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Santos, brujos, astrólogos y toda clase de personajes más o menos célebres dejaron sus huellas en París. Los edificios y monumentos reflejan la magia de una existencia recubierta por la pátina de la historia y de lo inexplicable. París, además de ser,
según la opinión de muchos, la ciudad más bella
del mundo, tiene también la mayor concentración de lugares
secretos y misteriosos de todas las urbes del planeta. No es una exageración.
Nuestro recorrido por el París de nuestros días podría, en realidad, empezar por cualquier parte, ya que tanto en las más recónditas callejuelas como en las modernas avenidas se puede encerrar un enigma que atraiga nuestra atención. Pero, como es necesario tomar un `punto de partida, podemos comenzar por el tercer distrito, donde se encuentra la calle Payenne. Allí, en el número 5, está la "Casa de Clotilde", llamada así porque en ella vivió Clotilde de Vaux, inspiradora y musa de Comte, el fundador de la doctrina positivista. En 1903, la iglesia positivista de Brasil compró su casa a la familia de Clotilde. Teixeira Mendes, uno de los principales discípulos brasileños de Comte, decidió transformar el edificio en un "resumen cultural de la Religión de la Humanidad" y levantó en su interior una "Capilla de la Humanidad", reproducción fiel, en escala reducida, del templo de la Humanidad que había concebido y descrito Augusto Comte. Tras algunas ceremonias iniciales en 1905, jamás se volvió a celebrar ninguna otra liturgia en aquella capilla. Hoy, la primera planta está prohibida al público e incluso se piensa que Clotilde pudo no haber vivido en aquel edificio, y sí en el del número 7 de la misma calle...
No hay que confundir el nombre de esta calle con la de la Tour Saint Jacques. Para llegar a ella es preciso cambiar de distrito y llegar hasta un pequeño barrio comprendido entre la Avenida Victoria y la calle Rívoli. Esta torre es el único vestigio que queda de la iglesia de Saint Jacques la Boucherie, cuyo pórtico fue mandado construir por el célebre alquimista y ocultista Nicolas Flammel, de quien decían sus contemporáneos que obtuvo grandes cantidades de oro mediante procedimientos alquímicos de transmutación. Los misterios del Oriente también tienen su representación en la Ciudad Luz. En el Bosque de Vincennes se ubica el "Instituto Budista Internacional de París", dentro del antiguo pabellón de Camerún, que fue construido para la exposición colonial de 1931. En su interior hay un gran Buda de 9 metros de altura recubierto de oro, conocido como el "Buda de París". Desde 1984 el Instituto posee un templo tibetano. Un bello grupo escultórico de Tarao Yazaki representa a varios peregrinos Zen. Para conocer el Instituto hay que concertar las visitas con antelación. Otro recorrido nos lleva hasta un viejo edificio, el número 5 de la calle Ancienne-Comédie, donde nació en 1810 y vivió uno de los mayores magos modernos, Alphonse-Louis Constant, más conocido como Eliphas Levi, autor, entre otras obras, de Dogma y ritual de alta magia y La llave de los grandes misterios. Levi, que en su juventud se ordenó como diácono, aunque luego le expulsaron del seminario, fue un gran cabalista y dio un impulso decisivo al movimiento ocultista europeo, originando la restauración de antiguas órdenes místicas y el resurgimiento de las ciencias esotéricas en Francia. ||LAS ENTRAÑAS DE PARÍS|| Mientras por las calles deambula un
gran número de visitantes de museos y monumentos, a 22 metros
de profundidad, donde la luz no alcanza a filtrarse, hay un mundo
inhóspito y tenebroso. Son las entrañas de París,
una maraña de subterráneos de 300 kilómetros
de longitud que abarca la casi totalidad de los 20 distritos de la
ciudad. Cuevas, criptas, alcantarillas y catacumbas se interconectan
a lo largo y ancho de la capital, formando una extensa telaraña
a la que tan sólo unos pocos tienen acceso. Desde esta plaza de Denfert-Rochereau parten las ramificaciones del osario, donde han ido a parar los esqueletos de los cementerios del París de finales del s. XVIII, desbordados tras diez siglos de servicios. Seis millones de difuntos ocupan esta superficie de 11.000 metros cuadrados y 30 kilómetros de galerías, delimitada en el exterior por las calles Hallé, Dareau, René-Coty y Alembert. ||BRUJOS Y DIABLOS|| ¿Se puede esconder un diablo
en una botella? En el número 54 de la calle Manzarine vivía
en el s. XVIII Alexandre Berbiguier de Terre-Neuve du Thym. Según
narra él mismo en su autobiografía, este medio-brujo
tenía su propio método para acorralar a los demonios
y duendes que perturbaban su sueño: bastaba echar humo de tabaco
a los ojos de las criaturillas que, de inmediato, caían atontadas.
