Túnez: historia y leyenda

 

Túnez, en el corazón del Magreb, guarda en su seno innumerables encantos para el viajero curioso. La Historia -así, con mayúscula- impregna sus arenas como un perfume. Allí estuvo la mítica Cartago, tan influida por la presencia del antiguo y enigmático dios Baal. Pero no sólo el pasado aporta misterio al paisaje tunecino. Hay más, mucho más... Les invitamos a un viaje diferente, a una genuina aventura llena de sorpresas y exotismo.

Túnez es un paraíso literario cuyos paisajes han sido elegidos por abundantes directores de cine como escenario de películas de éxito, como En busca del arca perdida, La guerra de las galaxias o Piratas. Un país de paso para fenicios, cartagineses, griegos, romanos y árabes; pueblos que poblaron y despoblaron, construyeron y destruyeron a su antojo. Un país que dejó de ser campo de batalla para convertirse en terreno de aventuras placenteras, donde el relax, la holganza y la pitanza fueron la divisa de algunos de los literatos de más fama del siglo pasado, desde Oscar Wilde hasta Flaubert y de Maupasant a Bernanos, que vivieron, escribieron y amaron mientras se tomaban un refrescante té de menta en las playas de Hammamet.

Llegaba a Túnez, un país de contrastes entre la costa turística y el desierto de los beréberes, un país que sobrevive entre la riqueza suntuosa del norte y la pobreza tórrida del sur, entre la intolerancia islámica y la intransigencia de las viejas costumbres, entre la monotonía de lo cotidiano y el encanto de la novedad y la sorpresa.

En este breve reportaje es forzoso que queden lugares en el tintero, aunque no en el olvido. Por tal razón, no voy a referirme a Kariuán, donde se ubica la cuarta mezquita más importante del Islam (tras la Meca, Medina y Jerusalén) y la primera de África. ¿Sabían que siete peregrinaciones a Kariuán equivalen a una a la Meca? No hablaré tampoco del impresionante lago salado de Chott el Djerid que divide Túnez en dos partes, ni del encantador pueblo de Sidi Bou Said con puertas y ventanas de ensueño, ni del refrescante oasis de La Corbeille en Nefta, ni siquiera de las ruinas romanas y bizantinas de Sbeitla, con sus espléndidos arcos, capitolios, calzadas y termas... No lo voy a hacer porque muchos libros y guías dan buena cuenta de todos estos enclaves. En cambio, quiero mostrarles otras zonas que esconden remotas tradiciones y para ello les propongo un recorrido por el pasado misterioso de Túnez.

||DELENDA EST CARTAGO||

Cuando se habla del pasado de Túnez (la Tunicia de los franceses) hay que hablar de Cartago, porque de lo contrario sería un olvido imperdonable. El 814 a. de C. marca la partida del legendario nacimiento de Cartago. Su Historia comienza con la salida de una princesa fenicia (llamada Dido, o bien según su nombre tirio, Elisa) de la ciudad de Tiro, donde reinaba su hermano el rey Pigmalión. La princesa llega a Túnez y consigue comprar a los nativos "cuanta tierra pudiese abarcar una piel de buey". Aceptaron el trato sin darse cuenta de que era una hábil estratagema para que algo aparentemente finito se convirtiera casi en infinito, al ir cortando la piel en finas tiras para abarcar así más territorio. Los habitantes del lugar descubrieron en ese momento uno de los más viejos timos. De esta singular manera, según la leyenda, se delimitó la ciudadela de Byrsa, palabra que quiere decir "piel de buey", núcleo del cual surgió la fundación de Cartago. En La Eneida se comenta cómo Eneas naufraga frente a las costas de Cartago, siendo acogido por Dido y surgiendo el amor entre ambos. Pero Eneas finalmente abandonará a la princesa para seguir rumbo a Italia y Dido se suicidará clavándose un puñal. No deja de ser un anticipo de todas las tragedias que le sobrevendrán a Cartago.

