Defensores de la igualdad

 

El hombre, con todo su poder tecnológico, se lanzó a la aventura del espacio enviando satélites inteligentes a recorrer nuestro sistema solar, pisando la luna, manteniendo una estación espacial en órbita con la tierra y poniendo sus ojos en la nueva conquista ambiciosa del cercano planeta Marte.

Pero para que este avance hacia las estrellas se iniciara y los astronautas pudieran sin ningún temor lanzarse con sus Apolos, existieron unos personajes borrados de la historia muy sencillos, inteligentes, sin ánimo de poder o de gloria: "los Chimponautas".

Un equipo de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. se encargó de entrenar a unos setenta chimpancés seleccionados para el proyecto espacial. Fueron literalmente secuestrados de su hábitat natural. Muchos otros murieron en las capturas o durante su traslado.

Estos chimpancés debían aprender a realizar una serie de ejercicios similares a los que haría en su lugar un astronauta, con el fin de comprobar si éstos podrían llevar a cabo procesos mentales de naturaleza compleja en condiciones ambientales extremas y sin precedentes, como las que se verificarían durante el lanzamiento y el aterrizaje o en ausencia de gravedad, empleando para ello un panel de simulación de vuelo y un sistema de condicionamiento operante, es decir, de recompensas y castigos. Cuando accionaba la palanca correcta en respuesta al estímulo de una luz parpadeante, se le premiaba con una sabrosa bolita de plátano; cuando se equivocaba, se le castigaba con una suave descarga eléctrica en el pie. El éxito de este singular sistema de entrenamiento superó con creces todas las expectativas de los científicos. En cierta ocasión, uno de los chimpancés compitió contra un congresista de visita en el laboratorio y fue el chimpancé quien ganó el ejercicio de demostración, con un resultado de tan sólo veinte respuestas equivocadas en un total de siete mil movimientos.

El 31 de enero de 1961, un chimpancé de tres años llamado Ham, aguardaba el lanzamiento de la nave en su cápsula "Mercury" acoplada al cohete Redstone, con el cinturón de seguridad abrochado. Tras algunos percances como un incremento de tres mil kilómetros por hora en la velocidad de desplazamiento de la nave, siendo sometida a una aplastante gravedad, Ham cumplió con su deber, regresando sano a la tierra. El espacio exterior pasó a ser considerado un lugar relativamente seguro para el hombre tras el lanzamiento de Ham, y el 5 de mayo del 61, Alan Shepard subió a bordo del primer cohete estadounidense con tripulación humana que cruzó la atmósfera terrestre.

La hazaña de Shepard era digna de admiración pero, tan solo tres semanas antes, la Unión Soviética había cumplido con éxito la misión de colocar en la órbita terrestre la nave Vistok 1, tripulada por Yuri Gagarin. Una cosa era lanzar una cápsula al espacio, y otra muy distinta lograr que diera vueltas alrededor de la Tierra. Los técnicos de la NASA se pusieron entonces manos a la obra y desarrollaron una nave más potente, el Atlas, con el fin de emular la proeza de los rusos. Sin embargo, las pruebas de lanzamiento revelaron que el Atlas presentaba deficiencias técnicas. A la vista de los resultados -dos intentos con éxito y otros tantos frustrados- las autoridades de la NASA decidieron que era demasiado arriesgado enviar un hombre a bordo del Atlas, así que, una vez más, recurrieron a los chimpancés. El elegido para esta misión fue un chimpancé de cinco años y medio llamado Enos que había nacido en África occidental y se había convertido en el primero de su clase tras dieciséis meses de duro entrenamiento físico y psicológico en el laboratorio Holloman. El 29 de noviembre de 1961, a las diez horas y diecisiete minutos de la mañana, el Atlas despegó con Enos a bordo y describiósu primera vuelta alrededor de la Tierra. Todo parecía estar saliendo bien, hasta que la nave emprendió la segunda rotación prevista en su trayecto. Entonces, uno de los reactores a gas se quedó abierto y el cohete empezó a perder combustible y a oscilar.

