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A lo largo de los años, poco a poco,
muchas palabras que se utilizan para describir la conducta humana se han
ido introduciendo en las exposiciones científicas del comportamiento
animal no humano. Cuando, a comienzos de los años sesenta, empecé
a usar sin reparos palabras como "infancia", "adolescencia",
"motivación", "excitación" y "estado
de ánimo", fui objeto de muchas críticas. Todavía
fue peor el delito que cometí al sugerir que los chimpancés
tienen "personalidad". Estaba atribuyendo características
humanas a animales no humanos y era en consecuencia culpable del peor de
los pecados etológicos: el antropomorfismo. Es cierto que el antropomorfismo
puede inducir a confusión, pero ocurre que los chimpancés,
los parientes vivos más cercanos que tenemos en el reino animal,
presentan múltiples características humanas. Lo cual no tiene
nada de sorprendente, dado que nuestro ADN difiere del suyo sólo
en poco más del uno por ciento. Cada
chimpancé, macho o hembra, tiene una personalidad única y
su propia biografía personal. Podemos hablar de la historia de una
comunidad de chimpancés, en la que los acontecimientos más
importantes -una epidemia, una especie de "guerra" primitiva,
un "auge de la natalidad"- han marcado los "reinados"
que hemos conocido de cinco diferentes machos alfa. Los machos alfa son
los situados en el rango más elevado dentro del grupo. Y hallamos
que los chimpancés, en cuanto a individuos, pueden modificar de alguna
manera el curso de la historia chimpancé, como ocurre con los seres
humanos (...)
Los chimpancés pueden vivir más de cincuenta años. Los pequeños maman durante cinco, tiempo en el que sus madres los llevan consigo. Y luego, aun cuando nazca un nuevo hermano, el mayor, o la mayor, se sigue desplazando con su madre durante otros tres o cuatro años, y aun posteriormente continúan pasando mucho tiempo con ella. Los lazos existentes entre los miembros de la familia son estrechos, afectuosos, sirven para el apoyo mutuo, y es característico su mantenimiento de por vida. El aprendizaje es importante en el ciclo vital del individuo. Los chimpancés, como los seres humanos, son capaces de aprender mediante la observación y la imitación, lo que quiere decir que si un individuo determinado "inventa" una nueva pauta adaptativa, éste puede transmitirse a la generación siguiente. Encontramos así que, mientras varios grupos de chimpancés a los que se ha estudiado en distintas partes de África tienen muchas formas de comportamiento en común, también tienen sus tradiciones diferenciadas. Esto ha quedado bien documentado en relación con la utilización y fabricación de herramientas. Los chimpancés usan un mayor número de objetos como herramientas, con un mayor número de finalidades, que cualquier otra criatura, si nos exceptuamos a nosotros mismos, y cada población tiene su propia cultura instrumental (...) Las posturas y los gestos mediante los cuales se comunican los chimpancés -tales como los besos, abrazos, cogerse de la mano, golpearse unos a otros la espalda, pavonearse, darse puñetazos, tirarse del pelo, hacerse cosquillas- no sólo son extrañamente parecidos a los nuestros, sino que se utilizan en los mismos contextos y tienen un significado semejante. Dos amigos se saludarán con un abrazo, y a un individuo que inspira miedo se le calmará tocándole. Los chimpancés son capaces de unas formas de cooperación muy refinadas y de una manipulación social compleja. Al igual que nosotros, su naturaleza tiene su lado sombrío: pueden ser brutales, poseen un instinto territorial agresivo, y llegan incluso a enzarzarse en una forma primitiva de actividad bélica. Pero también hacen gala de una variedad de comportamientos que implican prestar ayuda y cuidados, y son capaces de verdadero altruismo. ||FACULTADES SEMEJANTES|| La estructura del cerebro y del sistema nervioso central del chimpancé se parece extraordinariamente a la nuestra. Hecho que parece haber dado lugar a unas emociones y facultades intelectuales semejantes en las dos especies. Es evidente que resulta difícil estudiar las emociones incluso cuando los sujetos son humanos. Cuando dices que estás triste y tu rostro expresa tristeza, tan sólo puedo hacer la conjetura de que sientes de una manera parecida a la que siento yo cuando estoy triste. Pero no puedo saberlo. Y cuando el sujeto es miembro de otra especie, la tarea es mucho más ardua. Si atribuimos emociones humanas a animales no humanos, se nos acusa, evidentemente, de antropomorfismo. Pero dadas las semejanzas que presentan la anatomía y las conexiones del cerebro del chimpancé y el humano, ¿no es lógico suponer que existirán semejanzas también en los sentimientos, las emociones y los estados de ánimo de ambas especies? Está claro que ninguno de los que hemos trabajado en estrecha relación con los chimpancés durante largos periodos dudamos en afirmar que los chimpancés, como los seres humanos, muestran emociones similares -y a veces probablemente idénticas- a las que denominamos alegría, tristeza, temor, desesperación, etc. (...). ||TRATO INHUMANO|| Hay pruebas de que pueden resolver problemas sencillos
