", como
puede ser expresarse y tomar decisiones. El 23% de las niñas
y el 15% de los niños menores de 17 años sufren abusos
sexuales, sólo en la Comunidad de Madrid hay 20.000 niños
trabajando, la Administración se hace cargo de miles de menores
que, aunque tienen cubierto ese "derecho a beneficiarse de algo",
el afecto no se puede imponer. Son datos demasiado fríos que
ocultan rostros de niños. ||MALTRATO INFANTIL|| Este colchón que el Estado pretende ser para
sus niños está inflado con el esfuerzo de multitud de
Organizaciones No Gubernamentales que, gracias a su profesionalidad
y a la cercanía a problemas concretos, comparten la responsabilidad
con las Administraciones. entre éstas destacan las ONG agrupadas
en la Plataforma de Organizaciones de Infancia que colaboran en la redacción
de los informes que España presenta ante el Comité de
los Derechos del Niño. De ellos se desprende que en España
no existen dificultades para aplicar la Convención pero sí
se dan multitud de deficiencias como la falta de garantías en
la ejecución de las medidas aplicadas a menores infractores,
la falta de protección de la vida privada en los medios de comunicación
o la no aplicación en la práctica de los derechos de los
menores de determinados colectivos como los inmigrantes o los gitanos. Los factores que llevan a un padre o a una madre a utilizar la violencia contra sus hijos son muy diversos; influyen los rasgos biológicos de los padres, como la incapacidad de controlar sus reacciones, pero son los factores sociales los que ejercen un mayor peso. Los casos atendidos por los servicios sociales ponen de manifiesto que el maltrato infantil se asocia a situaciones de paro (68%), mal acondicionamiento de la vivienda (77%) o bajo nivel educativo. Lo cierto es que estos comportamientos detestables se dan en todos los niveles socioeconómicos pero sólo se conocen los que son atendidos por los servicios sociales: un 20% del total. No sólo el uso de la violencia es maltrato: la desatención, los abusos psicológicos o el abandono (casi el 80% del total) hacen tanto daño como los golpes. Un reciente estudio del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia ha puesto de manifiesto que la familia es la institución más violenta, sólo superada por el ejército en tiempos de guerra. Sigue subsistiendo la concepción de que los hijos, como ocurre en ocasiones con las mujeres, son propiedad de los padres y lo que ocurra dentro del hogar incumbe, en exclusiva, al ámbito privado. Ni es propiedad de sus padres, ni lo es de la sociedad, el niño es una persona, con mayores derechos que los adultos, y a todos nos corresponde vigilar que disfrute de ellos en libertad. Acabar con el maltrato infantil debe ser una prioridad de las Administraciones y de las organizaciones, ya que la sociedad del futuro será lo que hoy son sus niños. La realidad nos enseña que más del 18% de los maltratados acaban convirtiéndose en maltratadores. Aunque queramos creer lo contrario, los padres que maltratan no están enfermos: sólo un 10% padece trastornos psíquicos, pero más del 20% de los casos de malos tratos está asociados a adicciones y politoxicomanías. En los servicios de atención a esta población se ha observado el aumento de pacientes que tienen a su cargo a algún menor, 40 de cada 100. Los hijos de los drogadictos, debido a las carencias afectivas que sufren, presentan un desarrollo mermado y una disfunción de su conducta, según las conclusiones del Seminario Internacional de Experiencias Europeas de Atención a Drogodependientes con hijos, organizado por AGIPAD (Asociación Guipuzcoana de Investigación y Prevención del Abuso de Drogas). Para estos niños, la violencia se convierte en una amenaza diaria y soportan una tensión continúa en función de los cambios repentinos de humor de sus padres y de lo inexplicable de sus reacciones. Los hijos de drogadictos se avergüenzan de sus padres y, ante la falta de modelo de comportamiento, en muchas ocasiones acaban asumiendo ellos mismos la responsabilidad de proteger a sus padres. Miedo, vergüenza e inseguridad marcan la vida de unos pequeños a quienes las drogas les han arrebatado a sus padres. ||VIVIR EN LA CÁRCEL|| Otro ejemplo de menores en situación de riesgo