Pero los problemas no se acabaron ahí. El sofisticado equipo electrónico que debía transmitirle a Enos estímulos visuales -y que ya fuera empleado en el Mercury-, sufrió Chimpancéalgún tipo de anomalía, y el chimponauta empezó a recibir descargas eléctricas cada vez que respondía correctamente. De pronto, aquel chimpancé de cinco años se vio enfrentado a un sistema de premio y castigo que entraba en total contradicción con el enfrentamiento intensivo que había recibido a lo largo de más de un año. Los científicos dieron por sentado que Enos empezaría a contestar incorrectamente a los estímulos con tal de obtener su recompensa de plátano, pero el chimpancé hizo caso omiso del sistema y llevó a cabo las operaciones que él sabía que eran correctas, aunque recibiera una descarga eléctrica cada vez que accionaba la palanca adecuada. De esta forma, aquel "ser irracional" dio una buena lección a sus controladores humanos.

Las pruebas que se realizaron con posterioridad al vuelo demostraron que los científicos sometidos a las mismas pruebas que Enos realizó durante el vuelo apenas si lograban estar a la altura, hecho significativo de por sí, y más si tenemos en cuenta que ellos no recibían descargas eléctricas. No hay duda de que Enos había hecho honor a su nombre, que en hebreo significa "hombre". Su comportamiento a bordo del Atlas sólo podría compararse al de un ser racional, por mucho que la ciencia se negara a admitirlo.

Gracias a las exploraciones espaciales que él y Ham llevaron a cabo, la NASA realizó doscientas cincuenta alteraciones que redundaron en la completa seguridad y comodidad de la nave Friendship 7, a bordo de la cual John Glenn realizó una triple rotación alrededor de la Tierra en febrero de 1962.

Una vez constatada la posibilidad de supervivencia en el espacio, "los chimponautas" dejaron de ser noticia y se desvanecieron de la actualidad del mismo modo que habían irrumpido en ella. Los primeros humanos que llegaron al espacio disfrutaron de fama y gloria eternas, pero los primeros "chimponautas" corrieron una suerte muy distinta. Enos murió de una crisis de disentería tan solo un año después de su misión a bordo del Atlas, mientras que Ham fue despachado al Zoológico Nacional de Washington, donde vivió diecisiete años medio confinado en una jaula, hasta que en 1980 lo enviaron al Parque Zoológico de Carolina del Norte. Allí convivió con una pequeña comunidad de chimpancés hasta 1983, año en que murió de un infarto; contaba a la sazón veintiséis años, edad que hubiera marcado el ecuador de su esperanza de vida si nunca hubiera abandonado su hábitat natural. La mayor parte de los demás chimpancés acabaron sus días en laboratorios de investigación médica, donde fueron sometidos a todo tipo de experimentos dolorosos, cuando no letales.

Cabe señalar, que el ejército compraba a los animales a cazadores africanos que acechaban a las hembras con crías. Por lo general, seguían a la madre hasta que subía a su refugio, en lo alto de un árbol, y la abatían de un disparo. Si la hembra caía sobre su estómago, la cría que llevaba colgada del pecho moría aplastada con ella, pero muchas madres procuraban caer de espaldas para proteger a sus hijos. La cría que, aterrada, chillaba con todas sus fuerzas, quedaba así a merced de los cazadores, que la ataban de pies y manos a una vara, y de esta guisa la transportaban hasta la costa, en un viaje de auténtica pesadilla que solía durar varios días. Las crías que sobrevivían a esta segunda prueba de fuego -y eran muchas las que no lo lograban- eran vendidas por cuatro o cinco dólares la pieza a un comerciante de animales europeo que las encerraba en diminutas cajas durante varios días seguidos hasta que el comprador norteamericano -en este caso, las Fuerzas Aéreas- se presentaba para efectuar la transición final. Las crías que para entonces aún seguían con vida eran embaladas y despachadas a Estados Unidos en unas condiciones de hacinamiento que recuerdan los lejanos y tristes tiempos de la trata de esclavos. Muy pocas crías salían de las cajas por su propio pié: se calcula que apenas una de cada diez llegaba a su destino con vida.