Luego las metía en botellas con vinagre y pimienta selladas
con "cera de España". Cuenta la leyenda que la gárgola era un dragón que devastaba continuamente un bosque de los alrededores de Rouen. En el año 520, san Román, arzobispo de la ciudad, decidió poner fin a sus correrías y consiguió amansar a la fiera hasta llevarla a la ciudad, donde fue quemada. Lo cierto es que, bajo el nombre de gárgolas, numerosos monstruos pueblan hoy en días las alturas de Notre-Dame. Ubicada en el distrito 1 de la ciudad, el más clásico y elegante, esta grandiosa construcción está situada en la place du Parvis, donde se encuentra el kilómetro cero de las carreteras nacionales de Francia. Cabe señalar que delante del pórtico derecho se citaban los alquimistas del Medievo y que, desde lo alto de la décima galería, un extraño e inquietante personaje, ataviado con el gorro frigio de los misterios de Eleusis, observa en silencio la escena. Nadie parecía perturbarse ante su presencia, porque era una estatua de piedra: el alquimista de Notre-Dame, representación de los elegidos capaces de descifrar los arcanos de la verdadera ciencia. Pero hay más hechos insólitos relacionados con Notre-Dame. En 1711 se descubrieron, bajo dos gruesos muros, numerosos bloques adornados con bajorrelieves e inscripciones que despertaron la curiosidad de los sabios de la época. En esos bloques hay figuras de diferentes dioses (Marte, Minerva, Apolo, Mercurio, Diana...) y parece que formaron parte de un monumento votivo perteneciente a Júpiter, rematado por una estatua de este dios y erigido en el s. I de nuestra era. En la calle Saint-Martin se encuentra la iglesia de Saint-Martin-des-Champs, erigida en torno al año 1000 como conmemoración de un milagro llevado a cabo por este santo: la curación de un leproso. Pero es otra iglesia, la de Saint-Merri, que está en esta misma calle, la que más puede atraer la atención del buscador de lo insólito. En el extremo de la ojiva del pórtico central hay una pieza esculpida, de 30 centímetros de altura, representando a un demonio. La figura, que tiene dos cuernos en la frente, un rostro barbudo, dos senos femeninos, un pene erecto, dos alas semirreplegadas tras él y las rodillas cruzadas, ha hecho pensar a numerosos ocultistas que se trata de una representación del Baphomet adorado por los templarios en el transcurso de unos rituales que trajeron de Asia Menor. La cercanía de un edificio perteneciente a los Caballeros del Temple muy cerca de la iglesia de Saint-Merri podría confirmar la veracidad de la hipótesis que mantienen que dicho templo fue considerado como un lugar lleno de implicaciones ocultistas. Pero además de este París de las gárgolas, los dioses y los símbolos templarios, hay otro, el del Terror, para entrar en cuyo corazón es imprescindible acercarse al nº 9 de la calle Cour-du-Commerce-Saint-André-des-Arts, donde Monsieur Guillotin hizo construir en 1792 la máquina de matar que lleva su nombre. Hoy, ajenos a este acontecimiento, los clientes del pub Saint Germain consumen sus bebidas sin saber que en ese mismo enclave se llevó a cabo el macabro invento de la guillotina. Ya no queda nada de aquella casa; tan sólo una placa rememora esta fecha histórica, pero en la misma calle se encuentra el café más antiguo del mundo, el Procope, y también una de las torres que formó parte de las antiguas murallas de la ciudad. ||EL OBELISCO Y EL PÉNDULO DE FOUCOULT|| Una de las plazas más famosas
de París es la de La Concorde o Concordia. Construida entre
1754 y 1763, fue el lugar donde se cortaron 1119 cabezas humanas durante
la Revolución Francesa. Allí también se yergue,
desde 1836, el majestuoso obelisco egipcio traído de Luxor,
que fue regalado a los franceses por el gobernante egipcio Mehmet-Ali.