mediante un proceso de razonamiento y comprensión. Son capaces
de hacer planes para el futuro inmediato. Los experimentos para comprobar
la adquisición del lenguaje han demostrado que poseen poder de
generalización, abstracción y formación de conceptos,
así como la capacidad para entender y utilizar símbolos
abstractos en la comunicación. Y está claro que tienen alguna
especie de concepto de sí mismos. Los tenemos prisioneros en zoos, los vendemos a quien
quiera comprarlos como "animales de compañía",
los vestimos y les enseñamos a fumar y a montar en bicicleta para
divertirnos a su costa. Los encarcelamos y, a Si pudiéramos argüir sin más que es moralmente injusto infligir daños, físicos y morales, a cualquier ser racional, que piensa y que tiene capacidad para sufrir y para sentir dolor, para conocer el miedo y la desesperación, sería fácil. Ya hemos demostrado la existencia de esas capacidades en los chimpancés y en otros grandes simios. Pero, según parece, no basta con esto. Tropezamos, una y otra vez, con esa barrera inexistente, pero que, para tantos, es tan real: la barrera entre "el hombre" y "la bestia". Se erigió en la ignorancia, como consecuencia de la arrogante presunción, que desgraciadamente comparte una inmensa cantidad de gente, de que los seres humanos son superiores en todos los aspectos a los no humanos. Incluso si esos seres no humanos son racionales y pueden sufrir y sentir el dolor y la desesperación, no importa cómo los tratemos, siempre y cuando sea por el bien de la humanidad: bien que por lo visto incluye nuestros placeres. Esos otros seres no son miembros de ese club exclusivo que sólo abre sus puertas a quien sea todo un Homo sapiens. ||DOBLE LEGISLACIÓN|| Por eso es por lo que encontramos una duplicidad normativa
en la legislación referente a la investigación médica.
Por ello, aunque es ilegal realizar experimentos en un ser humano que
ha sufrido muerte cerebral y que no puede ni hablar ni sentir, se acepta
legalmente que se realicen en un chimpancé, perfectamente consciente,
que siente y que es sumamente inteligente. Mientras que se permite legalmente
encerrar a un chimpancé inocente, de por vida, en una celda de
laboratorio vacía, con barrotes de acero, de unas dimensiones de
1,5 x 2 metros, a un asesino múltiple psicópata hay que
confinarle en un lugar más espacioso. Y esta duplicidad existe
únicamente porque el paciente con muerte cerebral y el asesino
múltiple son humanos. Tienen alma y no podemos, desde luego, probar
que los chimpancés la tengan. El hecho de que no podamos probar
que nosotros tenemos alma, o que los chimpancés no la tienen, no
viene al caso por lo visto. Terminaré con un mensaje combinado procedente de dos miembros muy especiales de esta comunidad moral. El primero es un chimpancé llamado Viejo. Fue rescatado de un laboratorio cuando tenía unos doce años y le llevaron a los Lion Country Safaris de Florida. Allí le colocaron, con tres hembras, en una isla artificial. Los cuatro habían sido maltratados. Un joven llamado Marc Cusano se encargaba de su cuidado. Se le dijo que no se acercara mucho, puesto que aquellos chimpancés odiaban a la gente y eran rencorosos. Debía arrojarles la comida a la isla desde un pequeño bote. Pero, conforme pasaban los días, Marc estaba cada vez más fascinado por el comportamiento de los chimpancés, tan semejante al humano. ¿Cómo podía cuidarlos si no tenía alguna clase de relación con ellos? Comenzó a acercarse cada vez más. Un día tendió un plátano con la mano, y Viejo acudió a cogerlo. Unas semanas más tarde, Marc se atrevió a poner el pie en la isla, y entonces, en una ocasión inolvidable, Viejo dejó que Marc le acariciara. Se habían hecho amigos. Poco tiempo después, Marc estaba limpiando la isla, resbaló, cayó y asustó a la cría que había tenido una de las hembras. El pequeño gritó y la madre, de manera instintiva, saltó en su defensa y mordió a Marc en el cuello. Las otras dos hembras acudieron rápidamente en ayuda de su amiga: una le mordió la muñeca y la otra en una pierna. En eso apareció en escena Viejo y Marc pensó que era su fin. Pero el chimpancé tiró de cada una de las hembras, las hizo alejarse y las mantuvo a raya mientras Marc, malherido, se arrastró hasta ponerse a salvo. "No hay la menor duda -me comentó Marc-, Viejo me salvó la vida". ||OJOS HUMANOS|| Nuestro segundo héroe es un ser humano llamado
Rick Swope. Visita el zoo de Detroit una vez al año con su familia.
Un día estaba mirando a los chimpancés en un recinto nuevo
y mayor en el que los habían metido, cuando estalló una
pelea entre dos machos adultos. A Jojo, que llevaba años en el
zoo, le desafiaba un recién llegado más - Pues, le miré a los ojos, y era como mirar a los ojos de un hombre. Parecía como si quisiera decir: "¿Es que no me va a ayudar nadie?" Viejo, un chimpancé al que los humanos habían maltratado, se saltó la supuesta barrera de las especies para ayudar a un amigo en apuros. Rick arriesgó su vida para salvar a un chimpancé, un ser no humano que había lanzado un mensaje que un humano pudo entender. Ahora es cosa de que todos los demás humanos nos unamos a ellos.
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