Esto es sólo un ejemplo más de lo desagradecida que es la especie humana, hacia otra que la ayudó a conseguir el sueño de Julio Verne en su libro "Viaje alrededor de la luna".

El equipo científico de la NASA se decidió por los chimpancés, porque buscaban el animal que más se pareciera al hombre desde los puntos de vista biológico, cognitivo y de conducta. Desde el punto de vista fisiológico, los chimpancés eran idénticos al ser humano, más que los gorilas o los orangutanes. Además, poseían una notable habilidad e iniciativa para solucionar problemas.

La respuesta se halla en la historia, en la fase del proceso evolutivo que hemos compartido ambas especies: descendemos de un mismo primate, que es nuestro antepasado común. Curiosamente, los pueblos de África occidental habían llegado a esta conclusión miles de años antes de que lo hiciera la moderna biología molecular, mucho antes incluso de que los europeos descubrieran la existencia del chimpancé. Los pueblos que habitaban en las selvas de la franja occidental del continente africano sabían que su vecino el chimpancé era un antepasado del hombre o bien su hermano, como demuestra la propia palabra "chimpancé", que proviene de un dialecto congoleño y significa "HOMBRE DE BROMA". En este mismo sentido, el pueblo baulé, denomina al chimpancé como el "Querido hermano del hombre"

Han pasado muchas décadas desde entonces y el chimpancé junto con los grandes simios, siguen sin ser considerados especies singulares y semejantes a la nuestra con altos niveles de inteligencia, se les sigue acosando y destruyendo sus hábitats, encerrando en zoológicos privándoles de libertad o experimentando con ellos en laboratorios biomédicos o gabinetes de psicología. Numerosos chimpancés, por ser similares a nosotros y en lugar de ser considerados miembros de la comunidad de los iguales, están siendo infectados con el virus del sida o de la hepatitis c, muriendo en solitarios, sin cariño, enjaulados y locos de soledad; en lugar de hacerlo en condiciones más dignas por haberles utilizado salvajemente en beneficio nuestro, cosa que por otro lado no ha dado el resultado esperado ni aportado ninguna solución vital para paliar estas graves enfermedades. Es más, numerosos laboratorios están abandonando estos ensayos clínicos con los chimpancés, por que no son "elementos prácticos" en la investigación, es decir, no responde a la enfermedad como un ser humano. La historia de los valientes "chimponautas" se repite de nuevo.

Parece que un gran sector de la comunidad científica cierra los ojos ante la evidencia de los trabajos realizados por otros miembros de la misma comunidad, basados en décadas de estudio con los chimpancés, gorilas y orangutanes, en los que han comprobado que su coeficiente intelectual se asemeja y a veces supera al de un niño de tres años. Existen numerosos intereses creados para que estos datos tan significativos, con pruebas documentales y hechos constatados, no se divulguen a la población en general por temor a que se prohiba de modo tajante la manipulación de estos grandes simios parientes a nuestra especie.

||QUERIDO HERMANO||

Hay cinco especies de grandes simios: los bonobos, los humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. La especie orangután incluye dos subespecies de orangután, el orangután de Borneo y el de Sumatra. También hay tres especies de gorila: los gorilas de las tierras bajas occidentales, los gorilas de las tierras altas orientales y los gorilas de las tierras bajas orientales. Hay quienes piensan que hay cuatro subespecies de chimpancé, pero sólo hay tres. Los bonobos y los humanos no tienen subespecies. Hay quienes llaman a los bonobos chimpancés pigmeos, debido a su tamaño. Pero esta denominación es incorrecta ya que se trata de dos especies distintas entre las que hay visibles diferencias tanto genéticas como comportamentales.