son aquellos que residen con sus madres en centros penitenciarios. La
ley permite que los niños vivan con sus progenitoras hasta los
tres años y las tendencias demográficas de la ||DERECHOS EN EL PAPEL|| En lo que se refiere a los derechos básicos
de la sanidad y la educación, cualquier mejora no será
suficiente. En el ámbito sanitario, además de las deficiencias
en la atención a la salud mental ya mencionadas, los problemas
se centran de nuevo en los menores inmigrantes, en las dificultades
administrativas que encuentran para recibir la atención a la
salud que tienen reconocida por ley. Esta situación ha sido denunciada
por varias organizaciones sociales y por algunos fiscales y parece que
la presión social se encargará de eliminar los resquicios
de desatención que puedan producirse. El colectivo de inmigrantes presenta además peculiaridades especiales que se unen a las anteriormente citadas de carencia de recursos económicos. La actual Ley de Inmigración reconoce el derecho a la educación obligatoria hasta los 16 años pero se constata la carencia de programas que favorezcan la adquisición de la lengua junto con medidas de protección de la cultura propia. En lo que se refiere a la educación secundaria las cifras demuestran que la formación profesional es escogida mayoritariamente por jóvenes con escasos recursos económicos o en dificultad social. Las organizaciones solicitan un mayor apoyo a esta opción para que deje de ser "el caldo de cultivo de la creación de guetos". El Ministerio de Educación puso en marcha una campaña que, bajo el lema de Todos los caminos. Todas las metas, pretende fomentar la formación profesional. ||LOS QUE VIENEN DE FUERA|| Los niños extranjeros que viven en España
no acompañados son hoy por hoy la mayor preocupación de
responsables políticos, profesionales de las ONG y de los jueces
y fiscales. Los niños inmigrantes son también nuestros
niños, son los que están en mayor situación de
riesgo y a los que, sin duda, la articulación de los sistemas
sociales tiene en mayor abandono. Es un "problema" para el
que las Administraciones no están preparadas: no se saben las
cifras reales, son varias las autoridades competentes, los servicios
sociales están descordinados y las dificultades y necesidades
de estos niños son bien distintas de las de los nacionales. El
Ministerio Pero si por la regiones españolas los menores campan sin la atención necesaria, en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla la situación es kafkiana: cientos de niños atraviesan diariamente la frontera para conseguir de cualquier manera algo de dinero; si son atrapados por la policía comienza un periplo del que nadie se responsabiliza. Las ONG y los Jueces de Menores dan voces en el desierto de la incompetencia administrativa; y mientras tanto muchos niños mendigando, hacinados en edificios sin los requisitos mínimos y siendo el caramelo de indeseables organizados. ||JUGAR A SER|| El único principio de los Derechos del Niño
que no está garantizado y respaldado legislativamente en España
es el que se refiere a la responsabilidad penal de los menores. Para
ajustarnos a la Convención, España tuvo que reformar en
1992 la ley sobre los juzgados de menores; ahora, los niños entre
12 y 16 años tienen edad para que les sean exigidas responsabilidades
si cometen delitos, pero son tratados por Juzgados de Menores. De los
16 a los 18 años los Juzgados y Tribunales ordinarios se encargan
de sus casos, y aunque aplican penas inferiores que pueden ser sustituidas
por internamiento en instituciones especiales, estos procedimientos
contravienen lo dispuesto en la Convención. En el Parlamento
se está debatiendo aún la futura Ley de Planes de Acción, presupuestos, subvenciones, instituciones especializadas y ONG comprometidas, cualquier esfuerzo es poco para proteger a los niños, para acabar con sus necesidades, para ofrecerles una vida digna. Porque la sonrisa de un niño compensará el mayor de los sacrificios. Lola Pérez - "OeNeGé" |