La Alhambra


"Toda nuestra vida ha sido una búsqueda de lo inesperado, de lo desconocido, y sobre todo de la libertad. La búsqueda de ese tesoro escondido al pie del arco iris, y poco importa si no lo hemos encontrado; buscándolo hemos hecho de nuestra vida la más bella de las aventuras"
(Martin Johnson, del prólogo de su libro A través de la selva africana, 1935).

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No es fácil comprender con los ojos toda la inmensidad de la Alhambra. Su lenguaje, cargado de símbolos, hace del gran palacio árabe un lugar para ver y entender. Jardines, agua y piedras, eso es la Alhambra. En lo alto de un gran Vista de la Alhambracerro, con bosques rodeándola, y hasta un pequeño río -el Darro-; con una ciudad que la contempla, con el sol sujeto a sus almenas y la noche silbando el rumor de una de las más bellas historias que ha podido imaginar el hombre.

Su nombre es el principio de las mil y una dudas que se han clavado en sus entrañas. Algunos dicen que es una mala transposición al castellano, y que en árabe significaba rojo o rojez, haciendo referencia al color de sus muros. Otros hablan de la roja, no por su fachada, que en época andalusí dicen que era blanca -encalada-, sino por los cientos de antorchas y hogueras que se prendieron bajo sus muros mientras se construía, lo que daba a la Alhambra una apariencia colorada cuando se la contemplaba desde lejos.

La ciudad amurallada ya tiene nombre. Ahora queda saber si su belleza e historia hacen honor a su leyenda, la que habla de un lugar inexpugnable donde el agua brotaba no se sabe muy bien de dónde.

||LA MANO Y LA LLAVE||

Una de las leyendas más hermosas de la Alhambra es la de la Puerta de la Justicia. Allí, tras el largo camino que conduce hasta una de las entradas, se sitúa uno de los baluartes de la defensa del palacio. En su puerta, en el medio, a una altura superior a la que puede alcanzar el hombre, se encuentra un símbolo: una mano. En el reverso, en la otra cara de la puerta, un segundo símbolo: una llave. ¿Qué son? ¿Qué representan? Hay varías teorías. La leyenda, convertida aquí en interpretación, dice que el hombre que fuera capaz de tocar la mano con su lanza -sin soltarla- se quedaría la Alhambra y sus tesoros. Sólo un gigante podría conseguir tal cometido, por lo que el palacio quedaría siempre a salvo.

Sin embargo, una segunda historia habla de una metáfora de poder. La mano y la llave. Juntas, una forma de abrir la puerta. Dicen que los árabes pensaron que cuando la mano y la llave se juntaran, la fortaleza se habría perdido y llegaría el fin del mundo. Es algo más que una metáfora. La llave y la mano sólo podrían juntarse si un enemigo lo suficientemente poderoso -algo que los musulmanes no vislumbraban entonces- era capaz de tirar los muros. Entonces, ya hecha añicos la puerta, los dos símbolos se tocarían en el suelo. La Alhambra estaría entonces en manos del enemigo.

Pero hay más, la llave es un símbolo de la fe musulmana. Un poder que permite abrir y cerrar las puertas del cielo. De Llavehecho, aparece en diversos blasones de los árabes andaluces. Un recuerdo de aquella montaña que abrieron para entrar en la península: Gibraltar. Debió de ser un símbolo importante para quien ideó la Alhambra, porque se grabó en todas las puertas del palacio.

Sobre la mano, la versión que dan en la guía oficial es que simboliza la perfección: los cinco preceptos de la ley musulmana. Una defensa poderosa contra el enemigo infiel. Los cronistas dicen que todas las mujeres moras de Granada llevaban este símbolo como talismán.

Más arriba, tras la puerta del Vino, está la Alcazaba. Una impresionante fortaleza militar en la que se levantaron las torres de "la Vela" y "del Homenaje". Desde ambas, las vistas del Albayzín, el recinto amurallado y Granada son espectaculares. En frente, está el mirador del moro. La leyenda dice que Boabdil, último rey moro de Granada, se sentó en una pequeña colina que hay frente al recinto y desde allí contempló como la gran fortaleza era ocupada por los Reyes Catolicos. Empezaba una nueva historia para la Alhambra, la de un palacio renacentista mandado construir por Carlos V, y una mezcla de simbología cristiana que se hacía hueco en el recinto. En medio de todo aquello, sobrevivió sin apenas alterarse la zona de los palacios nazaríes. Realmente allí da la sensación de que los musulmanes recrearon el paraíso en la Tierra.

No hablaré de todas las estancias de los palacios. Sólo mencionar que se deben recorrer despacio, leyendo la información de que disponga el visitante e intentando fijar la vista en los detalles, que hay muchos. En algunas de sus paredes está escrito este mensaje: "Sólo Dios es vencedor". Lo escribió Ben-Al-Hamar, y es lema también del escudo nazarí.

De todas las historias y símbolos de la zona palaciega, la historia de la fuente de sangre, y el hermoso cielo de la torre de Comares, son quizá las más llamativas.

||LA SANGRE Y EL CIELO||

La Sala de los Abencerrajes esconde en su fuente oxidada la huella de un pasado de sangre y odio. Dicen que el tono rojizo, que aún hoy se puede contemplar en la fuente que hay en la estancia, son restos de la sangre de 37 caballeros abencerrajes que fueron asesinados allí. Algunos dicen que fue Mohammed X el que ordenó que se degollara a estos hombres, pero no hay una certeza absoluta de quien fue el monarca que ordenó tales homicidios. Sí parece que fueron conspiraciones palaciegas, de las muchas que hubo en la Alhambra, las que impulsaron a cometer un asesinato múltiple que descabezó el intento de acabar con el entonces dueño del palacio.

La Torre de Comares, bajo la que se encuentra el salón del mismo nombre, es, de todas las estancias de la Alhambra, la que más simbolismo esconde. El techo es una bella, muy bella, representación del Universo. Madera trabajada en diferentes colores, en un lugar en el que la poca luz da forma a todas las sombras. Siete cielos -representaciones de estrellas por figuras geométricas que se repiten- que se superponen hasta llegar al centro, a la perfección, al escabel, en el que el Corán dice que reposa Dios-Alláh. Aparece el siete, por tanto, número simbólico de cualquier cultura, también la musulmana. Pero los expertos explican más. El salón se convierte en aquel lenguaje encriptado, en la legítimización del soberano, del representante de Dios en la Tierra. De hecho, este era el salón de un trono que estaba situado justo en el centro, debajo del escabel divino.

Pero en el cielo de la sala también se marcan cuatro diagonales que representan los cuatro ríos del paraíso y el árbol del mundo -símbolo árabe que une el cielo y la tierra-. Igual, desde lo más alto se baja a lo terrenal, al hombre.

El zodiaco parece estar presente en este enigmático y espectacular lugar. Hay nueve alcobas a sus lados, más tres que no se construyeron por comunicarse con la sala de la Baraka. En total, doce. Una referencia a las casas zodiacales y al séptimo cielo. Un símbolo más de un lugar en el que parece que alguien soñó que se podía esconder lo eterno.

Francisco J.B. Manzano - "Enigmas"

 

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