La expresión "visibles diferencias genéticas" requiere explicación. En realidad las diferencias genéticas entre todos los grandes simios, por visibles que sean, son muy pequeñas. Las diferencias genéticas entre los pigmeos y los escandinavos también son muy visibles, porque se manifiestan en diferencias de color, tamaño y pelo que saltan a la vista. Pero teniendo en cuenta todo lo que los pigmeos y los escandinavos tienen en común, se trata de diferencias insignificantes. Entre los humanos y los chimpancés hay también diferencias visibles que han provocado la sorpresa de muchos cuando los análisis de ADN mostraron que compartimos el 99.4% del total de nuestros genes con los chimpancés, y sólo un poco menos con los gorilas y los orangutanes. Como señala Robin Dunbar, catedrático de antropología biológica, las diferencias genéticas entre los grandes simios son solo ligeramente mayores a las que existen entre grupos humanos de distintas partes del mundo. Por otro lado un equipo científico de genetistas han anunciado que debido a nuestra proximidad biológica, los chimpancés deberían ser considerados humanos.

La semejanza más evidente es quizá la capacidad lingüistica. Durante mucho tiempo el lenguaje se consideró como una característica exclusivamente humana. Sin embargo, hoy en día sólo el prejuicio puede llevar a alguien a decir que la comunicación en Ameslan -lenguaje de sordomudos americano- entre Francine Patterson y los gorilas Koko y Michael, entre Lyn Miles y el orangután Chantek, y entre Deborah y Roger Fouts y la comunidad de chimpancés de Washoe, no implica el uso del lenguaje.

Interminables grabaciones de vídeo, que recogen las conversaciones de estos simios entre si y Rcon sus amigos humanos muestran que son perfectamente capaces de aprender ingles o francés o el idioma que se les enseñe, siempre que puedan hacerlo sin usar unas cuerdas vocales y una cavidad bucal semejante a la nuestra. El hecho de que la dificultad sea fisiológica, no intelectual, queda demostrado por la velocidad a la que han aprendido a expresarse en lenguaje de sordomudos. Algunos también han aprendido a comunicarse mediante maquinas de escribir diseñadas para ellos o tarjetas marcadas con símbolos cuyo significado habían aprendido.

Si no existiese tal impedimento fisiológico y los simios pudiesen pronunciar todas las consonantes y vocales sin dificultad, probablemente se hubiese tardado menos en averiguar sus capacidades lingüística y también resultaría más fácil que la gente, al oírles hablar en el idioma que usamos habitualmente, aceptase este hecho y sus implicaciones. Una vez más, un detalle moralmente irrelevante como la capacidad de emitir sonidos y no otros (los sordomudos no tienen menos derechos morales que los demás, por no poder emitir tales sonidos) ha retrasado este descubrimiento científico y también la disposición del publico a aceptar que realmente los chimpancés, los bonobos, los gorilas y los orangutanes también hablan.

El lenguaje, o mejor dicho, la capacidad para el lenguaje no es una característica moralmente irrelevante, como indicador de otras capacidades mentales como la autoconciencia y la capacidad de relacionarse con uno mismo como ser que existe en el tiempo y está conectado a un pasado y un futuro.

Tanto los chimpancés como los gorilas han sido observados "hablando solos" o "pensando en alto" de forma muy parecida a la de los humanos. Los ejemplos de este fenómeno, así como del uso creativo del lenguaje para generar nuevos mensajes y describir algo real o ficticio, son inumerables. Como ilustración, tomemos el uso de una palabra que muchos simios aprendieron de sus respectivos cuidadores: la palabra "sucio".

A Chantek le enseñaron esta palabra para que avisase cuando tenía ganas de ir al cuarto de baño. Al principio lo usó de este modo, pero luego empezó a emplear esta expresión para engañar a los demás y que le dejasen entrar en el baño y poder así jugar con el jabón, la espuma y la lavadora. Tener la capacidad de engañar es importante porque supone la capacidad de ponerse en el lugar del otro y ver las cosas desde su punto de vista, para saber como llevarles a tener creencias o expectativas que no se corresponden con la realidad.