Esta antigua colonia fenicia (a 20 kilómetros al noreste de la capital de Túnez) tuvo en el pasado un esplendor que hoy en día se ha convertido en brumoso recuerdo. Sus ruinas, no obstante, son visita obligada para comprobar in situ lo que pudo ser, lo que fue y lo que es ahora. Cuando vemos tanta piedra y columna diseminada y tanta calzada que ya no lleva a Mapaninguna parte tan sólo nos queda pensar que Cartago, a pesar de todo, fue el centro de un imperio comercial que se extendía por toda la cuenca del Mediterráneo occidental, gobernada por una oligarquía de comerciantes. Fue el lugar donde nacieron o ejercieron su actividad personajes que dejaron huella en la Historia: Magón, padre de la Agricultura y autor de los famosos tratados de Agronomía; Hannón, marinero cartaginés que en el siglo V a. de C. llegó al Golfo de Guinea; militares de la talla de Amílcar, Aníbal y Asdrúbal; escritores como Lucio Apuleyo y Tertuliano y, por último, santos varones como San Cipriano o San Agustín.

Uno de los aspectos más cruentos de la historia de Cartago lo representa el Tofet, el santuario púnico del dios Baal Hammon y su esposa Tanit. Se sabe que en este lugar se sacrificaban niños nobles (recientes investigaciones aseguran que se trataba de niños enfermos). Los sacrificios se ofrecían a Baal Hammon y a partir del siglo V a la diosa Tanit. El sacrificio (denominado molk) era un tributo para rejuvenecer al dios, garantizando la prosperidad y fecundidad del pueblo. A veces, los sacerdotes sustituían al niño por un toro o una oveja, pretendiendo engañar así a los dioses púnicos. La consecuencia funesta es que durante el asedio de Cartago por los griegos de Agátocles (en el 310 a. de C.) los sacerdotes atribuyeron esta desgracia a la sustitución de las víctimas. Para remediarlo, se sacrificó a 500 niños escogidos entre las familias más ilustres y luego se les divinizó.

Por su situación estratégica, Cartago fue objeto de reiteradas invasiones. Sus primeros enemigos fueron los griegos y más tarde los romanos. El poder de esta colonia fue tan elevado que Catón, senador romano que se la tenía jurada a Aníbal, finalizaba siempre sus discursos con la frase Delenda est Cartago ("hay que destruir Cartago"). Tras tres guerras púnicas, fue totalmente arrasada.

Más tarde, Cartago fue reconstruida por Julio César, que la convirtió en una de las principales ciudades del Imperio Romano. Era la segunda ciudad más poblada, tras la propia capital, con un censo que según Estrabón llegaba a las 700.000 almas. Al Césarfinal, los romanos sufrieron en sus propias carnes la suerte que habían corrido sus anteriores pobladores: los vándalos de Giserico ocuparon Cartago hacia la mitad del siglo V, siendo recuperada luego por los bizantinos (533) y conquistada finalmente por los árabes (698). En fin, que si las piedras hablasen, gritarían de dolor y angustia por lo que han tenido que ver y padecer. Tal vez por eso y por decisión de la UNESCO, Cartago forma hoy parte del Patrimonio de la Humanidad.

Si visitan las Termas de Antonino, no se olviden de contemplar las deterioradas tumbas púnicas que se encuentran a la entrada (a las que casi nadie presta atención) y para los coleccionistas de hechos estúpidos, fíjense en los carteles repartidos que prohíban sacar fotos en dirección al palacio presidencial de Ben Alí, se supone que por razones de seguridad nacional. Es todo un espectáculo ver a los turistas hacer malabarismo para lograr enfocar sus objetivos al monumento de turno, sin que la media docena de soldados armados hasta los dientes sospechen que se está haciendo espionaje de alto nivel. La verdad es que se trata de pura paranoia militar, ya que lo único que se ve del palacio es parte de sus torres, con la bandera tunecina ondeando sobre ellas.