El monumento, de granito rosa y erigido sobre una base de 1,70 metros,
pesa 250 toneladas y mide 23,39 metros de altura. Sus cuatro costados
están recubiertos de jeroglíficos que narran las hazañas
de Ramsés II y de Ramsés III. Otro de los más célebres monumentos parisinos es el Arco de Triunfo, sito en la plaza Charles de Gaulle-Étoile. Fue proyectado por Napoleón I para glorificar al ejército de su país y se inauguró el 29 de julio de 1836. Mide casi 50 metros de altura y 44 metros de longitud. Es el más grande del mundo, seguido del arco de Constantino, en Roma (24 metros de altura). Desde 1923 oscila en su cima una llama eterna como homenaje a los soldados franceses caídos en combate. Algunas interpretaciones esotéricas quieren ver en esta llama una representación del dios solar Mithra. Del Arco irradian doce avenidas planificadas por Napoleón III: son los 12 signos del Zodiaco.
||ISIS EN LA BASTILLA|| Cerca de uno de los costados del Museo
de Louvre se encuentra la iglesia de Saint-Germain l´Auxerrois,
erigida en el siglo VII en homenaje a este santo que se destacó
por su lucha contra las herejías en Inglaterra. Sobre ella
se construyó un nuevo templo en el siglo XIII para dar cobijo
a las reliquias del santo, además de al cuerpo de san Landry,
obispo de París, y a algunas vértebras y dientes de
san Vulfran. Pero lo más interesante de esta iglesia es su
fantástico bestiario de piedra. Grifos, monos, perros, gárgolas
y otras bestias se asoman por cualquier rincón. La figura más
bella y enigmática es la de "María la Egipcia",
una especie de Eva con largos cabellos hasta las rodillas que tapan
su desnudez. Se dice que en el s. XV había en este templo una representación de Isis que era venerada como si se tratara de una más de las numerosas vírgenes negras que jalonaban el territorio francés, lo que no haría más que reafirmar las relaciones que se habían establecido en la antigüedad entre esta deidad egipcia y la Ciudad de la Luz. En el siglo XVII sucedieron muchos milagros en esta iglesia. Uno de los monjes, Atanasio de Mongin, desarrolló dones proféticos y levitaba al entrar en éxtasis. Otro monje, Plácido Porcheron, que murió en 1694, estaba oficiando una misa cuando la hostia, en el momento de la consagración, se elevó en el aire y permaneció ardiendo y despidiendo llamas durante más de una hora. Otra de las pequeñas sorpresas que nos depara cualquier rincón de esta ciudad fabulosa: paseando por la calle Vieille du Temple nos encontramos con una fantástica cabeza magníficamente tallada en madera e incrustada en un inmenso portal. Su rostro añejo exhibe a su alrededor varias serpientes entrelazadas y contempla impertérrita al viandante, mientras saca su lengua en señal de burla o, tal vez, de misteriosa salutación. M. Llor/P. Villarrubia |