Washoe, también desarrolló sus propios usos creativos de la palabra "sucio": el insulto. Un día estaba entretenida mirando una revista tranquilamente cuando su hijo adoptivo Loulis -al que ella misma espontáneamente enseñó a hablar inglés para sordomudos- se la quitó de las manos y salió corriendo de la habitación llevándose la revista. Washoe se quedó sola gesticulando "¡Sucio!, ¡Sucio!".

También Koko aprendió a decir `sucio´ y más de mil palabras más. Pero esta no fue la palabra que escogió espontáneamente para utilizar como insulto. Cuando otro gorila le llamo "maloliente", ella le respondió "¡tú, podrido, podrido!" haciendo el gesto con ambas manos, para más énfasis. Además de saber emplear espontáneamente palabras que conocen en un contexto en otro diferente, o dándole al término otra función muy distinta, o cogiendo sólo algunas de las connotaciones, los gorilas también pueden definir conceptos empleando una combinación de otros conceptos para los que conocen las palabras correspondientes. Así por ejemplo, al preguntarle a Koko "qué es un insulto", respondió: "pensar malo, sucio". "¿Y qué es un hornillo?": "para cocinar"; "¿y que es duro?": "roca... trabajo"... "¿y quien es una gorila muy lista?": "Yo".

Y si hay imágenes que valen más que mil palabras, las expresiones de esta coqueta gorila mirándose en el espejo, poniendo caras, y examinando el estado de sus dientes son un buen indicador de su conciencia de tener un cuerpo que cambia y una imagen que es la suya. Koko además cogió afición a hacer chistes y bromas y a reírse de las de los demás, pero sobre todo de las bromas propias. En momentos más tristes recordaba a su gatito Ball, al que atropelló un coche. Sucesos como éste volvían a su mente muchos años después, por ejemplo, al ver una foto de ball o de otros seres queridos.

Los chimpancés no solo recuerdan personas a las que no han visto durante veinte años, y sucesos ocurridos en su infancia, sino que también esperan sucesos futuros con mucha antelación. Su capacidad de planificación fue observada muchas veces en relación a su practica de construir herramientas. Los chimpancés pueden estar bastante tiempo buscando la madera o la piedra adecuada y sentarse a hacer una herramienta, para luego llevársela a otro lugar y emplearla para extraer miel de un panal, hormigas de un termitero, coger agua del río o romper la cáscara de alguna fruta. Pero los que aprendieron a hablar en inglés de sordomudos mostraron que la capacidad de proyectarse en el futuro era mucho más amplia. Esperan el día de su cumpleaños, expresando el deseo de que les den helado de fresa como el año anterior, y cuando empieza a hacer frío, y se celebra el día de Acción de Gracias, preguntan cuando les pondrán lo que ellos espontáneamente bautizaron como "el árbol de los caramelos", que recuerdan de la Navidad anterior.

En definitiva, los grandes simios pueden satisfacer algunas de las más exigentes y exhaustivas definiciones del termino "persona", que incluyen condiciones como la autoconciencia, la capacidad de hablar, de actuar, de aprender, de expresar sentimientos, deseos y preferencias, el sentido del pasado y el futuro, la curiosidad o la amistad.

||LA CULTURA DE LOS CHIMPANCÉS ES CASI HUMANA||

Según un reciente estudio, los chimpancés tienen una tradición cultural tan rica y variada como la de los humanos. Un importante estudio del comportamiento de los chimpancés en distintas zonas de África ha revelado una sorprendente variedad de técnicas y costumbres sociales, a través de lo cual los científicos creen que este animal es el que presenta más similitudes con la especie humana.