||LEYENDAS DEL ANFITEATRO DE EL JEM||

Este anfiteatro es uno de los mejor conservados del mundo (ocupa el sexto lugar en importancia después de los de Roma, Capua, Puzzoles, Verona y Cartago). Construido en el siglo III, tenía capacidad para 30.000 espectadores y a su indudable valor arqueológico hay que añadir otro aspecto: el misterio que encierra. Se trata de un lugar teñido de sangre y leyendas. En su interior ocurrió un acontecimiento trágico. En el año 238, los comerciantes protagonizaron una sangrienta revolución a causa de la subida de impuestos decretada por el tiránico emperador Maximiano, que terminó con la masacre de las tropas del recaudador de dichos impuestos. En el mismo coliseo proclamaron como emperador a Gordiano I, procónsul de África. Su reino fue efímero: duró cinco semanas en el cargo y no sólo porque fuera un anciano de 80 años. Cuando se enteró de que su hijo Gordiano el Joven había sido derrotado y muerto por Capeliano en la batalla de Cartago, se suicidó abrumado por el dolor y acosado por las tropas romanas.

Aparte de su historia, en el anfiteatro de El Jem se refugian también leyendas que circulan por sus arcadas, pasadizos y galerías. Una de ellas asegura que en el interior del circo se conserva un tesoro escondido y que la joven de El Jem que sea capaz de matar un cordero y hacer con su carne un buen cuscús y de su lana una bonita alfombra, será la elegida para encontrarlo, aunque no sepa bien en qué consiste. Si algún día albergó un tesoro, es casi seguro que hoy ya no se encuentre ahí y no porque alguna hacendosa joven haya hecho esas tareas a la perfección, sino porque durante cientos de años se han removido todas sus cavidades y mirado piedra por piedra, hasta el punto que otra leyenda afirma que las casas construidas con los bloques de piedra del milenario anfiteatro quedan a salvo de la entrada de escorpiones y serpientes venenosas, ya que tienen la virtud de alejar a estas temidas alimañas. La creencia, sea cierta o no, ha generado una rapiña continua, haciendo que el edificio se utilizara como cantera (sobre todo desde que en 1695 Mohammad Bey abriera una brecha para desalojar a unos rebeldes que se refugiaron en su interior).

Otra tradición nos habla de una legendaria reina judía y berebere, llamada Kahena, profetisa y líder de la resistencia que se opuso a la invasión árabe, para lo cual aplicó la táctica de la "tierra calcinada", quemando más de 150.000 hectáreas de olivos de El Jem. La reina (apodada por los historiadores franceses como "la Juana de Arco berebere", en un alarde de dudoso gusto) así como todos sus seguidores, se refugiaron entonces en el coliseo y los árabes lo sitiaron para forzarla a rendirse por falta de agua y víveres. La sorpresa fue mayúscula cuando sus enemigos la vieron aparecer con peces vivos. Esto sirvió para disparar aún más la hipótesis de que existía un túnel que unía el anfiteatro con el mar de Salakta. Incluso se habla de otro túnel que conduciría nada menos que a las catacumbas de Susa a través del cual se llevaban a los cristianos muertos para ser enterrados. Demasiada distancia para ser verdad. También El Jem, como Cartago, ha sido declarada patrimonio de la Humanidad.

||LOS TROGLODITAS DE MATMATA||

Hay que ir al sur de Túnez, recorrer la agreste meseta de Dahar y tomar contacto con el mundo berebere, un pueblo que fue invadido por los árabes y tuvo que refugiarse en las cimas de las montañas y, en algunos casos, en su interior.

Matmata, a unos 70 kilómetros al sur de Gabés, es sin duda una de esas etapas obligadas para cualquier viajero que quiera conocer el Túnez subterráneo, en cuyos cráteres se esconden auténticas ciudades. A primera vista parece un lugar despoblado, pero se calculan que lo habitan 6.000 bereberes (palabra que significa "extranjero") refugiados en unas 600 cuevas. Su paisaje lunar de lomas y mesetas tiene una belleza tal, que inspiró a George Lucas para rodar los exteriores de La Guerra de las Galaxias.