Un Equipo Internacional de científicos dirigidos por el profesor Andrew Whiten, de la facultad de psicología de la Universidad St. Andrews en Escocia, reunió y analizó los resultados de 151 años de trabajo y estudios en siete poblaciones de chimpancés en toda África Ecuatorial. Esta Hormigainvestigación demuestra que existe una gran variedad de comportamientos. Cada grupo tiene distintos hábitos de higiene y diversos métodos de recoger hormigas, ver si los panales tienen miel, romper la cáscara de las nueces, arrojar objetos y amenazar.

Clasificando 65 patrones distintos de comportamiento, los científicos demostraron que existen 39 rasgos culturales comunes, habituales en algunos pero inexistentes en otros y no influidos por el entorno en el que vivían los chimpancés. El profesor Whiten reconoció: "Lo que es auténticamente increíble es que existamos las personas y los chimpancés desde hace millones de años, pero hasta hace 40 años no sabíamos muchas cosas del comportamiento de estos simios".

"En los distintos grupos de chimpancés estudiados, hemos visto que tienen distintos hábitos de conducta, de modo parecido a lo que podríamos ver en las poblaciones humanas. Los distintos grupos de chimpancés se diferencian no sólo por un comportamiento, sino por un conjunto de patrones, es decir, lo mismo que sucede entre los humanos, en los que los distintos grupos tenemos distintas culturas y técnicas, hábitos de alimentación y modales. En muchos casos el comportamiento es automático y habitual dentro de un grupo, pero no tenemos ninguna explicación derivada del entorno o del medio ambiente". Por ejemplo, un grupo de chimpancés del Parque Nacional de Gombe en Tanzania "pescaba" hormiga soldado con una caña larga y se las comía con un sólo movimiento de la mano. Los chimpancés de otros grupos utilizan un sistema mucho menos eficaz, usando cañas más cortas y comiéndose las hormigas directamente desde la caña.

Otro aspecto de la diversidad cultural se refiere al cuidado y la higiene. En el África occidental, el chimpancé quita los piojos de la piel de otro, los pone sobre su antebrazo y los aplasta con un dedo de la otra mano. Pero los de Gombe colocan al parásito en una hoja antes de aplastarlo y los de otro lugar de Uganda toman una hoja cada vez que han extraído un piojo, lo colocan sobre ella y lo examinan atentamente antes de comérselo o tirarlo. Quizá el ejemplo más sorprendente de estas diferencias culturales sea el que se pudo observar en las orillas del río Sassandra-N´zo de Costa de Marfil: los chimpancés que vivían en una orilla partían las nueces con piedras seleccionadas y en ocasiones pulidas, mientras que los de la otra no. Igualmente se menciona la utilización de hierbas medicinales consumidas a una determinada hora del día.

Los estudios de Jane Goodall sobre los chimpancés, realizados sobre todo en lo que hoy es el Parque Nacional de Gombe, han incrementado sustancialmente el conocimiento sobre estos primates. Sus novedosos descubrimientos sobre el comportamiento de los chimpancés -hoy comúnmente aceptados- conmocionaron en su día a la comunidad científica. Goodall comprobó que usan y fabrican herramientas, que comen carne y que en ocasiones practican el canibalismo; que pueden transmitirse conocimientos, experimentar sentimientos como amor, celos o ira, y actuar de forma consciente y premeditada. "Tienen mucha inventiva -afirma Jane-. Realizan muchas actividades que no les son necesarias para sobrevivir".

||EL PROYECTO "GRAN SIMIO"||

Hay miles de chimpancés que se pasan 30, 40, 50 años, sus vidas enteras encerrados en pequeñas jaulas (generalmente de 1,6 x 1,6 x 2 m.). Se les inyecta la hepatitis, el HIV y otros virus, y hasta que mueren sufren biopsias, inyecciones, sangrías y todo tipo de experimentos. Apenas nos es posible hacernos una idea de lo que debe ser pasarse la vida entera encerrados, sin ver el mundo exterior ni a ningún semejante, sin amigos ni familia, sin saber lo que es un árbol. Es difícil imaginar no solo el dolor físico, sino lo terribles que deben ser sus vidas interiores cuando las intervenciones quirúrgicas constituyen la única interrupción al más absoluto aburrimiento y la más profunda soledad. Estas es la vida de muchos de ellos: la cadena perpetua desde el nacimiento, a veces también la tortura.

ZooPara otros quizá es todavía peor: nacen en familia y en libertad y ven como matan a sus madres ante sus ojos, porque intentan impedir que se los lleven. Luego emprenden viajes de varios días, durante los que la mayoría mueren de frío, hambre, stress y depresión, encogidos y entumecidos en una caja en la oscuridad con solo unos agujeros para respirar. Los supervivientes no vuelven a ver jamás a sus parientes y amigos, ni a ningún otro miembro de su especie, ni ningún lugar ni objeto familiar. Quizá la historia de un pequeño orangután llamado Bimbo puede dar una idea del sufrimiento que esto supone. Bimbo fue rescatado de una caja de madera donde lo dejaron cabeza abajo dentro de un barco desde Singapur a Bangkok. Su sufrimiento fue tal que perdió el deseo de vivir. A pesar de su carácter curioso y vivaz, y a pesar de los asiduos cuidados con los que mejoraron su condición física, Bimbo dejó de comer y se dejó morir. En el caso de los chimpancés, teniendo en cuenta que para poder secuestrar a una cría, generalmente hay que matar a los padres y contando la proporción que muere por el camino, se calcula que por cada chimpancé que llega vivo a Estados Unidos o Europa, han muerto diez.

El Proyecto Gran Simio tiene como objetivo, conseguir que se firme una declaración de las Naciones Unidas, sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides. Pero también defiende la creación de territorios protegidos donde los chimpancés, los bonobos, los gorilas y los orangutanes puedan vivir por sus propios medios, sin temor al secuestro y la masacre, como personas libres.

Existen evidentes pruebas científicas y estudios realizados con los grandes primates durante décadas, que han demostrado la elevada inteligencia de los grandes simios hasta el punto de llegar a una comunicación directa con el ser humano mediante el lenguaje por signos y otras formas de aprendizaje, dialogar entre ellos mismos con el mismo lenguaje aprendido y transmitirlo a sus hijos, inventar nuevas palabras, superar los test de inteligencia concebidos para niños de tres años, poseer una estructura social compleja, reconocerse a sí mismos y mentir para su beneficio, emplear utensilios y herramientas para fines concretos, sin contar que comparten con nosotros el 98´4% del total de nuestros genes -con los chimpancés y bonobos-, y sólo unos pocos menos con los gorilas y orangutanes. Como muy bien señala Robin Dunbar, catedrático de antropología biológica, la diferencia genética entre los grandes simios son sólo ligeramente mayores a las que existen entre grupos humanos de distintas partes del mundo.

Jane GoodallPartiendo de esta convicción, 34 especialistas de todo el mundo, figuras tan reconocidas como Jane Goodall, Richard Dawkins, Toshisada Nishida, Jesús Mosterín, Peter Singer o Robert Fouts, se unieron con un propósito: extender el ideal de igualdad moral, de libertad o de prohibición de la tortura existente ahora entre los seres humanos a los otros grandes simios -chimpancés, gorilas y oraguntanes-. Con ello se busca una igualdad moral basada no en la arbitraria condición de que somos seres humanos, sino en el hecho de que somos seres inteligentes con una vida emocional rica y variada, cualidades que emparentaban a los seres humanos entre sí tanto como los emparentaban con los otros grandes simios. Combinando la observación y la interpretación, la etología y la ética, filósofos, zoólogos, sociólogos, antropólogos, psicólogos y juristas de nueve países diferentes, han presentado de una forma cohesiva y persuasiva, argumentos para la aceptación de algunos animales no humanos como personas, en un libro que lleva por nombre "Proyecto Gran Simio". Asimismo recuerdan -a quien pudiera juzgar la propuesta de disparatada- que también hubo un tiempo en que los esclavos "humanos" fueron considerados como simple "propiedad animada".