Las cuevas están dispuestas en círculo en torno a un pozo excavado en el terreno de unos 15 metros de diámetro y 6 de altura, en el que pueden encontrarse numerosas habitaciones y despensas. La singularidad de sus viviendas se debe a varias razones: les camuflan de miradas curiosas o de un eventual invasor y las habitaciones conservan una temperatura constante, tanto en verano como en invierno. Las mujeres hilan la lana sin rueca y tejen mantas en telares antiquísimos mientras los hombres cultivan la poca tierra fértil de los alrededores. Para los bereberes menos chapados a la antigua existe la nueva Matmata, que está a 15 kilómetros de la vieja siguiendo la carretera de Gabés.

Observé que en el dintel de la entrada de algunas de estas casas troglodíticas estaba dibujada la "mano de Fátima" a modo de amuleto protector para alejar a los malvados espíritus (jinns). Otros amuletos utilizados en Túnez para evitar el mal de ojo y atraer la suerte son el pez, el pimiento rojo y el agua de azahar.

||RUMBO A LA ISLA DE JERBA||

Un transbordador que zarpa del Jorf, tras media hora de navegación nos lleva a Jerba, una isla que ha conocido conquistas, pillajes y ejércitos invasores y que en la actualidad es un Barco remanso de paz. El viajero Michael Tomkinson escribió al llegar a la isla: "Hasta muy recientemente, cuando se preguntaba que atracciones ofrecía Jerba, la respuesta normal era: nada. No hay montañas, ríos, lagos o ciudades... Nada en realidad excepto excelentes hoteles o playas de blanca arena".

Uno de sus secretos más reveladores lo guarda la Sinagoga de Ghriba, cerca de Hara Sghira. Estamos ante el caso de una pequeña comunidad judía que convive en paz con los musulmanes, lo cual no suele ser muy común en los países árabes. Algo debe tener esta isla. Una vieja leyenda dice que la elección de este emplazamiento se debió a la circunstancia de que allí cayó una "piedra del cielo".

Sin embargo, otra -complementaria de la anterior- nos dice que en una época ignota una solitaria joven extranjera llegó de muy lejos para asentarse aquí. No quiso relacionarse y era extraña. Vivía en una jaima, oraba y meditaba. Incluso se le atribuyeron dos milagros, adquiriendo fama de santa. Un día, durante una tormenta se quemó la jaima, muriendo ella en el incendio. Lo sorprendente es que su cuerpo se salvó de las llamas, quedando intacto. Nadie podía explicar cómo. El rostro de la joven presentaba una actitud serena, con una dulce sonrisa dibujada en su boca. Una de las pocas cosas que sabían de ella era su nombre. Se llamaba Ghriba ("maravillosa") y fue enterrada en el mismo lugar donde hoy se levanta la nueva sinagoga, ya que el edificio actual que podemos ver data del año 1920. Esta sinagoga es famosa en toda África del norte y en Francia, siendo un centro de peregrinación al que llegan todos los años millares de judíos que se reúnen allí el día 33 después de la Pascua judía.

Al entrar se respira un aire de quietud con viejos rabinos rezando, Libroquienes nos invitan a descalzarnos y a ponernos sobre la cabeza un yarmulka el tradicional tocado judío. Dentro se halla una antiquísima Toráh escrita en pergamino de piel de cordero. Si el tiempo y el gentío lo permiten, reposen en sus asientos de madera, entornen los ojos y escuchen el rumor de las plegarias de los rabinos, empápense de la atmósfera embriagadora del recinto. Vale la pena.

Tiempo habrá para hablar de otras bellezas de Jerba. Ahora abandonamos esta preciosa isla que, como señalaba el escritor Enric Balasch: "Es un lugar del mundo en que la labor milenaria del Hombre ha actuado constantemente en perfecta armonía con los elementos naturales".

Jesús Callejo - "Enigmas"
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