Se trata, pues, de un proyecto revolucionario, en cuanto trata de romper barreras impuestas por la pertenencia a una especie; polémica, al surgir una tiranía institucionalizada de los hombres contra los demás animales y trascendental, en la medida que supone un paso más hacia la aceptación de los derechos fundamentales de los animales.

||DECLARACIÓN SOBRE LOS GRANDES SIMIOS||

Pedimos que la comunidad de los iguales se haga extensiva a todos los grandes simios: los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes.

La "comunidad de los iguales" es una comunidad moral dentro de la cual aceptamos que determinados principios o derechos morales fundamentales, que se pueden hacer valer ante la ley, rijan nuestras relaciones mutuas. Entre estos principios o derechos figuran los siguientes:

1.- El derecho a la vida. Debe protegerse la vida de los miembros de la comunidad de los iguales. No puede darse muerte a los miembros de la comunidad de los iguales, excepto en circunstancias que se definan estrictamente, por ejemplo: en defensa propia.

2.- La protección de la libertad individual. No puede privarse arbitrariamente de su libertad a los miembros de la comunidad de los iguales. Si se les aprisiona sin que medie un proceso legal, tienen el derecho de ser liberados de manera inmediata. La detención de quienes no hayan sido condenados por un delito, o de quienes carezcan de responsabilidad penal, sólo se permitirá cuando pueda demostrarse que es por su propio bien, o que resulta necesaria para proteger al público de un miembro de la comunidad que claramente pueda constituir un peligro para otros si está en libertad. En tales casos, los miembros de la comunidad de los iguales deben tener el derecho a apelar ante un tribunal de justicia, bien directamente o, si careciesen de la capacidad necesaria, mediante un abogado que los represente.

3.- La prohibición de la tortura. Se considera tortura, y por tanto es moralmente condenable, infligir dolor grave, de manera deliberada, a un miembro de la comunidad de los iguales, ya sea sin ningún motivo o en supuesto beneficio de otros.

Con esta Declaración de los Grandes Simios, se ha forjado el Proyecto Gran Simio que tiene como base, una idea, un libro y una organización internacional que se está extendiendo de forma rápida a lo largo de todo el mundo con la particularidad de que muchos científicos y filósofos se han puesto en cabeza de este movimiento social.

Piter Singer, catedrático de Filosofía y Director del Center for Human Bioethies de la Monash University de Melboume, es el Presidente Internacional del Proyecto Gran Simio. Joaquín Araujo es el Presidente Ejecutivo Nacional, siendo Pedro Pozas el Secretario General y Paco Cuellar Administrador General y relaciones internacionales.

Uno de los principales trabajos que el Proyecto Gran Simio está realizando, es un censo de todos los grandes simios que se encuentran en zoológicos o en otras instituciones y particulares en España, al objeto de realizar un seguimiento y denunciar los que se encuentren en malas condiciones, sean maltratados o por el contarrio figuren dentro del tráfico de Especies Protegidas (CITES). Igualmente, desde el Proyecto Gran Simio se trabaja para la protección de los hábitats naturales de los grandes simios así como conseguir una ley estatal que los proteja de los tres puntos arriba mencionados en la Declaración sobre los Grandes Simios.

Se hace un llamamiento desde estas páginas a todos los lectores, para que nos comuniquen a la dirección de correo pgsmadrid@hotmail.com la presencia de grandes simios, tanto en zoológicos, particulares, circos o Centros de Primates, de cualquier punto de España; con el fin de completar el CENSO en España y establecer contacto con sus dueños o directores del Centro para un seguimiento más cercano, la toma de datos personales de cada homínido no humano y si necesitan ayuda de cualquier tipo.

Pedro Pozas Terrados - Secretario General del Proyecto Gran Simio de España

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